Vasallaje : La Feria

Sr. López

Contaba la abuela Elena de una sobrina de ella -la lindísima tía Elvira-, que siendo jovencita, fue a verla con los ojos como tomates de tanto llorar. Su papá, hermano mayor de la abuela, la había corrido de su casa, por una razón hoy intrascendente: estaba embarazada. Doña Elena era de armas tomar y como de rayo, sin arreglarse, fue a verlo echando humo y le dijo que cuál era el escándalo, que si no había hecho nunca cuentas entre la fecha de la boda de sus papás -de ellos- y su nacimiento -de él- (apenas cuatro meses); que si creía que nadie se había dado cuenta cuando él se casó, de la panza de su novia (la mamá de Elvira); que si ya se le había olvidado cuántos primos tenía con papá por determinar. Y decía: -“Claro, como era su hija se puso tonto” -regresó la niña a su casa, la vida siguió y no pasó nada.
No se vaya a molestar pero México es el reino de las apariencias. Así somos: orgullosos de nuestra historia sin conocerla, nos ufanamos de nuestro pasado indígena pero despreciamos a los indios, nos asumimos católicos sin practicar casi nadie la religión, presumimos nuestra gastronomía engullendo ‘pizzas’ y ‘hot dogs’; somos nacionalistas de tenis Nike, republicanos que babean revistas de sociedad con la noticia del nacimiento del bisnieto de Isabel II y defensores de lo nacional, pero el que diga que prefiere ver cine mexicano es naco.
Aparentamos lo que el instinto nos dice que debe aparentarse; no hay un mexicano que no diga que le encanta Plácido Domingo pero son raros los que se han oído una ópera completa en su vida. “Como México no hay dos”, sí, pero el que puede se va a comprar ropa a San Antonio y si hay modo, se queda a vivir. Es lugar común hablar pestes de nuestras autoridades pero nadie rechaza hacerse compadre de un político. Lloriqueamos anualmente con la transmisión del Teletón y diario somos indiferentes a la Corte de los Milagros de cada semáforo: el desfile de viejitas, niños hambreados, gente mutilada y paralíticos asoleados en silla de ruedas, no merecen sino nuestra profesional mirada al vacío y un dedo diciendo no, recargada la mano en el volante.
Hoy, con los artilugios electrónicos, a través de las redes, todo mundo se relaciona con todo mundo, si alguien estrena mascota, recibe “likes” por docenas; si otro cumple años, le llueven felicitaciones; si se notifica el extravío de un niño en Taiwán, lo reenvían millares; se avisan los amigos dónde está el alcoholímetro; se consuelan mutuamente si la novia los dejó y se mandan fotos del filete o la hamburguesa que se van a zampar, entre las muestras más chocantes de aprobación de sus seguidores; y si alguien organiza una colecta por una señora joven madre soltera desempleada, llueven frasecitas cursis de apoyo moral, pero nadie pone un peso.
Como nuestros gobernantes no vienen de Noruega ni Saturno, son como somos nosotros: esclavos de las apariencias.
Resulta que el sábado pasado se celebró la boda del agradabilísimo Santiago Nieto, titular de la temida Unidad de Inteligencia Financiera, con una señora de nombre Carla Astrid Humphrey Jordan, conocidísima en su casa y que trabaja de consejera electoral en el INE. La ceremonia con su correspondiente pachanga se celebraron en Antigua, Guatemala, en un hotel bonito. La prensa nacional reportó que fue una fiesta “ostentosa”.
Aparte hubo un episodio de dimes y diretes con las autoridades de Guatemala, porque le encontraron 35 mil dólares en efectivo a una de las invitadas, Erika Telich, no a Paola Félix, secretaria de Turismo de la CdMx, quien llegó junto esa y otras personas en un jet privado (rentado por el director de El Universal). El asunto de los dineros se aclaró y no pasó a mayores. Pero el plato estaba servido: escándalo en los medios y las redes.
Doña Félix renunció al cargo de inmediato y su jefa, Claudia Sheinbaum se la aceptó y aprovechó para declarar su firme fe Cuatroteísta: -“(…) ningún funcionario debe viajar en avión privado (…) los principios de la austeridad republicana son fundamentales para el gobierno capitalino, por lo que refrenda su compromiso con la honradez y transparencia”.
Nuestro Presidente ayer habló del tema y lo calificó como un “asunto escandaloso” y criticó la boda recomendando a los servidores públicos “actuar con moderación y austeridad”: -“Es un asunto escandaloso, aun cuando se trata de un acto privado” –dijo y añadió que fue invitado, pero no acudió porque: -“(…) el servidor público tiene que evitar ese tipo de situaciones”.
¿De veras es escandaloso?… ¿por qué?… ¿porque se supo?… ¿hay en el Diario Oficial de la Federación algún manual de cumplimiento obligatorio para celebraciones familiares de empleados del gobierno?… ¿hay un tabulador federal de importes autorizados para eventos familiares de los funcionarios federales?… ¿en qué norma legal se prohíbe viajar en avión privado?… ¿qué ley prohíbe contraer nupcias en el extranjero?… ¿qué es moderación, qué es austeridad?… ¿se debieron casar en la cochera de casa de don Nieto?… ¿no son igual de escandalosas las fotografías de lujos de gente cercanísima al Presidente?… ¿no es más escandaloso que una boda, un par de hermanos recibiendo sobres de dinero?
Doña Claudita siempre atenta a decir y hacer lo que ella cree gustará al Presidente, salió a pontificar con ese airecito de suficiencia ética que parece un tanto inapropiado Línea 12 mediante. El Presidente solo actuó como ya nos tiene acostumbrados. Mala cosa que las autoridades se permitan externar opiniones personales como mandamientos de la ley de ellos. Eso no es Estado de Derecho, es estado de ánimo.
No vaya usted a mal interpretar a este junta palabras: don Nieto le parece tan simpático como una verdolaga y por supuesto los gastos de los funcionarios se deben corresponder con sus legítimos ingresos… pero los juicios sumarios, la descalificación de brocha gorda y la exhibición en la picota pública para deshonra y castigo, se prohibió desde el 26 de mayo de 1813, por ser un signo de vasallaje.

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