El Chavo del Ocho: La Feria

SR.LÓPEZ

Tío Alfredo era igualito al Quijote de la Mancha (como sale en el cine), altísimo, flaco como flauta, barbita de chivo, sentencioso y soñador (no en cosas de caballería sino de religión: su fe hubiera asombrado un concilio vaticano); y su esposa, tía Rosa, idéntica a Sancho, chaparrita, gorda (mismo alto que ancho), y con un sentido común como un tractor. Así eran y no tuvieron hijos. También se parecía tío Alfredo al Quijote, en lo pobre, tanto, que según tía Rosa en su casa no había cucarachas porque no había qué comer. Él trabajó 40 años en la oficina de Correos de Toluca (iba en bicicleta), y siempre en el mismo escritorio, hacía lo mismo: nada; y en esa proporción le pagaban. Tía Rosa vivía diciéndole que no alcanzaba ‘el gasto’ y él vivía contestándole que no, porque no le rezaba con fe a San Judas. Tía Rosa bordaba, hacía pasteles y vestidos para Primera Comunión y quinceañeras, todo, con tal de ganar algo, pero una vez cayó en cama y cuando ni para la medicina tenía, le rogó a su marido que consiguiera prestado, que empeñara la máquina de coser, la bicicleta, que hiciera lo que fuera y el tío, conmovido, se sentó y después de un largo rato mudo, exclamó: -¡Ya! –la tía preguntó ‘ya qué’ y él  dijo -vamos a seguir con la novena a San Judas pero ahora, también a San Joaquín, papá de la Virgencita… -fue la única vez que le dijo una grosería a su marido, respecto de su mamá, de él. Para cuando se enteró la familia y la hospitalizaron, era tarde: murió y el tío Alfredo explicaba: -Es que no rezaba con fe –los hay.

Ayer el Presidente anunció que emitiría el mismo día el decreto en que se detalla el plan para atender la crisis económica derivada de la emergencia sanitaria por el Covid-19 y la caída del precio del petróleo, vigente durante el resto del año. Para evitarle la incomodidad de leerlo sepa que es una torta de migajón, un taco de tortilla: lo mismo, con el añadido de otro poco de lo mismo: austeridad, austeridad y el pobrismo como meta nacional. Muy lejos de un programa de contraataque en el que el gobierno fuera líder.

El Presidente en vez de anunciar un plan que resucitara la esperanza, aprovechó para hacer gala de su invencible terquedad y remachar que sigue con sus planes originales, el gasto en programas sociales y todas sus grandes obras, además de sus cien universidades (¡100!); junto con tres millones de créditos a los más pobres y la clase media (media clase, que no es lo mismo), y la creación (mágica) de dos millones de empleos, con lo que según dijo, queda atendido el 70% de la población. Fácil.

Y por si piensa usted que este menda exagera, entérese que dijo: “Vamos a demostrar que hay otra forma de enfrentar la crisis sanitaria, la crisis económica o de cualquier índole, cualquier tipo de crisis, siempre y cuando no se permite la corrupción, se fortalecen valores y principios como el humanismo y se gobierne para y con el pueblo” (sic, así habla, uno qué).

O sea: el mundo está equivocado, que tome nota, la solución a esta crisis que se anuncia terrible, tal vez parecida a la del ‘Crack del 29’, no es la que los economistas de Europa, EUA y Asia, han puesto en marcha, no señor: el secreto lo tiene México: todos portándonos bien, todos recitando la Cartilla Moral, mientras el gobierno gobierna ‘para y con’ el pueblo (un día de estos que nos digan qué es eso, el pueblo, porque parece que no forman parte de eso algunos culpables de riqueza y éxito).

Recortar el gasto público, bajar sueldos y quitar aguinaldos y prestaciones (que habría que ver si es legal), repartir a puños dinero a los más necesitados (sin soñar en fomentar la creación de empleos), es ayudar a que la crisis sea peor. Cerrar la puerta a las grandes empresas, las que más gente emplean, las que más producen y más impuestos pagan, parece (es) suicida. Y todo, adornado con el esperpéntico moño de pelearse con los países productores de petróleo. ¡Chulada de ‘máiz’ prieto!

Pero esto no es un paisito ni caballito de feria. México es un país cuya economía importa al mundo y es caballo muy bronco que ha quebrado el costillar de otros igual o más bragados que nuestro señor de Macuspana.

Un botón de muestra: el Banco de México (BM) no se dejó mangonear y no solo su Gobernador le dijo que no al Presidente -que quería un adelantito de dinero contra los remanentes del año… aunque estemos apenas en abril-, y la razón para decirle NO fue que es ilegal, punto. Y no solo eso sino que sin consultarlo ni temblarles el pulso, bajaron la tasa de interés 0.5% y le inyectaron a las finanzas nacionales 750,000 millones de pesos… y siente uno calientito en la barriga: sí hay quien tiene la cabeza (y las gónadas) en su sitio. Crédito más barato y una catarata de dinero. ¡Uf!

Para que calcule usted el tamaño de lo que hizo el Banco de México, equivale al 3.3% del PIB, en tanto que el plan presidencial alcanza el 0.3% de eso mismo, el PIB. El Banco de México tomó decisiones que son once veces más que lo que va a hacer el poderosísimo Ejecutivo Federal (1,100% más de lo que en su mejor esfuerzo, anunció ayer el gobierno).

Son diez decisiones concretas del BM entre ellas una que abre la posibilidad de obtener liquidez también a los corporativos de grandes empresas y el propio gobierno, y otras que amplían la liquidez de recursos a la banca comercial para que otorgue crédito a micro, pequeñas y medianas empresas… y para que los especuladores no nos anden manipulando en las noches el tipo de cambio respecto del dólar, el BM operará en el mercado las 24 horas (nada tarugos).

Sume a esto lo que ya varios gobiernos estatales hacen. Agregue las medidas que por su lado adoptan las empresas y sus organizaciones. Hay lugar para un moderado optimismo. Falta ver qué hacen las entidades financieras internacionales en donde también van por su lado, junto con la Secretaría de Hacienda … y ante todo esto, el peso de la presidencia se aligera, se hace leve, disminuye y se hace chiquito, lástima, de Juárez a… el Chavo del Ocho.

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