Destino: La Feria

SR. LÓPEZ

Del lado materno toluqueño hubo una tía Tita cuyo tipo de sangre era Atole RH positivo; y su esposo, tío Lauro mantenía la cordura gracias a la ingesta diaria de “Valemadrina Fortex” (jarabe en diferentes presentaciones: tequila, mezcal, ron), cuyos efectos son siempre iguales: nada preocupa al paciente). De ello, resultó que a sus cinco hijos varones, los dejaron hacer toda su infancia, toda la adolescencia y de grandes también, lo que les viniera en gana, entre otras cosas, pelear, pero pelear en serio, a matarse, que a cada uno conocían por su nombre en la Cruz Roja. Pasados los tíos Tita y Lauro al definitivo estado de fiambres, los cinco hijos recibieron por herencia a partes iguales, la ferretería inmensa con la que su padre toda su vida barrió dinero. La familia materna completa, alzó las orejas y abrió más los ojos, atentísimos a los previsibles sucesos por venir y efectivamente, en menos de tres años la ferretería quebró, los cinco ya estaban denunciados penalmente entre ellos y todos andaban a salto de mata evadiendo cobradores, juicios laborales y juicios de embargo. Por peleoneros y avorazados. Música de fondo, Emmanuel: todo se derrumbó.

La especialidad política de la izquierda en México (lo que sea que sea la “izquierda”), es la desunión, el pleito y debilitarse a sí mismos. Nada más una probadita (datos honorablemente fusilados del libro: “El Futuro es Nuestro. Historia de la Izquierda en México”, de Carlos Illades; citados a su vez por Salvador Hernández Vélez, el 12 de octubre de 2018, en la Vanguardia, fue viernes), tome nota:

En el siglo XIX, Ponciano Arriaga, Ignacio Ramírez y Manuel Altamirano, liberales raros a los que preocupaba la cuestión social que en México era para soltar llanto con baba, convocaron para febrero de 1861 a grupos representantes de corrientes de ‘izquierda’ del extranjero; trajeron ‘marxistas’; ‘sindicalistas’; ‘blanquistas’ (seguidores del francés Louis A. Blanqui, muy poderoso y que quería instalar en su país la república y luego el comunismo); ‘cartistas’ (así le decían en Gran Bretaña a los que apoyaban la ‘Carta al Pueblo’, que pedían cosas muy sensatas, la verdad, pero les endilgaron la calidad de socialistas); ‘fourieristas’ (seguidores de François Fourier, socialista francés de la primera parte del siglo XIX, uno de los padres del cooperativismo, feroz crítico del capitalismo); ‘proudhonianos’ (fieles a las ideas anarquistas del francés Pierre-Joseph Proudhon, filósofo revolucionario, seguido por los temibles Bakunin, Kropotkin y Malatesta); y owenitas (corriente socialista fundada por Robert Owenopuesto a la lucha de clases, activoentre 1820 y 1870, en los EUA y la Gran Bretaña). Y ya invitado ese surtido rico de distintos moles, de distinto picor y sazón, hizo su arribo a México en febrero de 1861 Plotino Constantino Rhodakanaty (socialista y anarquista griego, que participó mucho en el movimiento campesino en México durante el XIX). Siete corrientes de pensamiento con siete diferentes propuestas de acción, y un anarquista griego. Fácil se iban a poner de acuerdo en algo.

Ya en el siglo XX, Felipe Carrillo Puerto al frente del Partido Socialista Obrero de Yucatán, organizó y realizó el Primer Congreso Obrero Socialista del 29 al 31 de marzo de 1918, en Motul (Yucatán, que pasó a la historia no por eso sino por los huevos, cosas de la vida); luego del 25 de agosto al 4 de septiembre de 1919, en la capital del país y sin hacerle caso a don Carrillo, Antonio Díaz Soto y Gama, Ricardo Flores Magón y otros, organizaron el Primer Congreso Nacional Socialista (con propósitos anarquistas-comunistas… bueno, eran sus ideas).

Terminada la Revolución mexicana, en la Constitución se incorporó no poco de las más sentidas demandas de la ‘izquierda’, por lo pronto, todo el artículo 123 (el del trabajo), y se organizó una gran central obrera, la Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM), al mando de Luis N. Morones (líder con toda la barba, gente de Plutarco Elías Calles; expulsado del país por Cárdenas papá… agüita pa’l calor).

Luego el propio gobierno organizó en 1936 la Central de Trabajadores de México (CTM), al mando de Vicente Lombardo Toledano, cerebro brillantísimo de la izquierda -fifí, él sí, y  de amplias alforjas-, que dio al traste con el movimiento obrero mexicano que quedó en manos del descaradamente gobiernista Fidel Velázquez.

Hubo luego otros destacados izquierdistas: Othón Salazar Ramírez (1924-2008), líder en 1956 del movimiento magisterial de masas más grande que haya visto México, a quien el gobierno apresó y lo soltó a los tres días… mansito, prefiriendo ya la ‘via electoral’; murió muy pobrecito el pobrecito.

También dio lata Rubén Jaramillo (1900-1962), quién llamó a una nueva revolución porque la de 1910 ya no servía (bueno, eso decía).

Luego hubo borlotes varios, todos sofocados a tiros.

En 1960 los estudiantes sufrieron un ataque de patriotismo de izquierda: el 21 de octubre inició la huelga en Chilpancingo. Después se agitaron las universidades de Michoacán (1966), la UNAM (1966) y la de Sonora (1967). Y llegamos al ‘movimiento del 68’. Sin novedad en el frente.

Lo del EZLN estalló hasta el 1 de enero de 1994, aunque se organizó desde noviembre de 1983. Resultados conocidos. Ahí siguen (y se limpian con Morena).

Del lado de la gente de izquierda que prefirió los votos en vez de las balas, se encuentra uno con un muégano que hace honor a su origen: PCM, PFCRN, PSUM, PST, PRD, PT -un ratito-, Morena.

El triunfo de Morena no es efecto de esas causas, sino resultado de los desatinos de la oligarquía… y ahora, Morena no acaba de cuajar, Yeidckol Polevnsky mediante, más las imposiciones del propio López Obrador (Claudio Sheimbaum, por ejemplo), desdeñando gallos como el senador Monreal.

Origen es destino. La izquierda pareció imponerse a inicios del siglo XX y se comieron entre ellos. Ahora, los de esta versión de izquierda con economía neoliberal, ya se devoran entre sí mismos. En 2024 los alcanza el destino.

 

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