Sida y políticas públicas

En julio de 2014 (vol. 343, no. 6193) se publicó en la revista Science un artículo (“First, do harm reduction”) sobre los diversos programas que existen actualmente en Australia para prevenir el contagio del Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) entre los usuarios de drogas inyectables.
Como sabemos, el VIH es el causante del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA), que es diagnosticado cuando un paciente portador del VIH presenta un conteo muy bajo de linfocitos, lo que ocasiona que su sistema inmune no pueda combatir las enfermedades como lo haría un sistema sano, y deja expuesto al individuo a la adquisición de una gran variedad de padecimientos, en especial infecciones provocadas por microorganismos como virus, bacterias, protozoarios y hongos, así como a varios tipos de cánceres.
En la década de los años 80 del siglo XX, se pensaba que el VIH era transmitido principalmente por el contacto sexual hombre-hombre, pero en 1985, al aplicar la recién elaborada prueba de detección del VIH a personas en tratamiento por adicciones a la heroína y otras drogas inyectables, los expertos del Hospital Saint Vincent en Australia detectaron que 4 de cada 6 usuarios eran portadores del VIH. En ese momento se hizo evidente que la práctica común entre los adictos de compartir jeringas era un riesgo para la salud pública. El director emérito de servicios de drogas y alcohol del Hospital, Alex Wodak, recuerda —como señala el artículo— que se dio cuenta de que tenía que hacer algo rápido y eficaz para disminuir el riesgo de contagio entre los adictos, y entonces tomó la decisión drástica, en 1986, —en contra de la legislación australiana— de comenzar un programa de repartición e intercambio de jeringas, para que los adictos pudieran inyectarse sin riesgo de contraer el virus. Pronto Wodak fue llamado a comparecer ante las autoridades, y tras explicar la rapidez con la que la enfermedad se estaba propagando gracias a las malas prácticas de los usuarios, la policía decidió no presentar cargos.
Para 1987, el gobierno comenzó a respaldar el programa iniciado por Wodak y, como resultado, el porcentaje de adictos portadores del VIH se redujo de 66.66% en 1985 a sólo 0.48% en 2012. Hoy existen más de 3 mil sitios de distribución en los que se entregan alrededor de 30 millones de agujas y jeringas cada año, e incluso hay centros abalados por el gobierno donde los adictos pueden inyectarse drogas con equipo limpio y bajo supervisión médica sin ser criminalizados.
El caso australiano evidencia que políticas que parecen contradictorias, como el repartir jeringas a drogadictos, tienen sentido si se trata de detener una epidemia tan mortal como la del SIDA. El uso de drogas es, sin duda, un problema de salud pública que genera consecuencias graves para la salud de los usuarios y que además no se limitan a la población donde se encuentran las malas prácticas, ya que éstos pueden contagiar a otras personas mediante mecanismos diferentes, como el contacto sexual sin protección. Además, demuestra que el costo de ignorar el problema es mayor que el de trabajar para prevenirlo. Si bien es cierto que se ha demostrado que hoy en día es posible vivir con VIH, se considera una condición crónica que debe ser tratada lo antes posible para extender la salud del paciente y mejorar su calidad de vida.
Una sociedad informada puede actuar con mayor eficacia en la detección y resolución de problemas. Los maestros en especial podemos contribuir a disminuir los casos de esta enfermedad informando a nuestros alumnos sobre las características del VIH, el SIDA, y sus diferentes formas de contagio. Además de las relaciones sexuales sin protección y el contagio por compartir equipo médico no esterilizado, está la transmisión de madre a hijo(a) durante el embarazo y la lactancia, que se puede evitar con un tratamiento para la embarazada. A los profesores de educación media y media superior interesados en abordar el tema con sus estudiantes les recomiendo la guía para maestros “Y tú, ¿qué tanto sabes del SIDA?”, de la Revista ¿Cómo ves?, que está disponible de manera gratuita en: (http://www.comoves.unam.mx/assets/revista/3/guiadelmaestro_3.pdf ).

Por Rosaura Ruiz
Directora de la Facultad de Ciencias de la UNAM
EL UNIVERSAL

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