Tiempo litúrgico: La Feria

SR. LÓPEZ

La prima Edu (Eduviges, ni modo de decirle así), del lado paterno-autleco, era un Muro de las Lamentaciones ambulante. Se quejaba de todo: de que su papás no la habían querido, que sus hermanos nunca la comprendieron… y así, conocidos, vecinos, compañeros de trabajo y exnovios (ella solo tenía exnovios). Una tarde la abuela Elena ‘estaba en Michel’ (su apellido paterno, gente brava y de pocas pulgas), y oyéndola lamentar su triste vida, le dijo: -Deja de quejarte y piensa en cambiar tú… nadie tiene tanta mala suerte –y luego, Edu también se quejaba de la abuela. Ni modo.

Como bien sabe usted, al hablar de los asuntos nacionales está de moda hacer citas evangélicas, no muy exactas, por cierto, pero hay que entender la dificultad de pasar del griego koiné, al latín, y de él al español-macuspanense. Hay gente a la que le molestan los fervorines presidenciales, sin caer en cuenta en la utilidad que pueden tener a la hora de navegar en el tempestuoso océano de las babas presidenciales, de corrientes encontradas y remolinos que parecen insalvables.

Tomemos al azar, sin ninguna intención, la frase “por sus frutos los conoceréis” (Mateo, 7-20), pero completa, porque empieza cinco versículos atrás, diciendo: “Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis”.

Si no entiende mal este menda -ni lo influencia su fifí subconsciente-, eso de los ‘frutos’ es la clave para distinguir los falsos redentores-mesías-transformadores, de los verdaderos próceres que merecen un altar de la patria.

Tomando en cuenta que el actual Presidente no tiene ni dos años en el cargo, veamos algunos de sus frutos:

  1. División de los mexicanos en dos bandos enfrentados: el ‘pueblo bueno’ por un lado, que rinde perpetua alabanza al Presidente y le aprueba y festeja lo que sea que diga y haga; y por el otro lado, todos (bajo diferentes etiquetas: fifís, conservadores, corruptos, amigos de la mafia del poder, prensa vendida aunque ahora no esté vendida, pero estuvo, así qué, ‘¡ad ínferos!’, señoritingos, etc.). No se confunda: cualquiera que no apruebe y apoye lo que sea que diga y haga el Presidente, es de esos ‘todos’, no del ‘pueblo bueno’.
  2. Protestas crecientes de esos que son ‘pueblo malo’ (si hay ‘bueno’, hay ‘malo’; parece que no hay ‘pueblo neutro’). Efectivamente, antes de completar dos años de ‘gobierno’, el Presidente se las ha ingeniado para que en 115 ciudades del país y en todas sus últimas giras, ya haya habido marchas y plantones de protesta, todas organizadas por los que él llama adversarios (sin pensar que adversario es sinónimo de enemigo), nostálgicos de la corrupción, según nos explica el Ejecutivo; gente fea de esa que no lo quiere nomás por gacha. Además, batiendo todos los récords, ha conseguido que se formen al menos dos organizaciones nacionales que se oponen a él -los de FRENAA y los de Sí por México-, lo que él interpreta como señal de lo bien que va y de lo ingratos que son los que no piensan como él, pues aunque se pueda pensar, es a condición de darle la razón siempre, que esa es la democracia modelo 4T. Y se solicita no olvidar la lealtad ciega que exige.
  3. Acusaciones y reclamos de empresarios extranjeros (en su cena en la Casa Blanca, lo bañaron delante del Trump), y ahora, como no había pasado con ningún Presidente (ni con Cárdenas), un nutrido grupo de legisladores del Congreso yanqui, le pide al Presidente de allá que meta en cintura al de acá. La ingratitud es más contagiosa que el Covid-19 o algo ha hecho nuestro Presidente para que le paguen así.
  4. Desaprobación demandas y reproches de científicos, artistas, deportistas, escritores, intelectuales, periodistas, mamás de niños con cáncer, mujeres violadas y humilladas… y un largo etc. que ratifica el dicho presidencial: hay mucho fifí. ¡Qué vía crucis el del mártir de Palacio!

Sin espacio para mencionar otros frutos, solo recapacitemos en el siguiente:

  1. Diez gobernadores han formado la ‘Alianza Federalista’, frente común en defensa de la dignidad y la soberanía (y de los presupuestos de sus entidades). Esto no se había visto nunca desde el fin de la Revolución. No es cosa menor, Aguascalientes, Chihuahua, Coahuila, Colima, Durango, Guanajuato, Jalisco, Michoacán, Nuevo León y Tamaulipas, le plantan cara al Presidente y él, siempre conciliador, les responde: “No les debemos nada, absolutamente nada”.

Tengan o no razón esos gobernadores, está de pensarse que por puro ‘sport’, un día hayan intercambiado telefonazos: -¿Oye, y qué tal que nos peleamos con el Presidente?… -¡Buena idea!… No, esto empezó por la negativa presidencial a oírlos, a recibirlos.

Y uno, tenochca simplex, sin más información que la de la prensa, se queda pensando: ¿no sería buena idea recibir y oír a los que representan al 30% de la población; el 35% de la economía; y cerca del 59% de las exportaciones nacionales?… por curiosidad.

Esos gobernadores no plantean independizarse del país, no están locos, pero piensan dar una batalla legal que desde el punto de vista fiscal, está de antemano perdida, pero para el Presidente ya desde ahora, es un desastre político: no hay registro de otro Presidente, por repelente que haya sido, al que se le alebrestara la tercera parte de los estados.

Pero, él va derecho (o chueco), y no se quita: le dijo ayer a esos diez gobernadores que si son demócratas consulten a la población. Jalisco ya le tomó la palabra. Harán la consulta preguntando ‘si están dispuestos a mantener una relación en la cual Jalisco aporta muchísimo a la federación y lo que recibe son malos tratos, groserías y desdenes’. ¿Qué irá a decidir la gente?, ¡qué nervios!

El Ejecutivo federal, aún briago por su triunfo de 2018, también los reconvino ayer: ‘le faltan al respeto a la investidura presidencial’, ¡cosa más grande! diría Trespatines. Con todo respeto, señor Presidente, eso es confundir las nalgas con las témporas, que son un tiempo litúrgico.

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