Del amor al odio: La Feria

SR. LÓPEZ

La prima Estela (lado materno-toluqueño, guapilla), se casó y se divorció dos hijos después, pero con tan buena suerte que antes de tres meses encontró al segundo, con quien incurrió en matrimonio un poquito pisando la ley, por ser tan reciente el divorcio. Como sea, se casó. El segundo esposo, llevaba un palmarés de tres previos divorcios, pero eso se supo luego del trepidante y extraño caso sucedido con Estela, quien poco antes del año dejó al segundo y volvió con el primero. Dirá usted que no es tan raro y lleva razón, pero sí lo es que hayan firmado nueva acta de matrimonio y hecho una fiesta un poquito fuera de lugar, pero la hicieron, en grande y partieron de Luna de Miel. La prima explicaba que su segundo marido todo el tiempo mencionaba al exmarido, le pedía que lo comparara con el ya ausente y a fin de cuentas, tenía celos del anterior, en particular en cuestiones relativas al intercambio lúdico de secreciones corporales propia del matrimonio… hasta que logró que ella efectivamente, lo comparara y se preguntara por qué lo había dejado, cosa que le preguntó por teléfono y ambos coincidieron en no saber la razón, por lo que decidieron volver, tan quitados de la pena: -El me hizo darme cuenta que es buen hombre y mucho mejor en ‘esas cosas’ –decía Estela, muy recatada.

En la historia del planeta no se ha sabido de nadie que mate muertos, aunque hay una excepción: el papa Formoso fue exhumado en enero de 897, nueve meses después de fallecido,  juzgado y ejecutado (el cadáver)… y por segunda ocasión en el año 904, desenterrado de la Basílica de San Pedro, juzgado otra vez, se le volvió a declarar culpable y en esta vuelta echaron los huesos al Tíber; lo traían de encargo. Fuera de ese caso, que sepa el del teclado, no ha habido otro… bueno, no había habido: el cadáver político del PRI va mal, lo vuelven a juzgar y mandar a la picota casi diario desde el 1 de diciembre de 2018. ¿Miedo?

La Mañanera de este lunes la impartió nuestro Presidente desde el otrora ‘Hangar Presidencial’, exhibiendo triunfalmente el cadáver del dragón vencido -el maldecido avión presidencial, el TP-01 José María Morelos-, para insistir en tema tan trillado como el lujo excesivo del aparato y que es un insulto al pueblo. Tan original planteamiento mantuvo con el aliento contenido a los morbosos asistentes, entre los que debe haber uno al menos que pensaba: qué es más desperdicio, tener el avión y no usarlo y peor todavía, mantener la nave en el extranjero gastando 78 millones de pesos, según informó el Secretario de la Defensa en su intervención en la histórica Mañanera en la que nos hizo saber que sale más caro tenerlo acá (según él, guardarlo en México hubiera costado 160 millones de pesos… ¡cosa más grande!, exclamaría Trespatines, mirando socarrón al Secretario de la Defensa Nacional… algo no checa).

Insistir en este tema propio del ridículo involuntario es casi alarmante. Ya ganó la elección, señor-Presidente; el PRI, Peña Nieto y compañía, ya arriaron banderas, ya los derrotó; desde seis meses antes de su toma de protesta al cargo, le entregaron los trastes y se pusieron en el burladero a verlo hacer y deshacer; cómo para qué le sigue dando de tiros al cadáver de sus adversarios políticos. Él sabrá.

Los señores de la prensa se treparon al avión y hasta videos tomaron. Los que se espanten de los lujos de esa nave, una de dos: o son clientes frecuentes del Flecha Roja o son unos hipócritas. Algún día verán lo que es lujo, Dios castiga sin palo y sin cuarta. La adquisición del apestado avión que se hizo en tiempos de Calderón, para sustituir aeronaves que de viejas era casi milagro que volaran, en su momento fue avalada por la Secretaría de la Defensa Nacional, como un asunto de seguridad de Estado (y compraron uno usado como avión de pruebas por la Boing, a buen precio, no se crea que fue por catálogo con entrega a domicilio).

Que era cosa de seguridad de Estado tiene algún sustento, después de la muerte en pocos años de no tan pocos funcionarios en accidentes aéreos: el 21 de septiembre de 2005, el secretario de Seguridad Pública Federal, Ramón Martín Huerta; en febrero de 2005, el gobernador de Colima, Gustavo Vázquez Montes; el 4 de noviembre de 2008 en plena CdMx el secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, acompañado por el secretario Técnico para la Implementación de las Reformas Constitucionales en Materia de Seguridad y Justicia Penal, exzar antidrogas de la PGR, José Luis Santiago Vasconcelos; el 11 de noviembre de 2011, ¡otro secretario de Gobernación!, José Francisco Blake; el 24 de diciembre de 2018, la gobernadora de Puebla, Martha Erika Alonso y su marido, el senador Rafael Moreno Valle, exgobernador de esa entidad (y no se mencionan los funcionarios o no funcionarios que fallecieron junto con ellos, no por falta de respeto sino de espacio). La conclusión es que sí, volar tiene sus riesgos y entre menos riesgos corra la vida del Presidente de la república, mejor, para que ratifique usted lo sabio que se ha vuelto este López.

Pero, no, ahora resulta que los aviones comerciales le ofrecen la misma seguridad a nuestro Presidente y hay que hacer como que no hubo nada más en 2018, quince accidentes aéreos con 556 fiambres (y el año anterior, 2017, 10 aviones se precipitaron a tierra; en 2016, trece). No es esto una invitación a viajar en bicicleta o en barco, volar sigue siendo lo más seguro (digo, en promedio hay un accidente aéreo fatal por cada 2.5 millones de vuelos… nada mal). Pero el punto es otro: no es lo mismo un accidente en tierra que caer de tres mil metros de altura; si le toca, mientras vaya para abajo piense si es lo mismo. Ni parecido.

Este constante repetirnos que el pasado nacional con los fifís neoliberales, era una pesadilla y fiesta de corruptos, tiene el riesgo de que entre nosotros los orgullos integrantes del peladaje tenochca, puede empezar a darse un fenómeno de comparación, de la que la 4T no sale tan bien parada… y hay un paso del amor al odio.

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