Tragicomedia mexicana: La Feria

SR. LÓPEZ

Hasta la generación de los abuelos de la familia materno-toluqueña de este menda, siendo como eran, católicos de asustar a Torquemada, cada aniversario de cada fiambre de la tribu, pedían al párroco una misa de difuntos y al menos las más viejas, lo lloraban como si estuviera tibio el cadáver; era una pesadilla: había semanas de cuatro misas de muertos: vivían vestidas de negro. En cambio, del lado paterno-autleco, se despachaba al occiso con respeto pero rapidito, velorio breve, misa (a veces), sin lloros ni andanadas de santos rosarios; veían la muerte con una rara naturalidad; la abuela de ese lado, Elena, decía: -Dios no es canalla, si morir fuera malo, nadie muriera –no decía ‘canalla’, pero sería impúdico escribir qué decía… rima con ‘palabrón’ –y efectivamente, a la muerte de su esposo, el simpático abuelo Víctor, le guardó luto solo el día del trámite de finiquito e inhumación; al día siguiente (24 de octubre de 1963), fuimos al estreno de ‘El Cid’, en el cine Diana. Viendo la película, me susurró la abuela al oído: -El muerto al hoyo y el vivo al bollo –bueno, pues cada quién; por cierto, ese día quedó enamorado su texto servidor -a la fecha-, de la Sofía Loren. El muerto… el bollo.

No niega este López que hay tragedias que deben ser recordadas. Ayer fue el aniversario de los sismos de 1985 y 2017. Luto, justificado luto nacional.

En el Zócalo de la capital de la república, se izó la bandera a media asta. Muy bien. (Por cierto, respetuosamente se sugiere que alguno de los cercanos a nuestro Presidente le pase una copia de la ‘Ley sobre el Escudo, la Bandera y el Himno Nacionales’, subrayando en amarillo el artículo 14: “El saludo civil a la Bandera Nacional se hará en posición de firme, colocando la mano derecha extendida sobre el pecho, con la palma hacia abajo, a la altura del corazón. Los varones saludarán, además con la cabeza descubierta. El Presidente de la República, como Jefe Supremo de las fuerzas armadas, la saludará militarmente”; díganle, no sean así).

Luego, ayer mismo, se procedió a la simulación de un macro sismo, que es tan útil como una clase de natación en una cancha de básquet. Para que de verdad sirvieran de algo esos simulacros, deberían ser con mucha mayor frecuencia… en fin, es otro asunto.

Repitiendo que el recuerdo de los fallecidos en esos sismos es correcto y merecido, sin embargo, parece que a nuestras autoridades se les está pasando establecer una fecha, una fecha muy importante, para que el país entero tenga presentes a los civiles, militares y policías muertos en el combate a la delincuencia organizada; con cifras al año 2016, van cerca de 500 soldados (más 197 desaparecidos; ocho suicidados; 305 afectados mentalmente, enloquecidos de tanto horror sufrido); 175 marinos; 552 policías federales; 1,822 policías municipales y estatales; 105 bajas de la PGR, hoy FGR… y 170 mil civiles asesinados; repito: ¡170,000! personas asesinadas, ajenas al crimen, gente común.

Nos faltaría otro Día Nacional para Secuestrados. Otro más para Periodistas Asesinados (van más de 300 de 1980 a la fecha); otra para el Difunto Desconocido (el gobierno informa de más de 3 mil fosas clandestinas… nada más en agosto pasado encontraron una fosa en Sinaloa, con 2 mil manos: solo manos… ¿pues qué clase de entes son estos delincuentes?… ¿de qué pasta están hechos?).

Por justicia, se debería también implantar el Día de las Matanzas, nada más de fines del siglo pasado a estos días, entre otras y siendo tantas, sin espacio para poner datos completos, le menciono los nombres con que algunas son recordadas: Acteal; San Miguel Canoa; Villas de Salvárcar; Coatzacoalcos de 2019; Jueves de Corpus; Masacre de Allende; la de San Fernando en 2010; la de Tepic en 2010; Minatitlán; la de Gómez Palacio; la de Tóxcatl; Ruiz, Nayarit; Masacres de Durango en 2011; la de Tlatlaya; la de Tanhuato; la de San Fernando de 2010… Ayotzinapa.

Luego y por justicia, haría falta un día nacional en recuerdo del Migrante Desaparecido. El Movimiento Migrante estima que en los últimos diez años son cerca de 70 mil hondureños, salvadoreños y nicaragüenses, los que desaparecieron en nuestro territorio por obra y maldad de la delincuencia organizada. Ya van 12 caravanas de madres que recorren el país en busca de los suyos (han localizado a 20 ya fallecidos y 245 vivos). Es casi imposible saber con certeza cuántos son, no hay registros, son migrantes ‘irregulares’ (ilícitos ya no se puede decir… corrección política de los maquillistas de la realidad). Se puede suponer con optimismo que un buen número andan por ahí… pero si fueran solo mil desaparecidos ya sería escandaloso. No nos volvamos refractarios a la tragedia.

Y, entonces se queda uno pensando… se deberían instaurar días de luto nacional y bandera a media asta, no nada más para difuntos, que algunos que viven, viven en condiciones que no merecen llamarse vida; sí, nos faltaría el Día del Pobre Desconocido (por ahí de 40 millones); otro para el Enfermo sin Medicinas; y un Día del Desempleado, el oficial porque me canso ganso y otro para el que corrió el patrón, harto de perder dinero o por avaro.

Nos ponemos serios y hasta tristes, ante tragedias causadas por nuestra madrastra Natura… pero las tragedias que verdaderamente nos deberían arrugar el alma y hacernos lamentar hasta quedar secos de llanto, son las que causamos los unos a los otros. Esas son las más graves desgracias, las evitables, las catástrofes que tres gobiernos federales no han sabido cómo impedir.

Las caras largas cuando es políticamente correcto aparentar pena por penas ajenas, son obligadas aunque no sirvan de nada. Lo increíble es el telón de fondo de la rememoración de esos terribles sismos: no aparecen poco más de 67 millones de pesos (mdp) de los fondos para la reconstrucción y en el Senado no encuentran los 50 millones de pesos donados por legisladores y ciudadanos al Fondo de Reconstrucción de Vivienda. Un capítulo más de la tragicomedia mexicana.

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