Comer ansias: La Feria

SR. LÓPEZ

Este lunes, sí señora, sí señor, inició la campaña de vacunación masiva en esta tierra bendita de Dios. ¡Que se oiga esa banda!

En riguroso cumplimiento de la sacra palabra presidencial, noticieros de televisión, radio y portales de internet, reportaron que desde temprano hubo largas filas (‘colas’ les llamamos pero como nunca falta un malcriado, digamos ‘filas’), de ‘personas de la tercera edad’, listas a ser inoculadas con la vacuna que les permitirá evitar las fuertes emociones que proporciona el virus del Covid-19. Muy bien. Ya iba siendo hora.

El Presidente con esas sus dotes pedagógicas ralentizadas (nos habla despacito porque cree que oímos despacito, es un detalle fino de su parte), explicó que llegaron de la India, 870 mil vacunas marca AstraZeneca, compradas (¡que se oiga ese aplauso!), que se repartieron en 330 municipios, los más alejados, los más pobres, para que en 1,081 centros de vacunación, se apliquen a viejos y ancianos, que no son palabras soeces y lo de ‘tercera edad’ a este su texto servidor le suena a ‘edad de tercera’, viejos y ancianos, como son y a mucha honra.

También nos hizo saber el Presidente que esto ya no lo para nadie, que empezando ayer y hasta más o menos el 15 de abril, estarán vacunados todos los viejos y ancianos, aparte del personal médico y sus muchachos, esos que él llama con su exquisito sentido del humor, servidores de la nación (empleados de la Secretaría del Bienestar, sin plaza, sin prestaciones, peor que en ‘outsourcing’, dedicados a labores extrañas de registro y control de beneficiarios de ‘programas sociales’, que nunca hicieron falta ni ahora tampoco, pero ni modo de desaprovechar las ventajas electorales de andar repartiendo el erario).

No seamos mezquinos: llegaron vacunas y se empezaron a aplicar.  Ni el más relapso fifí, hereje reincidente en dudar de la pureza de la 4T, puede criticar o ponerle pegas a esto: ¿qué puede tener de malo que se esté vacunando a viejos y ancianos?: nada. Punto. Y el que se acuerde que exactamente lo mismo anunció el 10 de enero, diciendo que estarían vacunados todos los ancianos para el 30 de marzo, no tiene perdón de Dios; peor el que ande de memorioso recordando que el 24 de diciembre nos hizo saber, triunfante, que ese mismo día iniciaba el plan de vacunación, con la aplicación de 3 mil dosis (¡hosanna en el cielo!), porque “vamos a garantizar este derecho a la salud con vacunas para todos los mexicanos” (si ya casi siente uno el piquetito), aclarando el señor Presidente: -“Pfizer está cumpliendo con el acuerdo que realizó con el gobierno” -bueno ya luego no, pero eso no es cosa de él, seguro no lo dejaron leer el contrato los de la Cancillería, ya ve que es documento confidencial.

Como sea, ya lo pasado, pasado, ya olvidamos, ya olvidamos. Lo que interesa es que ahora sí ya va en serio.

Nada más que los viejitos que desde el 2 de febrero hicieron la lucha para registrarse en el portal de internet súper especial de la Secretaría de Salud, que tanto trabajo costó hacer y que funcionara, ya pueden tirar a la basura su inscripción, porque la vacunación es por apellidos y conforme lleguen a la fila (que no ‘cola’); no hay citas ni nada, como en las tortillas; y las 870 mil vacunas que llegaron, alcanzan para vacunar en promedio a 804 viejitos por centro… ¡híjole!

Un detalle raro es que el Presidente crea que hay que vacunar a 15 millones de viejitos, aunque el Inegi en el censo recién emitido, haya contado nada más a 12 millones de mayores de 60 años (5 millones 300 mil de mayores de 70 años y 6 millones 700 mil de entre 60 y 69 abriles… no sean gachos, díganle al Presidente, a menos, claro, que se trate de hacer aparecer más vacunados que viejitos).

Otra cosita, dicha de buena fe, es que esta vacuna es de dos aplicaciones. El esfuerzo titánico (no se ría), acabará en nada si no se aplica a tiempo la segunda dosis… seguro llega, no tenga pendiente.

Una cosa que tampoco se entiende, seguramente porque uno no sabe de epidemiología, es que según dijo ayer el Presidente, vacunar a los “adultos mayores” y el personal médico de áreas Covid-19, reducirá la mortalidad por este maldecido virus, en un 80%… ojalá el doctor López Gatell tenga la amabilidad de explicarnos cómo se reduce la mortalidad en 80% si se vacuna al 9.5% de la población (que ese porcentaje son los mayores de 60, sobre el total de 126 millones 14 mil 24 tenochcas que habitamos esta tierra de hombres cabales). A lo mejor sí, uno no sabe, pero sería buen detalle que nos dijeran, porque resulta que según informó el mencionado doctor Soñado -‘es un sueño’, declaró el Presidente, y uno no es nadie para dudar de su Alta Palabra-, la edad promedio de los que mueren a causa de Covid-19 en México es de 55 años.

Efectivamente y eso, siempre según el hablantín doctor López Gatell, es porque mueren más entre los que tienen ‘comorbilidades’ (término que ya usamos todos como si supiéramos qué es), como la diabetes, sobrepeso e hipertensión y nomás para ver cómo nos quedaba el ojo, agregó: “(…) tres cuartas partes de los mexicanos tienen sobrepeso u obesidad (…)”, y eso es el 75% de la población; pero como en los infames infomerciales, agregó remate de pecho: “(…) y tenemos 33% de las personas menores de 18 años con sobrepeso y obesidad”.

Y ya no entiende uno nada: ¿no eran los viejitos los que palmaban más?… no, son los que tienen comorbilidades… entonces ¿qué lógica tiene vacunar por edades?, para ni mencionar que pudiera ser de alguna utilidad vacunar primero a los que salen a la calle a trabajar (y regresan a infectar a los viejitos de sus casas)… pero eso ya es opinar de más, doctores tiene el gobierno.

Bueno… es demasiado pensarle a algo de lo que no tenemos información completa, verificable, porque eso es lo único seguro: no nos están diciendo la verdad y otra vez, habremos de esperar a que el tiempo saque la verdad a flote; según lo que nos dicen vamos a tener vacunas para aventar para arriba… después, no hay que comer ansias.

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