Witty and terrific president: Galimatías

ERNESTO GÓMEZ PANANÁ

El sistema político norteamericano, una democracia presidencial de elección indirecta, es sólido. Ha sorteado exitosamente diversas crisis:

El escándalo y la renuncia de Nixon; el asesinato de Kennedy; el atentado contra Reagan; el caso Clinton-Lewinsky o la polémica por derrota de Al Gore frente a Bush hijo, no obstante haber obtenido más votos que éste.

El último apartado en esta serie de retos institucionales transcurre su primer cuatrienio y amenaza con buscar la reelección. Donald Trump es un chivo petulante, dentro de una cristalería atestada de objetos costosos y delicados, acomodados en un frágil equilibrio.

Pero el problema de Trump no es solamente su arrogancia o el hecho de que sea el presidente del país más poderoso del mundo. No. En el fondo, el problema de Trump es su tremenda ignorancia. A pesar de ostentar la licenciatura en economía por la Universidad de Pensilvania, Trump es de facto, un analfabeto funcional. Basta escuchar sus discursos un par de veces para dimensionar la precariedad de su vocabulario.

Esta ignorancia lo ha llevado, tan solo en política exterior, a desatar una guerra comercial con China o confrontarse con Corea del Norte e Irán y casi llevarnos al colapso nuclear.

Igualmente, se ha manifestado en contra de las vacunas, -afirma que son dañinas- y apoya a los padres que deciden no aplicárselas a sus hijos, esto sin dejar de mencionar que no cree que el Calentamiento Global sea real pero eso si, cree en el supremacismo de la raza blanca.

De no ser por la importancia del cargo que este personaje ostenta, sus ocurrencias serían cómicas. Baste referir la más reciente: según el diario The Wall Street Journal, el presidente Trump ha manifestado en diferentes ocasiones su interés en comprar Groenlandia. El júnior rico que sigue pensando que todo se puede comprar. Los daneses -según se supo- recibieron la ocurrencia con humor y no la tomaron en serio. Groenlandia no está a la venta, dijeron. Lástima que al vecino del norte y eventualmente al planeta entero, nos cueste tan caro un personaje como este.

Oximoronas. El sobrino de la tía cuyo esposo fue encarcelado, hoy es el enjuiciador de la expareja de quien exhibió al primero. Los misterios de este Rosario no son gozosos ni gloriosos ni tampoco dolorosos, son en todo caso, misterios azarosos. Habrá que esperar ahora el milagro del pudor en  dicho juez y que se excuse del caso. Es por bien mayor. Por pudor.

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