Empleado del mes: La Feria

SR. LÓPEZ

Tío Tencho (Terencio, ¿cómo quería que le dijéramos?), odiaba con toda el alma dos cosas: sus juanetes y a la familia Ortega completa, por asuntos viejos que nadie recordaba pero él sí. Su odio era obligatorio a toda su familia que tenía prohibido tratarlos, a pesar de ser los vecinos de enfrente. Pero los Ortega con una refaccionaria que no paraba de crecer, llegaron a ser groseramente millonarios y se cambiaron a una residencia de manzana completa en las Lomas de Chapultepec. Sin embargo, Emilio, el menor de los odiados, siguió yendo al barrio, porque tenía cierto interés en Leticia, la hija menor de tío Tencho (en secreto protegido portía Concha, cómplice mamá de la niña). Cuando lo supo el tío, porque ya iban a pedir la mano de la niña, la familia entera contuvo el aliento, esperando lo peor, y la respuesta del tío quedó grabada para siempre en las memorias familiares: -No puedo oponerme al amor –claro que no y menos recibiendo una dote que le alcanzó para construir un edificio de departamentos. Fueron bonito matrimonio.

Se entiende, no está bien pero así es: el máximo tribunal en esta nuestra patria que sabe sufrir y cantar es la prensa, en todas sus presentaciones. Y cuando las dependencias encargadas de revisar trapacerías, y de procurar e impartir justicia en su caso, no coinciden con la previa sentencia de culpabilidad inapeable, sin derecho a defensa, ni a debido o indebido proceso, emitida por la Suprema Corte Informativa, malo para las dependencias, inmediatamente confirmadas como parte de la mafia del poder, corruptas por no sumarse con entusiasmo al linchamiento publicado y peor para el acusado, culpable por acusado, pues diga lo que diga la ley, su exoneración ratifica su responsabilidad a la que suma el descaro de ser jurídicamente inocente.

Resulta muy sospechoso que para la Secretaría de la Función Pública, Manuel Bartlett Díaz, esté más limpio que un pañalito del Niño Jesús, impoluto y rigurosamente apegado a lo que dictan las normas sobre la declaración de bienes y el conflicto de intereses, si su culpabilidad es indudable por haber sido denunciado ‘urbi et orbi’ por nuestra prensa, lo que es prueba suficiente de culpabilidad, como todos sabemos.

La secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval, por este asunto quedó como pareja del dueto excéntrico-cómico-musical formado por ella y Virgilio Andrade, quien tuvo el mal gusto de no crucificar en la fachada de la blanca casa a Angélica Rivera, entonces esposa de Enrique Peña Nieto, martirio necesario para embarrarle a él el prestigio. Nombre del sketch en esta carpa de tres tandas por un boleto: “Los periodistas también lloran”.

Manuel Bartlett, 83 años de edad, licenciado en Derecho por la UNAM, titulado con Mención Honorífica (no como otro que reprobó 7 materias de un total 35, presentó 9 exámenes extraordinarios, obtuvo un mediocre promedio de 7.5 y 14 años después le dieron el título). Bartlett, en lo que el otro estaba dale y dale tratando de acabar la carrera, hizo estudios de posgrado en Manchester, Reino Unido; cursó dos diplomados en la Universidad de Estrasburgo y se hizo Maestro y Doctor en Ciencias Políticas de la UNAM… de Luxe como la lavadora de mi abuelita Virgen (Virginia, la de los siete embarazos).

Don Bartlett, priista-priista (de 1962 a 2006… nomás 44 años): secretario General del PRI (1981-1982); coordinador de la campaña de Miguel de la Madrid Hurtado; secretario de Gobernación (con de La Madrid, de 1982 a 1988); precandidato presidencial (del PRI); gobernador de Puebla (1993-1999); secretario de Educación Pública (con Salinas de Gortari, de 1988 a 1992); y senador priista (de 2000 a 2006); otra vez senador (2012-2018), ya con las siglas del Partido del Trabajo, ahora es flamante jefazo de la CFE, bajo el manto protector de AMLO.

La política en general a lo largo de la historia universal no ha sido nunca un modelo de virtudes a seguir. Pasa de todo en esa cancha. Mire usted:

Nuestro actual Presidente, López Obrador, en su libro “Entre la historia y la esperanza” (Grijalbo, 1995), en el capítulo ‘El Imperio de la Corrupción’, acusó a quien ahora es su Director General de la CFE, de haber incurrido en algunos negocios inmobiliarios no muy limpios, más bien, muy cochinos (AMLO, ‘dixit’, a él pídale pruebas de su dicho); que es precisamente uno de los géneros delincuenciales de que ahora se le calumnió a Bartlett (porque no es cosa de poner en entredicho la palabra de doña Eréndira: está limpiecito).

De esta manera, don Bartlett, director General de la CFE en el gobierno de la 4T, de orquestador de la falsa caída del sistema (leyenda si las hay: eso no pasó, porque era imposible que pasara en esos tiempos en los que el Secretario de Gobernación era al mismo tiempo Presidente de la Comisión Federal Electoral), créalo o no lo crea, desde que trabaja para la 4T, tiene las manos limpias como para hacer sin guantes un transplante de corazón

Un detallito interesante son las siguientes declaraciones de Andrés Manuel López Obrador:

“La resolución de la Función Pública es una burla para los mexicanos”; y recordó que quien es titular de la Secretaría de la Función Pública fue nombrado precisamente por el Presidente de la república, “(…) un hecho que sólo en México se da que al juez, encargado de investigar y hacer justicia, lo nombra el inculpado”. Y no solo eso, sino que la coordinadora de los diputados federales de Morena, anunció que en la próxima legislatura “buscará reformar la ley de Transparencia pues hoy sólo es una simulación”. Claro, era el 21 de agosto de 2015 y se referían a Virgilio Andrade y la blanca casa.

Ahora, ya Presidente afirma que no se puede acusar sin pruebas (urge una fe de erratas a “Entre la historia y la esperanza”; Grijalbo, 1995; capítulo ‘El Imperio de la Corrupción’, donde señala a Bartlett como rata); y remata: -“Quiero que me tapen la boca” –bueno, no, nadie se la tapa, ni con el texto de su libro ni ahora que Bartlett es su empleado del mes.

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