Yehudi Menuhin

 

José Antonio Molina Farro

Uno de los más grandes violinistas del siglo XX. Falleció el 12 de marzo de 1999. Su calidad de humanista y hombre de paz superó su genio musical, de ahí su grandeza. Niño prodigio. Primer concierto público a los siete años en el Carnegie Hall de Nueva York; debut europeo a los once años en París; a los trece toca a Bach, a Beethoven y a Brahms con la filarmónica de Berlín. Después del concierto, Albert Einstein le dice: ‘Ahora sé que hay un Dios en el cielo’. El año que cumplió ochenta años, todavía dio ciento diez conciertos. Omito los múltiples reconocimientos y títulos nobiliarios (no hereditarios). Creó la Fundación que lleva su nombre y ayuda a jóvenes músicos de talento del mundo entero. Este gran humanista tomó siempre partido por los débiles. Durante la Segunda Guerra Mundial dio centenares de conciertos en todo el mundo; años más tarde lo hizo por la paz en Kosovo. Se comprometió con las minorías étnicas de todas las naciones. Al final de su vida creó un Parlamento Europeo de las Culturas.

Este hombre que vivió la época de Nehru, de Nasser, de Roosevelt, de Adenauer y De Gaulle, se expresa sobre el sentido de la vida: “Se halla en la transformación de nuestras necesidades más apremiantes en el arte, ya se trate de un arte de vivir, de un arte de alimentarse, etcétera. En otras palabras, todo empieza por un material en bruto que se va refinando poco a poco. Ahí está el sentido. También es aprender, comprender, dar y ayudar constantemente. Sin eso, el sentido último y absoluto de la vida se nos escapará. Nunca sabremos exactamente que sucede después de la muerte. Únicamente sabemos que si hemos nacido, morimos. La vida eterna impediría todo futuro”.

El genio musical, ligado a la sabiduría del hombre, nos habla de las fuerzas de la evolución humana. “En la actualidad se reducen a las fuerzas económicas, que desgraciadamente van a la par del control, la autoridad, la dominación, el poderío militar y una forma de sabiduría convencional que considera que el capitalismo, la democracia, la libertad y el placer forman parte del mismo patrón de valores. Si somos capaces de lograr uno de ellos, los demás se nos darán por añadidura. Esto es evidentemente falso. Debemos ensanchar nuestra explicación de lo que constituye realmente nuestro ser y nuestra existencia…” Desestima el crecimiento del PIB, “me niego a pensar que todo nuestro bienestar dependa de una tasa de crecimiento del dos o tres por ciento. En realidad, nuestro comportamiento depende de una sola cosa: poder despertarse por la mañana con un poco de esperanza. Esa esperanza debe emanar a la vez de la sociedad y del interior de uno mismo. Necesitamos acabar cada jornada con el sentimiento de haber realizado un pequeño progreso”.

Sobre el darwinismo social: “En el mundo de Darwin, el más apto era capaz de sobrevivir en un entorno dado adaptándose a él. Hoy día, el entorno dado es artificial, y por tanto el más apto es también el más astuto. En muchos países el más apto es asimismo el más deshonesto y el más corrompido”. Reflexiona sobre la historia humana, la dialéctica entre política del ideal y la ‘Realpolitik’, entre Erasmo y Maquiavelo. Sitúa el equilibrio en la época actual y alude al deber ser, “la política ideal debería ser una política que tomara las decisiones correctas, que protegiera, que permitiera a la humanidad hacer frente a unos desafíos mundiales cada vez más abrumadores. Esta política debería incorporar las aportaciones de los individuos, no solo sus intereses personales…sino una serie de círculos concéntricos cada vez más amplios”.

El humanista habla de las raíces del mal en la historia, en el sentido en que lo entendieron Hobbes y Kierkgard. “El verdadero mal es consecuencia de los prejuicios más brutales y más crueles y de su autojustificación. Uno ejerce ese mal para consolidar su poder, su comodidad, su seguridad, y para utilizar la capacidad del hombre para seguir al mal. Lo repito, el hombre bueno tiene conciencia de que puede hacer el mal… Por el contrario, el hombre malo es ciego a todo esto y no comete el mal más que para avanzar sin reparar en obstáculos y sobrevivir”.

Habla de las mitologías del siglo XXI. “Necesitamos mitologías, pues tenemos que explicar lo que no sabemos. La persona menos educada debe al menos tener una certidumbre sobre la manera en que fue creado el mundo, sobre el tiempo que se tardó y sobre el autor de dicha creación. Nuestra mitología es un sustituto de la realidad, el sustituto gracias al cual evitamos molernos a golpes unos a otros hasta la muerte. La mitología pone en escena a héroes de distintos ámbitos, el deporte, la gente que ha ganado mucho dinero, la que ha engañado a mucha gente, la mitología de la fuerza bruta, que es en extremo nefasta. Es la mitología de los que avanzan destruyendo a su paso toda clase de inhibiciones. Concierne a quienes han llegado a superar toda forma de compasión, de contención, y de una manera inmisericorde. Esos individuos han adquirido una espantosa talla de héroes”.

Sobre el poder del capitalismo. “El sistema capitalista se ha visto con frecuencia colocado en un pedestal. Se ha convertido en ese sistema incomparable que permite a un número cada vez mayor de individuos, incluso a toda la humanidad, acariciar la esperanza de acceder a la riqueza material y librarse de toda preocupación. Se ha confundido con… la democracia, la libertad, etc. No obstante, este sistema tendrá una vida muy corta. Se gasta, se consume muy de prisa. La ilusión de esa perfección hecha capitalismo y democracia revela toda su debilidad en los múltiples lugares donde surge una nueva conciencia social”.

Finalmente, habla de la necesidad de una moral viva. “Los individuos deben comprender desde la escuela que dependen unos de otros, que no pueden sobrevivir sin la ayuda de miles de otros seres que trabajan en cocinas, laboratorios, etc. Tenemos necesidad de aprender lo que son el extranjero y el diferente. Las fuentes de la moral están en el trabajo que todos tratamos de realizar y en la confianza que tratamos de conseguir de los demás. Vivir sin confianza es una cosa terrible. Vivir solo, odiando a todos, no es, sin duda, menos terrible. Yo, por tanto, no veo la moral como un mandamiento venido de arriba”.

P. S. ROL.

Lo expreso con profundo dolor. Partió toda una institución del periodismo chiapaneco, el columnista más influyente de Chiapas durante mucho tiempo. En su casa desfilaron gobernadores, académicos, intelectuales y políticos de distinto rango. Durante 54 años compartimos vivencias y profundas reflexiones. Apreciado y rechazado, pero jamás ignorado. Un grandísimo ser humano, un inmejorable amigo. Descansa en paz entrañable Romeo.

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