Todo tiene su hora: La Feria

Sr. López

Las tías bisabuelas Nena, Nina y Cleta eran tres hermanas solteronas del lado materno-toluqueño de este menda, dedicadas a administrar centavo a centavo lo que heredaron de sus papás. Vivieron siempre juntas en la casa en que nacieron, de la que fueron saliendo una vez requisitadas sus respectivas actas de defunción (la más pollita murió de 92). Estas tres viejitas tenían obsesión por la alcurnia y tenían un catálogo de cédulas reales, papeluchos y títulos, para probar que su parentela paterna era de duques, marqueses y condes; y del lado de su mamá que había muerto en “olor de santidad”, presumían de una colección de obispos y cardenales como para armar un concilio. Ya hacía mucho difuntas, Pepe, el más impresentable -y bien informado- primo que tenerse pueda, contó al del teclado que todo era cuento, el papá se había hecho rico regenteando burdeles y la mamá se dedicaba a la usura. Ni modo que lo contaran.
Esta noche será la ceremonia del ‘Grito’ y el jueves se conmemorará el 211 aniversario del inicio de la gesta de independencia y 200 de su consumación. ¡Ajúa!
Se entiende que los países maquillen a su historia. No es cosa de sorprenderse porque en los EUA no enseñen a sus niñitos que en honor a la verdad, la mitad de su territorio es robado, se entiende. Tampoco nadie va a indignarse con los franceses por su monumental mentira de la “Resistencia” durante la invasión alemana en la Segunda Guerra Mundial, cuando atendían como a clientes distinguidos a los militares alemanes y la primera razia y deportación masiva de judíos fue en París, organizada por las autoridades francesas para sorpresa de los oficiales de la ‘Wehrmacht’ (rigurosamente cierto).
En nuestra risueña patria, también le arreglamos la facha a nuestros anales. Sucesivos gobernantes han confeccionado nuestra historia conforme a sus ideas y dependiendo de quién les caía gordo. Así, Hernán Cortés es providencial héroe civilizador y prohombre o un gachupín saqueador, despreciable y sifilítico (sin darse cuenta sus malquerientes que escupen al cielo, negando nuestro general mestizaje). Y los indios (majadero usted que cree que es grosería), fueron presentados como salvajes, bárbaros y primitivos o idealizados como almas inocentes con una cursilería que dispara el nivel de glucosa en sangre.
Nuestra independencia en particular ha sido sometida a un proceso cosmético brutal que roza la falsificación; para empezar, el cuentazo de que Miguel Hidalgo & Cía., fueron sus iniciadores. Mentira redonda.
Antes de don Hidalgo (que sí gritó ¡Viva Fernando VII!, rey de España), en 1808, nada menos que el virrey José de Iturrigaray se puso nervioso por la ocupación francesa de España y se le ocurrió independizarnos, por lo que uno de sus socios, fray Melchor de Talamantes el 23 de julio de 1808, escribió y dio a conocer, un documento titulado “Congreso Nacional del Reyno de Nueva España”, en que sostenía el derecho de nosotros a mandar a volar la autoridad madrileña, y defendía que la soberanía “es un poder que existe siempre radicalmente en la nación y a los Monarcas se ha confiado solamente su ejercicio”. Virrey, fraile y compañeros, acabaron presos.

En 1809 hubo otro inicio de la independencia, en Valladolid -hoy Morelia-, de parte del capitán Primero José María García Obeso y varios más: José María Izazaga, J. Soto Saldaña, José Nicolás Michelena, Mariano Quevedo, algunos curas y militares, todos criollos. El 21 de diciembre de ese año, les cayeron en la jugada pero los salvó que el virrey Francisco Javier de Lizana, se lo tomó a broma y no los ejecutó (los puso quietos, eso sí).

Pero el verdadero primer precursor de nuestra independencia, fue… ¡un irlandés!: William Lamport, quien llegó a acá en 1640 a chambear con el virrey Diego López de Pacheco, y no le gustó nadita lo que vio, por lo que se organizó con los que se dejaron convencer y redactó la ‘Proclama Insurreccional para la Nueva España’, declarando nuestra independencia, pero, lástima, un tal Felipe Méndez lo echó de cabeza y el 26 de octubre de 1642 lo metieron preso; se escapó, lo volvieron a detener; se volvió a escapar (el Chapo Lamport), hasta que la tercera vez, el 19 de noviembre de 1659… mejor lo quemaron vivo y claro, se murió. Ahí lea por su cuenta ‘Don Guillén de Lamport: La Inquisición y la independencia en el siglo XVII’; escrito en 1908 por Luis González Obregón.
Si duda que este Mr. Lamport es el verdadero precursor de nuestra independencia, vaya a la Columna de la Independencia en la Ciudad de México y nomás entrando, se va a topar con su estatua, amarrado al cadalso como cuidando los restos de los otros héroes que no están ahí enterrados… pero eso ya es otro tema.

Nuestra independencia la iniciaron varios (todos los de 1810 gritando ¡Viva Fernando VII!, de eso no hay duda, que su idea era traerlo a él o algún príncipe de su casa, para hacerlo nuestro Rey… que no le digan que no le cuenten…), pero la independencia que tenemos la consiguieron las fuerzas más conservadoras de entre los españoles y sus descendientes nacidos en México (peninsulares y criollos), para separarnos de España y mantenernos a los del peladaje sujetos nomás a sus órdenes y en su beneficio, que por eso eligieron a un perseguidor muy feroz de los insurgentes como su líder (Agustín de Iturbide), al que luego hicieron Emperador.

Así las cosas, la conquista la hicieron los indios en beneficio de los españoles y la independencia, los españoles en beneficio de ellos mismos, eso sí.

Ahora tenemos un Presidente (otro) que tiene manía por reescribir nuestra historia. Ni en eso es original. Como sea, la vida sigue y hay tiempo para todo, tiempo para rasgar y tiempo para coser; tiempo para amar y tiempo para odiar; tiempo de llorar y tiempo de reír; tiempo para la guerra y tiempo para la paz. Los que ahora se alojan en Palacio Nacional, hoy están en tiempo de echar cuetes, ya les llegara el tiempo de recoger varas. Lo dice en Eclesiastés el viejo Libro: todo tiene su hora.

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