El cuento fantástico: La Feria

SR. LÓPEZ

A tío Lencho -lado paterno autleco, de mero Jalisco-, lo quería todo mundo, del gendarme de la esquina a don Martín (el gallego dueño de “La Coruña, Ultramarinos Finos”), de sobrinos políticos a primos lejanos, a todo mundo caía bien, pero nadie lo tomaba en serio. De joven estudió medicina, derecho, ingeniería y ciencias sociales; no terminó ninguna carrera y gracias a que le sobraban amigos vivía sin trabajar, de ‘aviador’ en varias nóminas de gobierno. Luego conoció a un político muy poderoso, Regente de la capital del país -gracias a un compadre suyo que era su chofer-, le cayó bien como le caía a todo mundo, se hicieron amigos y el político le bautizó un hijo. Ya compadre de aquél, tío Lencho fue nombrado jefe de una Delegación de las importantes (hoy alcaldías). Llegó el cambio de sexenio y aquel poderoso político quedó de Secretario de Estado y el tío Lencho de Oficial Mayor. Nuevo cambio de sexenio y el político se fue de Embajador con tío Lencho de agregado cultural. En el siguiente recambio presidencial, “por cosas de la política”, tío Lencho se retiró de la vida pública, puso una fábrica de uniformes y después de quebrar, tuvo y arruinó una tintorería, una  licorería, una panadería y ya de viejito, vivía otra vez muy bien de dar conferencias sobre el matrimonio cristiano en varias parroquias, porque se había hecho muy amigo del señor Cardenal (le caía siempre bien a todos). La abuela Elena una vez dijo: -Es para lo único que sirve Lorenzo, para el cuento –era cierto.

El día de mañana, el presidente de la república presentará su segundo informe de gobierno. ¡Padre!

Para ir abriendo boca, desde la semana pasada se emitieron algunos ‘tuitazos’ y dos ‘spots’, en los que nuestro Titular del Poder Ejecutivo, Jefe de Gobierno, Jefe de Estado y Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas (que es todo eso y constitucionalmente está definido como un poder unipersonal), más que anticipar parte de lo que informará al pueblo de México (a todo el pueblo, no nada más al bueno), hace arengas que recuerdan los tiempos aquellos en que anduvo en campaña. Pero no seamos mezquinos ni mal pensados, está requetebien que el Presidente nos recuerde que “primero los pobres” (ya luego nos dirán o nos daremos cuenta de en qué iban mano los más amolados).

En uno de sus tuits nos hace saber: “Tras la emergencia sanitaria que atraviesa nuestro país, el pueblo de México se está levantando. Unidos, es posible reactivar la economía”.

Ya era hora, bendito sea el Dios en que cada uno crea: el Presidente ya entendió que “unidos”, salimos de esta; ergo: desunidos no. Ahora la cosa es saber cómo le piensa hacer para unir lo que él desunió (“No se puede unir lo que separó el Presidente”, reza el evangelio de Morena). Sí, inesperadamente, a partir del 1 de diciembre del 2018, en esta nuestra risueña patria nos venimos a enterar que habíamos varios tipos de mexicanos y que estábamos peleados unos con otros: chairos contra fifís, conservadores contra liberales, empresarios contra el gobierno, pobres contra ricos, prensa libre contra prensa oficial y, no se le olvide, deportistas extravagantes contra la justa medianía que al Presidente le parece adecuada para todos nosotros los tenochcas simplex del pueblo bueno: un par de zapatos -se recomiendan marca Crucero o ya peligrosamente cerca del lujo, Flexi-, un cambio de ropa y un auto austero, nos prescribió el Ejecutivo para vivir felices… ¡viva la 4T!.

En otro tuit, El Cordero de Palacio que quita los pecados del capital, arenga: “Humanismo, sí; egoísmo, no. Solo siendo buenos podemos ser felices”  ¡Aleluya, aleluya!… ¡Hosanna en las alturas!… no lo olvide, solo siendo buenos podemos ser felices; no sea egoísta, la inseguridad pública, la pandemia, el desempleo, de nada de eso depende la felicidad. Sea bueno y ya verá ¡qué felicidad!; no preste oídos a esos conservadores enemigos de la transformación del país que comentan entre dientes que el Presidente no tiene facultades para hacernos felices, ni es parte de su mandato, y que lo único que tiene que hacer es cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes que de ella emanen, y desempeñar leal y patrióticamente su chamba, que si lo hiciera no hubiera espantado a los inversionistas ni dejado quebrar a los medianos, pequeños y micro empresarios, digo.

Ya en estas, para saber a qué nos vamos ateniendo, tenga muy presente que apenas el pasado 25 de agosto, en su gustado programa matutino de variedades, nuestro Presidente apacentando su grey, dijo a sus discípulos:

“Tienen esa mentalidad conservadora de que el pueblo no debe de recibir nada; pues fue aquello que inventaron de que en vez de darles el pescado, había qué enseñarlos a pescar. Si no hay agua, si no hay pescado… ¿Que se mueran de hambre? Qué no, si tiene uno una mascota, un gatito, un perrito, tan fieles, con tantos sentimientos, ¿qué no lo cuida uno?, ¿no le da uno de comer? o le dice ‘a ver, vete tú a buscar tu comida, aprende’”.

¿Entendió?… nosotros tan fieles, con tantos sentimientos, pasamos de pobres a mascotas del Presidente… nos va a dar nuestra comidita, seguro, y hasta palmaditas en el lomo (se vale ronronear o mover el rabo, agradecidos).

En la misma matiné, para que nadie se permita dudar de que nos habla con la verdad, anunció: “El 1º de diciembre voy a informar cómo ya es otro gobierno completamente distinto y cómo también ya se empiezan a establecer nuevos hábitos en el quehacer público”.

No queda sino concederle razón: ya es otro gobierno completamente distinto (no mejor, eso es otro tema, no sea fifí), y sí ya establece nuevos hábitos en el quehacer público: antes no se alardeaba de las metidas de pata, no se fomentaba la crispación del país y los operadores políticos los pagaba el gobierno con el erario a escondidas, no descaradamente como ahora, llamándolos Servidores de la Nación.

Nunca un informe presidencial ha sido tan innecesario y él no sabe lo peor: se le está desgastando su cuento, el cuento fantástico.

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