Cubetadas de babas: La Feria

SR. LÓPEZ

Tío Cadmo era agente viajero; tía Lupita, su esposa, estaba acostumbrada a sus prolongadas ausencias del domicilio conyugal, a pesar de las cuales procrearon nueve hijos. Ya cincuentones, con todos los hijos casados, en uno de los periplos de su esposo, la tía encontró en el buzón un sobre con la foto nupcial de su esposo con una joven dama desconocida (para ella). Tía Lupita no era arrebatada pero cambió la chapa de la puerta de su casa. A su regreso, tío Cadmo tuvo que timbrar, salió la tía y sin alzar la voz -ni dejarlo entrar-, le plantó la foto en las narices diciendo una sola palabra: -Lárgate -pero el tío, que hablando era invencible (era vendedor), se defendió mencionando su puntualidad con el gasto en más de 30 años de matrimonio; lo que lo querían sus hijos, yernos, nueras y nietos; que tenían casa propia y no debían un quinto; lo bueno que había sido con sus ya difuntos suegros… y después de hablar y hablar, la tía dijo dos palabras: -Lárgate, cínico –y ya.

El Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, Inegi, fue creado hace 37 años por decreto presidencial; es un organismo del Estado mexicano regido por la Ley del Sistema Nacional de Información Estadística y Geográfica.

Aunque a veces parece que nuestro país es un muégano de improvisaciones con todo suelto y al ‘ahí se va’, resulta que no, no es tan así. El Inegi lo prueba. El Instituto mide y cuenta todo lo medible y contable del país. Su prestigio es mundial, por eso ha recibido reconocimientos internacionales como la certificación del Fondo Monetario Internacional por la instrumentación del Sistema de Cuentas Nacionales de Naciones Unidas, que han recibido muy pocos en el mundo (EUA, Canadá y Australia). El Inegi es cosa seria.

Pues, así las cosas, antier el Inegi presentó los resultados de su segunda Encuesta sobre el Impacto Económico Generado por Covid-19 en las Empresas: un millón 10 mil 857 de micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) quebraron y cerraron, con un estimado de tres millones de personas desempleadas.

El dato es relevante por estar asociado directamente al apoyo otorgado por el gobierno federal a las empresas en la crisis económica que ya teníamos desde el 2019 y se agravó por la encerrona general a que obligó la pandemia. El 94% de esas empresas, las mipymes, no han recibido ningún apoyo; es grave, solo las pequeñas y medianas empresas generan el 72% de los empleos y el 52% del PIB (dato de Banamex). Las grandes empresas suman el 15% de los empleos (según la Secretaría del Trabajo).

Por orden directa del presidente no se brindó apoyo a las empresas en general, no habría un rescate que sería ‘otro Fobaproa’, se apoyaría a los pobres, los más pobres y ellos se encargarían de reactivar la economía desde abajo. Y ese apoyo a los de abajo equivale al 0.7% del PIB… algo no checa, parece que se nos presenta como apoyo por la pandemia parte de lo ya dispuesto en los programas sociales.

En el resto del mundo los gobiernos, sin prejuicios ni dogmas políticos, han destinado ingentes cantidades de dinero a reflotar sus economías. Japón, el 21% de su PIB; el Reino Unido, 17.7; Francia, 15.2; Alemania, 14.2; Italia, 12.7; EUA, 10.5… como no faltará quien diga que ellos pueden porque tienen con qué, comparemos con Perú, que destinó el 9.8% de su PIB a mitigar los efectos económicos de la pandemia; Paraguay, 6.5; Honduras, 2.1 (tres veces más que México); El Salvador, 1.3, casi el doble que nosotros con nuestro 0.7% (que habría que ver si siquiera es cierto).

Ya con los fríos datos numéricos obtenidos por el Inegi sobre la catástrofe económica provocada por la necedad presidencial de dejar a su suerte a las empresas, sin pensar en que la inmensa mayoría son negocios familiares, talleres, tienditas y fondas, ayer nuestro Presidente, cuando en su madrugadora le pidieron comentario sobre ese espinoso informe, contestó… ¿qué cree que contestó?… ¡claro!, que él tiene otros datos:

“No, pues no conozco el informe, tengo otros datos. Yo tengo información de que no se nos ha caído el consumo, de que estamos recuperando los empleos, no tenemos escasez de alimentos, no hay carestía de la vida, no hay devaluación del peso, no nos hemos endeudado”.

Pobre hombre, ya ayúdenlo… de veras, que alguno de sus cercanos le explique con paciencia que el consumo en México ha caído, claro que ha caído, la economía está en recesión: para este año se estima que tendremos un decrecimiento del 9.1% del PIB y el mismo Inegi en su informe de mayo ya reportaba una caída del consumo del 23.5%, nuestra peor caída desde hace 27 años.

Que le aclaren que los empleos recuperados no suman los perdidos, que su propia Secretaria del Trabajo declaró que confía se recuperen los empleos en marzo del próximo año, aunque la OCDE estima que eso se logrará en 2023.

Que sin provocarle sobresaltos le cuenten que eso de que no hay escasez de alimentos ni carestía es una inexplicable convicción de él, claro que hay alimentos, pero todo es más caro y el Coneval, que es gobierno, informó apenas este 5 de agosto que el 69% de mexicanos no tiene acceso a canasta básica, esto es: los que tienen empleo, con lo que ganan de sueldo no comen completo. ¡No hay carestía!

Que intenten hacerlo entender que el peso no se devalúa nunca, está en flotación y su precio respecto del dólar ha bajado porque hay una inundación de esa moneda en nuestro país. Y por último, que don Herrera, sin miedo, trate de hacerle ver que por supuesto ha crecido la deuda y que ahora está en un nuevo récord histórico, según el informe trimestral de finanzas públicas de Hacienda, pues al cierre de junio representó el monto más elevado desde el año 2000, y también según Hacienda, al fin del primer semestre de este año el Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público, fue de 12.07 billones de pesos, el 52.1% del PIB anual.

Por último, que alguien de su confianza, sin ofenderlo, le haga ver que los incendios no se apagan con cubetadas de babas.

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