El uso de la diplomacia ante probabilidades de Trump

Para cuando este texto llegue a la imprenta, muchísimo se habrá ya escrito acerca de la visita de Trump a México. Pasada la tormenta, sin embargo, y ante todo lo que se va a tener que procesar y absorber, es importante reflexionar al respecto de lo siguiente: (a) La probabilidad de que Trump gane podría ser más alta de lo que indican los análisis, y (b) si ese fuera el caso, es mejor adelantar el diseño de una política exterior más pensada que la que se demostró en los últimos días. La discusión no es si el diálogo o la diplomacia son herramientas que deben usarse. La discusión más bien está en los cuándos se usa esa diplomacia, en los dóndes y en el cómo es que esos puentes y ese diálogo son mejor empleados al servicio de nuestras estrategias y nuestras metas.
El blog de Nate Silver, FiveThirtyEight (famoso desde que se publicaba en el New York Times), marca a Hilary con un 72.1% de probabilidades de ganar, y a Trump, con 27.9%. Si bien la brecha se está cerrando, cualquiera diría que ese 72/28 sigue siendo muy contundente. El gran problema es que ese mismo blog (así como muchos otros similares), en otoño de 2015 daba a Trump sólo 6% de probabilidades de convertirse en candidato republicano. Pareciera que cuando se topan con Trump, los estudios más sofisticados presentan problemas para predecir. Esto puede obedecer a varios factores. Señalo algunos: (1) La cantidad de casos en los que las encuestas “fallan” sigue aumentando. Ya sea porque las fotografías tomadas por esas encuestas tienden a moverse con mucha mayor velocidad que en el pasado, o por su incapacidad para realmente leer determinados sectores del electorado, o por otras causas, (2) Hay un componente no-racional en la toma de decisiones que no necesariamente aparece en las encuestas (Thaler, 2015). En la medida en que Trump ha logrado conectar con ciertos elementos emocionales como el hartazgo o el miedo, en esa medida ha conseguido que muchos de quienes dicen que van a votar por otro, terminen votando por él, y (3) Hay quienes no expresan que votarán por Trump porque no lo consideran políticamente correcto, y, sin embargo, terminan votando por él. Por lo tanto, si Silver da a Trump 28% de probabilidades de ganar, hay un número que deberíamos añadir a ese dato. Dicho de otro modo, la posibilidad de que Trump gane no es baja.
Por lo tanto, valdría la pena prepararse mucho mejor de lo que se hizo esta semana para enfrentar ese escenario. Habrá que establecer puentes, canales de diálogo y negociación, de eso no cabe duda. La cuestión es de qué manera planeamos las cosas para que ese diálogo trabaje en nuestro favor y no en nuestra contra. Es posible que un Trump presidente se pudiera comportar de manera diferente –más negociador, más flexible- que el Trump candidato que conocemos. Pero también es posible que Trump no pueda evitar que su Trump interno salga a la luz continuamente. Tendríamos que estar preparados para ambos escenarios, saber cómo esperar lo inesperado (Kurst-Swanger, 2009), y cómo orientar los eventos y las decisiones en direcciones que nos favorezcan. No estoy diciendo que sea fácil. Estoy diciendo que, si gana Trump, lo vamos a tener que hacer. Así que, empecemos por dejar atrás la negación, y dejar de orientar la discusión en torno a si la diplomacia es buena o no es buena. Más bien, aprendamos de los varios errores cometidos y desarrollemos mejores estrategias, más planeadas, blindadas contra imponderables y contra los rasgos que ya conocemos de Trump, para entonces, usar esa diplomacia cuando, donde y del modo que mejor convenga a nuestros intereses.

Por Mauricio Meschoulam
(Analista internacional)
EL UNIVERSAL
Twitter: @maurimm

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