Caos y engaño: La Feria

SR. LÓPEZ

Tía Pepa (Josefina, lado materno-toluqueño, católica hasta el tuétano), vivía según ella, conforme a los ‘deseos de Dios’, sin nunca aclarar cómo se enteraba de ellos. Decían los señores de la familia que estaba loca, pero las señoras -todas católicas en el mismo grado Richter que la tía-, comentaban caritativamente que vivía en ‘su mundo’, dada su incapacidad para percibir la realidad tal cual; el primo Pepe -el menos recomendable primo que tenerse pueda-, decía que era hipócrita y mentirosa, sin explicar nada. Su marido, tío Venus (en serio), honró su nombre sumando varias casas chicas y un florilegio de hijos extraoficiales, aparte de los nueve que procreó con la piadosa tía; ella, tranquila y sonriente, no dudó nunca  de la fidelidad de su consorte ni durante los siete años que no durmió en su casa de lunes a viernes, porque tenía unos ‘asuntos’ en Tlaxcala; era tan dura de sesera la tía que siempre dijo que su hija mayor (Pepa Chica), tenía colitis nerviosa, cuando a los 17 de edad presentaba todos los síntomas de estar rotundamente grávida y ya nacido el robusto bebé, nunca hizo el menor comentario, le decía ‘hijo’ y lo registró como de ella y el tío. Ya para celebrar sus bodas de plata, al tío se le ocurrió morir, dejándola de 43 de edad y no malos bigotes. Dos meses después de inhumarlo cristianamente, tía Pepa contrajo nupcias en una capilla lateral de la Catedral de Toluca y hubo un escándalo enorme, no tanto por el brevísimo lapso entre ambos eventos, sino porque sus últimos tres hijos eran el vivo retrato del segundo marido. Tía Pepa, serena y con tono seguro, decía que Dios le había mandado a ese hombre. Pepe tenía razón.

Se llama ‘negacionismo’ al acto de negar la realidad para evadir una verdad incómoda. Los estudiosos dicen que es el rechazo irracional de lo evidente; también afirman que puede ser colectivo cuando algún sector de la población niega los aspectos negativos de un cambio político que apoyaron y se refugia en una mentira que siéndolo, les resulta más cómoda (o sea: no dan su brazo a torcer). Un ejemplo de negacionismo alejado de la cosa política, es la contumacia en sostener que la especie humana entera, desciende de una sola primera pareja, contra toda la certeza científica y en otro extremo, también es negacionismo la necedad en afirmar que toda la especie se originó en África, contra la abrumadora evidencia en contrario.

El término se acuñó para señalar la ‘negación sistemática e irracional de hechos históricos ampliamente probados y aceptados’; un ejemplo para ahorrar teclazos: el ‘negacionismo’ del Holocausto, por parte de los que sostienen que los nazis construyeron los campos de concentración para el más sano esparcimiento de sus huéspedes. Los hay.

De algunos años acá y por las actitudes y declaraciones de algunos políticos y sus seguidores, ya se usa ‘negacionismo’ para señalar la táctica de negación sistemática de la verdad y los hechos que contradicen los propósitos declarados y compromisos público: ante la evidencia contraria, recurren a la controversia radical, la distorsión de la realidad, las medias verdades, el manipular las posturas rivales, cambios de premisas, desprecio de la lógica y uso desaforado de los medios de comunicación, negando sus propios actos y declaraciones. El negacionismo exige mentir aun enfrentado a evidencias indiscutibles.

Así las cosas y dejando de lado decenas (o centenas) de ejemplos del pasado reciente, el Presidente López Obrador es un ejemplo perfecto de ‘negacionismo’ y para el que lo dude, ahí está su declaración de apenas este domingo pasado, en referencia a la multitudinaria marcha de protesta de FRENAA en la capital del país, diciendo que “(…) quienes ahora protestan son los que antes se dedicaban a medrar y a saquear al pueblo (…)”, y a mayor INRI, les ofrece a los marchistas todas las ‘garantías’ para manifestarse y la seguridad de que “no serán molestados” (cuando fotos y videos muestran de manera obvia que sí se mandó a la policía a contener su marcha pacífica -esta sí- rumbo al Zócalo, y se les ‘molestó’. ‘Negacionismo’ cinco estrellas: contra toda evidencia, declarar el exacto contrario a los hechos.

Muchísimos ejemplos de este negacionismo oficial podríamos poner. Habrá quien alegue que todos los gobiernos mienten y es cierto, la diferencia es cuando niegan hasta sus propios actos y dichos públicos y sabidos, como hace este gobierno.

Particularmente este Presidente miente, miente mucho y su apuesta a la credulidad del común de las personas, acierta: no poca gente se traga sus dichos pensando que es inconcebible que engañe al negar tantas cosas: la creciente inseguridad pública; la ruina a la que precipitó el sector salud; el crecimiento de la pandemia del Covid-19, el derrumbe de la economía, la militarización de la vida nacional; el atropello a la libertad de prensa; el acoso a críticos y manifestantes; el desprecio por las mujeres y los niños enfermos de cáncer. Se necesita cara de concreto armado con acero de alta resistencia. La tiene. Miente sonriendo, eso no lo puede reprimir.

Olvida un detallito el Presidente: la gente de este país está muy bien entrenada en el arte de hacerse taruga, mientras el mandón de turno tiene el poder y le pueden sacar dinero, aplauden y se hace mensos, pero no hay sociedades de tontos, la gente toma debida nota de mentiras, pifias, agravios, insolencias y atropellos. Y cobran la cuenta, ahí están las tristes expresidencias de tantos que en su momento disfrutaron de baños de pueblo y confeti, hasta que los alcanzó la realidad.

Otro detalle, Presidente: es mucho desgaste para menos de dos años en el cargo; son muchos los asuntos en que se le pondrán sus contradictorias palabras en plena cara; ya es casi imposible dar marcha atrás en la accidentada senda en que metió al país; no es solo FRENAA lo que se le opone, son muchos, en todo el país, en todos los estratos. Su gobierno lejos de transformador queda en la historia como sinónimo de caos y engaño.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *