Tenerla enfrente: La Feria

SR.LÓPEZ

La abuela materna, Virgen, la de los siete embarazos, la materno-toluqueña, bien sabe usted, rezaba todo el día, cocinaba como la Santísima Trinidad, todos la queríamos mucho, pero eso no atenuaba su cortedad de entendederas (era tontita, pues). Siendo así, se preocupaba mucho por naderías o era muy optimista en asuntos perdidos. En particular la angustiaba que Pepe, el más impresentable primo que tenerse pueda, su sobrino nieto, era cliente seguro de los ‘reapretadísmos infiernos’ (así decía), por sus andanzas y las noticias que le llegaban a la santa anciana. Enterado Pepe que la abuela había iniciado una novena de rosarios con todas las viejas de la familia por su ‘conversión’, la fue a ver para decirle que la quería llevar a misa todos los domingos (solo fue uno), muy pío tomó la sagrada comunión (se astillaron los vitrales, casi se rasga el velo del templo), y la abuela Virgen pasó como por ensalmo al más invencible optimismo: la virgencita de Guadalupe le había concedido su ruego. Después, le contaran lo que le contaran, respondía muy convencida: -¡Mentiras! yo misma lo vi comulgar -¡amén!

Al analizar, comentar y señalar las pifias del poder de turno en esta nuestra risueña patria, sin darse uno cuenta, induce el contagio del terrible virus del  pesimismo, que no es mortal pero causa agruras, ansiedad y predisposición a externar sonoramente las consecuencias del síndrome de Tourette o coprolalia (incluye mentadas de madre, con perdón de usted). Intentemos un ejercicio de equilibrio. Primero lo primero:

Son múltiples las promesas evidentemente imposibles de cumplir por parte de quien encabeza el unipersonal Poder Ejecutivo mexicano. Aparte de eso, son frecuentes sus desfachatadas mentiras que más nos vale sepa que lo son, pues en caso contrario estaríamos ante un claro caso de alteración del sistema nervioso central, trastorno de personalidad antisocial, síndrome de Pinocho o cualquier otra variante de la mitomanía… y francamente, mejor un mentiroso que un loco (con la ventaja invaluable, ¡hay un Dios!), de que éste miente mal, no como los políticos de pelo en pecho de antes, que mentían con maestría y los cachaba uno hasta terminado su periodo o ya fiambres.

En el mismo sentido, éste gobierno, bajo la única autoridad de quien lo preside, como ordena nuestra Constitución, hace alarde de su terquedad infinita, distintivo del sexenio, pero terquedad en serio, tan contumaz que es imposible considerarla tenacidad y queda en manifiesta necedad, genuina necedad: lo hecho o dicho por un necio, por un zoquete, pues necio es según el diccionario de nuestra lengua (no se aceptan reclamaciones), el falto de inteligencia o de razón, el ignorante, el que no sabe lo que podía o debía saber (ojo: ‘debía’). Y no se piense que este menda aventura irresponsablemente hipótesis o prejuicios, ahí están frente a nuestras narices varias decisiones rutilantemente equivocadas, entre otras: clausurar un aeropuerto en construcción para hacer otro que todas las autoridad aeronáuticas internacionales desaprueban por inviable; construir una refinería con defectos que aconsejan su cancelación, detallados en su momento por el propio Instituto Mexicano del Petróleo, que es del gobierno (creado en 1965); pero, ¡nada!, se hace porque se hace, porque ‘me canso ganso (por cierto, busque en el diccionario ‘ganso’: ave palmípeda (…) persona tarda, perezosa, descuidada, malcriada, torpe, incapaz; y ‘gansada’… “hecho o dicho necios o poco serios”… ¡maldito diccionario!, mamotreto conservador, fifí, enemigo de nuestro Redentor autodesignado).

Adorna su manera de ejercer la presidencia nuestro transformador (redentor), con una tendencia monárquica insolente (el Rey Sol aplaude desde el séptimo círculo del Infierno; Dante abre la boca con asombro): lo incomoda la soberanía de los otros dos poderes, le molesta la existencia de los órganos autónomos, en especial la del INE.

Todo lo anterior puede disparar la señal de emergencia patria o propiciar un asalto de pesimismo; sin embargo, se debe reflexionar en hechos consumados que neutralizan la acidez estomacal y regularizan la presión arterial:

La Suprema Corte no se ha dejado mangonear y ha emitido sentencias que ratifican eso que escribió Alfredo Le Pera para Carlitos Gardel (‘Volvió una noche’, tango de 1935, como bien recuerda usted): las horas que pasan ya no vuelven más, el viejo pasado ya no se puede resucitar. El Banco de México ve al Presidente como Dios a los conejos y no ha alterado las decisiones de su Junta de Gobierno, a contrapelo de los deseos presidenciales. El Senado -letra y música de Ricardo Monreal, morenista monrealista-, le dio vuelta de campana al proyecto presidencial de Ley de Consulta para la Revocación de Mandato y emitió otra, del todo lejana a la inconfesable tentación del Presidente de incorporarse al proceso electoral de 2021. La Cámara de Diputados -¡Delgado!- no solo acaba de dejar pendientes y fuera del periodo extraordinario de sesiones, las propuestas de nuestro Mesías y Salvador, sino que en la designación de los nuevos consejeros del INE, se condujo con pulcritud, asunto en que el Tribunal Federal Electoral, al requinto, mandó al basurero las impugnaciones de los impugnadores… y eso por no mencionar que los órganos autónomos están dando la batalla y no se afligen ni le aflojan ante los embates del Titular del Poder Ejecutivo federal.

Sume a lo anterior que los medios de comunicación no se intimidan y siguen informando, analizando y criticando, que es parte de su función social ante el país: enfrentar al gobierno, éste, los anteriores y los que vengan, como sano o insano contrapeso a cualquier tentación de ejercerlo como el poder imperial de tiempos ya idos, bendita la hora.

Para salpimentar la ensalada, la iniciativa privada tampoco ha doblado los lomos para sorpresa de un Presidente que sabía lo que es el Poder, por chismes y consejas. Sí, damas y caballeros, no es lo mismo hablar de ella que tenerla enfrente.

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