El pretérito imperfecto: La Feria

SR. LÓPEZ

A tía Marcia en Autlán, le decían Macha, por su modo. Era grandota, de joven fue hermosa, pero de grande, un macizo cetáceo bípedo que a su paso hacía vibrar los candeleros y ventanas de su casa. Para que entienda lo de su modo, sepa que bajo sus amplias faldas, siempre llevaba un revólver Colt 45 y en el pueblo no eran secreto las veces que se las había levantado con habilidad y buena puntería. Viuda entre rumores de serlo por una alzada de faldas, quedó con un rancho ganadero que manejaba ella sola, y con cinco hijas, frondosas como ella. Cuatro se casaron con garrudos donceles del rumbo que la hicieron abuela muchas veces. La quinta contrajo nupcias con un petimetre de Guadalajara, dedicado a gastar su herencia sin trabajar. A tía Macha no le gustaba, pero no dijo una palabra. Pasado un año fue a verla a Guadalajara para saber cómo estaba porque no ‘encargaba’. Su hija le pidió paciencia. Pasó otro año más, tía Macha regresó y su niña muy mortificada le informó que seguía igual que antes de casarse. Tía Macha no pidió detalles, no hacían falta. Esperó hasta tarde en la noche la llegada del yerno, se alzó las faldas, desenfundó y le dijo: -Le cumple ahorita a mi niña o me dice la verdad, porque de hoy no pasa que se resuelva esto –y el petimetre viendo el revólver como si fuera uno de los cañones de Navarone, prefirió decir la verdad, no solo no la había tocado sino que no ‘podría’ hacerlo, nunca. Asunto resuelto: tía Macha regresó con su nena a Autlán. Ya luego la niña se juntó sin ceremonias con un autleco muy cumplidor (nueve criaturas). Todos contentos.

Hoy entrega su segundo informe de gobierno (es un decir), el presidente de la república, Andrés Manuel López Obrador. Este menda ignora el contenido al teclear esto. Sin embargo, por los videos de promoción y las declaraciones del Titular del Poder Ejecutivo, parece conveniente antes que nada explicar algo sobre el uso de la lengua al señor Presidente (aunque usted no lo crea):

Los hombres del poder, ya sean jefes de gobierno o de Estado (y más los de Estado y gobierno como es el caso en México), no deben hablar en futuro: eso vale durante la lucha político-electoral, nada más: ya trepados en el poder, se acabó el tiempo futuro.

Los presidentes, primeros ministros o como se llame el máximo cargo Ejecutivo de cada país, hablan en pasado, en pretérito simple: ‘hice’, ‘acordé’, ‘dispuse’, ‘ordené’, aprobé’; y deben tratar de no hablar en plural, para que no parezca que hablan como antes los reyes o ahora el Papa.

No es el único tiempo verbal que pueden usar, claro, también pueden hablar en presente y recurrir al imperativo: ‘haga’, ‘actúe’, ‘atienda’; pero con el gerundio (‘haciendo’, ‘entregando’, ‘protegiendo’), deben andarse con cuidado porque ese tiempo implica que simultáneamente se está realizando otra cosa y eso, no siempre.

Junto con el futuro, jamás deben usar el copretérito (‘hacía’), el pospretérito (‘haría’), ni ninguna variante del subjuntivo que se presta a pensar que están dudando de lo que dicen (que yo ‘haga’; que yo ‘hiciere’).

Así las cosas, es de llamar la atención que nuestro Presidente, en su conferencia mañanera de ayer haya dicho: “Es tan importante acabar con la corrupción que el primer párrafo del informe de mañana es sobre la corrupción. Desde luego no hay corrupción arriba, se los puedo garantizar. Ya puedo sacar mi pañuelito blanco (ternurita, ya lo ve uno agitándolo en la popa del Ypiranga), pero no hemos podido acabar con el bandidaje oficial”. Esta declaración es confusa: no hay corrupción arriba pero ‘no hemos podido’ (plural de reparto de responsabilidades), acabar con el bandidaje oficial.

Ojalá se conduela de los historiadores y deje claro de una vez, qué abarca ‘arriba’ y hasta dónde alcanza el ‘bandidaje oficial’. Y ojalá se conduelan de él sus cercanos y le digan que es difícil creerle que puede sacar su “pañuelito blanco” al tiempo que cobija personajes como el frustrado bandido Jaime Bonilla, gobernador  de Baja California; Armando Guadiana, el diputado que vende carbón a la CFE; el impresentable Napoleón Gómez Urrutia, líder minero y fifí ultra; Carlos Cabal Peniche, de largo historial; Eva Cadena la recolectora de dinero (que lo entregaba a Rocío Nahle, según ella); Manuel Bartlett que pasó de diablo a arcángel sin explicaciones; Zoé Robledo al que los escándalos del desempeño del IMSS en la pandemia le hacen los mandados; David León, Manuel Velasco y don Bejarano, por mencionar unos pocos más de la lista de personajes de su grupo y gabinete que recuerdan el del doctor Caligari (película alemana de terror, 1920, muda, que critica alegóricamente la desconfianza a los gobernantes que manipulan a la masa… y se filmó hace un siglo).

En la misma mañanera de ayer, afirmó sobre la pandemia “vamos saliendo de la pesadilla”, lo que es un gerundio extrañísimo, ¿vamos saliendo?… bueno, sí, desde el momento en que se entra en un túnel, el optimista y menso, dice ‘ya falta menos para la salida’, pero el realista nomás dice: llevamos un metro de recorrido. Por eso cae mal el realista.

También en esa infausta mañanera previa a su Segundo Informe (es otro decir), le preguntaron su opinión sobre el negro panorama económico descrito para el año que viene, por el Secretario de Hacienda (el suyo), y dijo tan fresco: “(…) mañana les informo y a pesar de los pesares vamos bien. Tenemos finanzas sanas, en lo fundamental vamos bien”. Lo dijo en presente, pero se debe hablar en presente si y solo si lo dicho coincide con la realidad (o cuando sea muy difícil que lo cachen en la mentira).

Ya descubierto por el Presidente el pretérito perfecto del subjuntivo (“no hemos podido”), se le sugiere lo use para la inseguridad, para la compra de medicamentos para niños con cáncer, para la violencia contra las mujeres… para tanta, tanta cosa, porque si no la raza que es confianzuda, va a decir que todo su sexenio hizo como que hacía y no hacía nada,  y le van a poner ‘El pretérito imperfecto’.

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