Bateador de sacrificio: La Feria

SR. LÓPEZ

El viernes pasado fue la última conferencia vespertina sobre la pandemia de Covid 19. López Gatell, el doctor-novio de México, dejará micrófono y reflectores que al principio disfrutó a sus anchas y luego, poquito a poco, se transformaron en motivo de enojos, malas respuestas y desplantes. No importa la razón que llevó al Presidente a suspender esas sesiones de malabarismo verbal, es un alivio para todos: se agradece. Para informar a la población sobre la situación de la pandemia y la campaña de vacunación, la Secretaría de Salud puede emitir boletines o nada, que no les creemos mucho… bueno, más bien poco… en realidad, ya nada.

Se rumora que presidencia de la república buscará algún cargo en el extranjero para don Gatell-19, con ganas de alejarlo de legisladores preguntones, prensa incómoda y ciudadanos enchilados. Está bien, pueden mandarlo a la Luna, que igual regresará cuando termine el sexenio en poco más de tres años, plazo insuficiente para que el manto del olvido cubra sus hazañas.

La sociedad mexicana que en general no tiene tan robusto el sentido cívico ni el espíritu ciudadano, sorprendentemente, cuando de agravios se trata, tiene una excelente memoria. Cualquiera que nos conozca pensaría que a 53 años de los sucesos del 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco, estarían tan olvidados como el segundo apellido de Hernán Cortés (de Monroy), y no, año con año, se recuerda el hecho, igual que el ‘Halconazo’ del Jueves de Corpus de hace 50 años exactos, por el que un grupo de entusiastas acaba de ir a decorar las puertas de la casa de Luis Echeverría, quien no pudo recibirlos, porque está muy atareado preparando para el próximo 17 de enero su fiesta del primer centenario de nacimiento.

Por supuesto no se pueden comparar el tlatelolcazo ni el halconazo, con la pandemia del Covid-19. Las muertes en esos dos primeros casos fueron asesinatos, las del Covid-19 por una enfermedad, sí, pero por una enfermedad que se atendió con negligencia difícilmente discutible.

Y aunque no sean comparables, vale reflexionar en que si la indignación no desapareció en medio siglo por 44 muertos en Tlatelolco (con versiones de que fueron 400), ni por los 255 fallecidos no oficiales del Jueves de Corpus, es probable que los 229,580 difuntos por la pandemia que al viernes pasado reportó don Pandémico, queden durante siglos en los anales de la negligencia criminal mexicana. Si Echeverría en más de 50 años no logró quitarse de los lomos el sambenito de asesino, que la parentela de don Gatell se vaya cambiando de apellido, ya los frunció.

No es una afirmación ligera lo de la negligencia criminal con que se atendió esta pandemia. Ahí están los videos de don López Segundo (el primero es ya sabe quién):

11 de febrero, 2020: “El coronavirus nuevo se comporta como una enfermedad respiratoria de moderada a baja gravedad. Es más leve que la influenza estacional. Su proporción de muertes son menores a la influenza. No se necesitan hospitales especializados (…)” Este señor tranquiliza a un atropellado por un tráiler.

2 de marzo, 2020: “El cubrebocas es un elemento de tranquilización -sic-, pero no hay evidencia científica que muestre que realmente sirve. El uso del cubrebocas no sirve para protegernos”. Tan certero él.

16 de marzo, 2020: “Esta idea de hacernos todos la prueba (del Covid-19), parte de una visión completamente fuera de lugar (…)”. Lo dijo cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS), clamaba: “pruebas, pruebas, pruebas”.

16 de abril, 2020: “Fechas posibles para el pico máximo: entre el 8 y el 10 de mayo” (del año pasado, por si está distraído). Si don LG fuera apostador ya estaría en situación de calle.

27 de abril, 2020: “Usar cubrebocas tiene una pobre utilidad, o incluso, tiene una nula utilidad”. No es ignorante, es lambiscón, el Presidente no quería usarlo.

5 de junio, 2020: “El máximo de fallecimientos se redondea a 30 mil o 35 mil y un número catastrófico puede ser de 60 mil…”. Vamos, según López G. en más de 229 mil…  y no olvide que el mismo gobierno informó que hay un 44.8% más de difuntos, pero no los cuentan porque no fallecen en hospitales públicos.

11 de diciembre, 2020: “La velocidad de la epidemia cada vez es mayor y está en extremada aceleración”. Ya era tarde.

Dirá un bien pensado (nunca falta alguien así): a cualquiera se le va, ni que fuera adivino, ni modo que lo haya hecho a propósito. Sí, pero no es taquero López Gatell, es médico, especializado en Medicina Interna, maestro en Ciencias Médicas, doctor en Epidemiología, subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud. Y aunque fuera sastre, no hacía falta ser muy ducho, hacía falta nomás saber leer, escribir y oír:

El 11 de marzo de 2020, la Organización Mundial de la Salud, declaró que el Covid-19 era una pandemia; en conferencia de prensa, su director general, Tedros Adhanom Ghebreyesus, dijo: “(…) estamos profundamente preocupados tanto por los niveles alarmantes de propagación y gravedad, como por los niveles alarmantes de inacción (…) si los países detectan, prueban, tratan, aíslan, rastrean y movilizan a su gente, es la respuesta, aquellos con un puñado de casos pueden evitar que esos casos se conviertan en grupos, y esos grupos se conviertan en transmisión comunitaria (…)”. Luego, el mismo Adhanom, el 30 de noviembre de 2020, en conferencia de prensa se refirió a México: “(…) es muy preocupante (…) creo que esto muestra que México está en mal estado (…) es un problema muy serio, duplicar las muertes y los casos en tres semanas es una mala señal. Nos gustaría pedirle a México que sea muy serio”.

¿Sabe que respondió el pandémico Gatell?: “Es lo que le dice a todo el mundo”. ¡Ah, bueno!, qué tranquilidad, nada más que en esa fecha íbamos en 105 mil 940 muertos, ahora vamos en más del doble (con su copete del 44.8%).

El doctor LG no sabe que cargará cada una de las miles de muertes evitables; que él no importa, nada; y que en idioma beisbolero, el deporte favorito de su tótem, es bateador de sacrificio.

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