José Antonio Meade
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La Feria: Hay que ler

Sr. López

Lo que llamamos América Latina, casi toda, es la herencia de España y Portugal al mundo. Los habitantes de los 20 países de este extenso territorio, somos muy parecidos en algunas cosas, por lo pronto en el idioma (con las excepciones de Brasil y Haití), y en la religión (88% cristianos, divididos en un 69% de católicos y un 19% de protestantes; 4% de otras religiones -judaísmo, islamismo, mormonismo, aparte de la santería y el budismo, que ni religiones son-; y un 8% que dicen que no creen en nada, dicen); también nos parecemos en el despelote político. La historia de los gobiernos de estas tierras no es de presumir.

A la hora de ponerse en plan crítico con América Latina, téngase presente que se nos compara con países que tienen dos mil años de historia (o con China que ya era país 1,700 años A.C.). Si Europa es una señora sesentona (con un pasado muy agitado), América Latina viene a ser una nena de 6 años de edad. Así es la proporción. Antes que ponerse trágicos con nuestros errores y horrores, es más sensato  asombrarse de lo que se ha avanzado en tan poco tiempo.

México es país-país, desde 1929; todo lo anterior fueron alzamientos, guerras civiles, invasiones, dictaduras, revoluciones y esperpentos misceláneos. De 1929 para acá, pasamos de 15.6 millones a 130, que equivale a hacer más de 8 Méxicos en 89 años… así que de dar pena, no estamos.

El siglo XX de América Latina fue peculiar (diciéndolo con corrección política): ya independizados de España, Portugal (y el poquitín que tenía Francia), se nos vino encima el imperio yanqui y padecimos dictaduras en 14 de los 20 países, casi todas apoyadas por la Casa Blanca; y en pleno siglo XXI, sigue la maña de los golpes de estado: Venezuela en 2002; Bolivia en 2008; Haití en 2004; Honduras en 2009; y Paraguay en 2012.

A pesar de la vigilante mirada de los EUA, contra todo pronóstico (después del asunto de Cuba), de 1988 a 2011, en 12 países de la región se hicieron del poder presidentes de izquierda: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela. Unos maoístas y de veras de izquierda, otros de centro izquierda, pero todos tratando de que el tío Sam ya dejara de moler.

Veamos a volapié qué ha sido de esos doce: en Argentina, la señora Fernández de Kirchner sucedió a Néstor, su esposo, para ser presidenta de 2007 a 2015; tiene el prestigio hecho garras, con permanentes acusaciones judiciales, alguna muy grave, y bajo sospecha de corrupción.

Bolivia: Evo Morales, presidente desde 2006, populista rupturista, modificó la Constitución de su país en medio de un escandalazo; consiguió el año pasado que el Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) lo autorizara a reelegirse sin límites, contra lo que ordena la Constitución que él mismo promovió (solo dos periodos consecutivos, cosa que trató de evadir con un referendo -que perdió- en 2016).

Brasil: Lula da Silva, presidente de 2003 a 2010 y Dilma  Rousseff (de 2011 a 2016); el primero, encarcelado por corrupción (12 años de sentencia), la segunda, destituida por acusaciones de corrupción. Hay graves dudas de que sean ciertos los cargos.

Chile: Ricardo Lagos, presidente de 2000 a 2006 y Michelle Bachelet (presidenta de 2006 a 2010 y de 2014 a 2018), ambos de izquierda moderada; él carga sospechas de corrupción y ella tiene corroído el prestigio por lo mismo. También se duda –mucho- que sean ciertas las acusaciones.

Ecuador: Rafael Correa, presidente desde 2007 hasta 2017; creador de la “Revolución Ciudadana”, polarizó a su país. La prensa de allá publicó: Correa, cada semana un escándalo. Populista de tomo y lomo, decían de él “el omnipresente, omnisapiente que se volvió omnipotente”. Dejó a su país con un gasto público que no tiene cómo cubrir.

El Salvador: Mauricio Funes, presidente de 2009 a 2014; pidió asilo político a Nicaragua en medio de la investigación de cinco delitos durante su mandato. Salvador Sánchez  presidente de 2014 a 2019, sin liderazgo, incapaz para gobernar, blindó a los suyos, señalados de corrupción o enriquecimiento ilícito. Ambos son  del partido exguerrillero, Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), primeros presidentes de izquierda en ese país.

Honduras: Manuel Zelaya, presidente de 2006 a 2009, destituido por voto unánime del Congreso y expulsado del país; su gobierno fue un carnaval de corrupción; ya depuesto, la Corte Suprema de Justicia de Honduras anuló todos los juicios por corrupción en su contra (“… ‘chas gracias”). Creó el movimiento Frente Nacional de Resistencia Popular.

Nicaragua: Daniel Ortega, del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), presidente entre 1979 y 1990, se reeligió en 2007 y de nuevo para el periodo 2017-2021. Considerado dictador, tiene en llamas a su país.

Paraguay: Fernando Lugo, ex obispo católico, presidente de 2008 a 2012, embarrado en sucesivos escándalos de paternidad, manejó la economía de su país muy conservadoramente pero igual fue destituido del cargo por mal desempeño. Muchos países consideran que fue un golpe de estado (“Hello amigou”). Electo Senador (2013-2018); candidato a Senador de lista para 2018-2023.

Perú: Ollanta Humala, militar en retiro, presidente de 2011 a 2016; actualmente en libertad condicional, investigado por lavado de dinero en detrimento del Estado y de asociación delictuosa.

Uruguay: Tabaré Vázquez presidente (2005-2010), seguido por José Mujica (2010-2015), que cultivó con mucho éxito su personificación de la humildad. Tabaré declaró en 2009 que “(…) sería una actitud irreflexiva, incoherente e inconsciente de mi parte aceptar las propuestas, que cada vez cobran más fuerza, para que admita ir a una reelección (…); se reeligió para el periodo 2015-2020.

Venezuela: Hugo Chávez (1999-2013) y Nicolás Maduro (2013-2019)… sin comentarios.

Ahora en México, hay quienes desean que triunfe una rara izquierda mesiánica que por nuestra frontera norte, no puede ser. Como diría el Nuño Artillero: “hay que ler”.

 

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