Títide y la República Negra: Galimatías

ERNESTO GÓMEZ PANANÁ

Construir instituciones democráticas es un proceso que le toma décadas a cualquier nación. Abatir la pobreza puede tomar todavía más tiempo y ambas tareas demandan, además de tiempo, una enorme participación cívica y un ejercicio de integración de una élite gobernante renovada, con compromisos mínimos de honestidad y sensible a las necesidades sociales.

Traigo esto a cuenta en el Galimatías de esta semana a propósito de lo que desde principios de este año sucede en Haití, el país más pobre del continente americano.

Apunto algunos antecedentes relevantes: Haití fue la primera nación del continente que logró su independencia, en este caso de los franceses, pero, además, es el primer país en la historia universal en el que -inspirados por la Revolución Francesa- el proceso de emancipación lo iniciaron esclavos provenientes de África, en el año 1791, hecho que derivó en la cancelación de tales entregas de embarques de esclavos para este continente.

Esta emancipación no fue sencilla. La nación habitada mayormente por descendientes de esclavos africanos fue codiciada por España, Reino Unido y de nuevo por Francia.

Durante aproximadamente 150 años de vida independiente, Haití pasó de un gobernante a otro, con fragilidad institucional y profundas desigualdades sociales. En 1957, inició una de las etapas más trágicas de este país caribeño: Fue electo presidente Francois Duvalier, quien a sangre y fuego permaneció 14 años en el puesto, heredándolo a su vez a su hijo Jean-Claude, que se quedó 15 años más en el poder.

Pero en una nación en la que los descendientes de esclavos africanos encabezaron la independencia, la rebelión contra la dictadura de los Duvalier también la encabezaron los mismos afrodescendientes en la isla.

En el año 1990 fue electo presidente Jean Bertrand Aristides, un ex sacerdote salesiano al que en la lengua criolla local llamaban Títide -pequeño Aristides-. Aristides gobernó intermitentemente de 1990 a 2004 y durante su administración se lograron discretos avances en materia de derechos humanos y cooperación internacional, pero con la amenaza permanente de los grupos de poder político y económico local que no veían bien la presidencia de un sacerdote de la Teología de La Liberación. En 2004, fue finalmente derrocado de manera definitiva y tras elecciones extraordinarias lo sucedió René Preval mientras Aristides permanecía en el exilio.

En enero de 2010 Haití sufrió un terremoto de 7.3 grados Richter que arrasó al país, dejando más de 360 mil fallecidos. A la pobreza se le sumó la devastación, aunque la semilla de los migrantes africanos que se rebelaron en el siglo XVIII continúa su lento pero constante proceso de germinación: Haití, al igual que Chile, alcanza niveles de descontento social de gran relevancia. La corrupción de la clase política de ese país salió a la luz al igual que en Puerto Rico y la población haitiana ha tomado las calles y ya no solo denuncia corrupción sino también mejores servicios, abatimiento de la miseria, acceso a la educación. Nada tampoco nuevo en el continente. En su dimensión, ciertamente con menos reflectores, la sociedad haitiana sabe de democracia y gobiernos honestos. No en vano en los barrios más pobres Port-Au-Prince se sigue añorando la presidencia de Titíde, el presidente descalzo.

OXIMORONAS

Como cada año, el Día de Muertos se convierte en la mayor celebración tradicional en nuestro país. Interesante ver que no obstante el porcentaje de habitantes que se declaran católicos en México va en decremento, celebraciones como esta mantienen su fuerza, aunque ya no seamos el principal productor de Cempasúchitl.

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