Sin tentarse el corazón: La Feria

SR. LÓPEZ

La prima Olivia (de las de Toluca) fue siempre dócil y dulce de carácter. Se puso de novia de un tal Óscar que estudiaba Medicina y cuando terminó la carrera, pidió su mano. Se la negaron: no tenía ‘qué ofrecer’. A mediados de los años 50s del siglo pasado todavía se estilaba así. El novio terminó la especialidad en Pediatría y volvió a pedir la deseada extremidad: los papás de Olivia dijeron que lo iban a pensar. Ya a solas con ellos, Olivia preguntó cuánto tiempo lo ‘iban a pensar’, porque ella tenía nueve años de noviazgo y con y sin permiso, se iba a casar. Indignados, le dijeron que al día siguiente tendría respuesta. Sus papás la vieron en su recámara, empacando una maleta, canturreando. A la mañana siguiente, tempranito, maleta en mano, Olivia les dijo: -¿Sí o no? –su papá ya bravo, respondió que no le aceptaba ‘esa actitud’. A la boda no fueron; la volvieron a ver al año, cuando nació su primer hijo de los cinco que tuvo con Óscar. La familia entera se carcajeaba de ellos a sus espaldas. Olivia también.

El próximo domingo nuestro presidente presentará el plan de rescate económico del país, que era necesario sin pandemia, pero por el Covid 19, es de extrema urgencia, con la ventaja -para él- de no sentirse humillado y en una de esas, hasta imaginando que el peladaje (todos nosotros), lo veremos como a nuestro resucitado Chapulín Colorado, ‘más ágil que una tortuga, más fuerte que un ratón, más noble que una lechuga, su escudo es el corazón’, como presentaban en la tele al raquítico súper héroe nacional (digo, ¡un chapulín!… puestos a inventar, los yanquis hicieron a Superman, no es por darle un disgusto).

Pero, seamos pacientes, de aquí al domingo no falta nada. Nosotros los tenochcas simplex, esperemos grandes sorpresas (en una de esas no leeremos el recibo de la ‘luz’ con los mismos nervios del que se hizo la prueba del sida), pero los empresarios, esos, que se preparen para recibir un mazaso del Chipote Chillón (arma favorita del Chapulín, como todos sabemos), pues ayer en su mañanera, nuestro Presidente insistió en que no habrá rescate de empresas ni condonación de impuestos, pues, según dijo:

“Si decimos que no se pague el impuesto sobre la renta o que se reduzca, ¿qué va a significar eso?, menos ingresos, menos recaudación, ¿y de dónde vamos a sacar para darle a los adultos mayores, para darle a las niñas, los niños con discapacidad, para darle a los campesinos, para otorgar créditos a las pequeñas empresas familiares?…” (¿y los 500 mil millones, ‘apá?).

Bueno… sí contábamos con su astucia, él es el que no cuenta con la realidad. No se trata de rescatar empresas sino de impedir el hundimiento de la economía nacional y una masiva pérdida de empleos; además, los empresarios no han pedido ni condonación ni reducción del impuesto sobre la renta, pero eso es lo de menos, por lo visto, lo principal es sostener la división, mantener que hay dos clases de mexicanos: ¡en esta esquina!, ‘el pueblo bueno’; ¡en esta otra! ‘el capital’… los rudos, los malos, los abusivos, los fifís, los conservadores, saqueadores, cómplices de la mafia del poder. Y luego pide ‘tregua’.

Bueno, muy su manera de pensar. Lo malo es que con y sin permiso, el pago de impuestos se va a reducir y a diferir… y el gobierno no va a poder corretear a millones de empresarios. Lo sensato sería darles un respiro, pero la sensatez y el barril del petróleo andan por los suelos en estos tiempos modelo 4T.

La gente en edad de trabajar suma casi 60 millones (Población Económicamente Activa, PEA). Según Inegi, el 4.9% son ‘empleadores’ (patrones), y 68.3% son trabajadores subordinados y remunerados (el resto se las ingenian por su cuenta como pueden, vendiendo chucherías; en los cruceros limpiando parabrisas, tragando lumbre y otras actividades productivas que no le pienso decir, no va uno a dar ideas).

Si el Presidente está decidido a darle una lección a los casi tres millones de pérfidos patrones de todos tamaños, está bien; pero la lección inolvidable se la van a llevar los casi 41 millones de empleados, porque si los vampiros ‘chupeteadores’ (diría Palillo, si alguien recuerda quién fue), si los explotadores capitalistas quiebran o cierran nomás por moler, algunos millones de alegres connacionales se van a quedar sin trabajo, sin sueldo, sin nada.

Por cierto, en México hay más o menos 4.2 millones de empresas; el 10% son grandes empresas, y solo ese 10% aporta el 58% del PIB (Producto Interno bruto). Dejarlos a su suerte en plena tormenta es soltar el timón, dejar las velas desplegadas, propiciar el hundimiento.

Nadie en sus cabales dice que el Presidente se aviente otro Fobaproa; pero nadie en sus cabales puede dejar de lado 41 millones de empleados, ni el 58% del PIB. Hay por ahí gente muy preparada con ideas que valdría la pena meditar, por ejemplo, don Raúl Feliz, quien sugiere que el apoyo del gobierno sea a cambio de acciones de las empresas para recuperar el monto del apoyo cuando se recompongan las empresas. Es una idea.

Por si no lo sabe el presidente que por favor, por favorcito, alguien de sus confianzas le advierta: este domingo se juega todo: si continúa con su necia idea de que para ayudar a los de hasta abajo, debe dejar a los empresarios a rascarse con sus uñas, los más perjudicados serán los de abajo y no hay dinero que alcance para mantenerlos. Los empresarios, chocantes y sangrones, alzados y soberbios… y de los otros que también hay muchos, son necesarios.

La crisis económica la precipitó el Covid 19… virus que provocó el parto prematuro de lo que ya incubaba el país gracias a tanta metida de pata, a tanta necedad. A muchos nos disgusta lo que anteriores gobiernos hicieron, pero la solución no era con hacha, sino con bisturí. Ahora, el Presidente tiene una oportunidad que -se lo aseguro-, va a desaprovechar.

Otro ‘detallito’ es que de nuestras empresas, el 28% son transnacionales, extranjeras… y esas, a la hora de las vaciladas, nomás se largan sin tentarse el corazón.

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