Es cosa de querer: La Feria

SR. LÓPEZ

Tía Lucía, de las de Autlán, llevó al pediatra a Neto, su séptimo hijo -de ocho años de edad-, por un empacho muy fuerte que tenía el primo. Cuando oyó todos los análisis que prescribió el médico y la pila de medicinas que tenía que darle, la tía le dijo: -¿Sabe qué, doctor?… mejor cambio de médico –y ni la consulta pagó. Con tecitos de manzanilla, caldito de pollo -desgrasado-, y puré de manzana, en unos días estaba rozagante el Neto. Sí señor.

Así como hay veces en que solo se está de acuerdo en que no se está de acuerdo, hay situaciones tan enredadas en las que la tentación es derruir todo y empezar de cero.

Los problemas de nuestro país son tantos y tan enredados que lo del nudo gordiano es un chiste (¿mande?… ¡ah!, sí… mire, lo del nudo gordiano es una  leyenda frigia del siglo IX a.C. -¿qué?… de Frigia… en Grecia-, según la cual… ¿sabe qué?, otro día le cuento); digamos entonces: México está hecho un margallate, esto es un lío, un rompecabezas de millones de piezas del mismo color, un juego de palitos chinos de kilómetros cúbicos de tamaño. Además: está sobrediagnosticado y los ‘mexicanólogos’ son tantos que dan ganas de que se tipifique el delito de que nos digan cómo somos, qué nos pasa y qué tenemos que hacer: cómo somos lo sabemos, aunque no lo andemos pregonando; qué nos pasa, también lo sabemos, aunque no andemos todos por las calles y campos, chillando y lamentándonos; y qué hacer, no sabemos, eso si no, pero a unos no interesa y a otros, los entusiasma cualquier propuesta, por mensa que sea. Por eso somos un pueblo feliz. ¡A… ! (léase: ¡por supuesto!).

Seguridad, educación, salud, servicios públicos, infraestructura, subempleo, desempleo, pobreza, como ingredientes en putrefacción de un fétido plato de pésimo aspecto, con ensalada de corrupción de vastísimo alcance; de postre: política en tacha y bebida a escoger (hay tepache de ‘outsorcing’ y jugo de saqueo).

Todo eso es cierto… pero ¡espere! (como en la infames ‘infomerciales’): México no está hecho cascajo ni estamos al borde de una catástrofe bíblica. No se puede ni es correcto intentar siquiera, minimizar los graves asuntos y problemas nacionales, pero si para ello no tiene inconveniente, se le solicita reflexionar en la existencia de la muy rentable industria del alarmismo profesional.

¿Entonces qué, estamos rebien, felices y no hay que hacer nada?… no, tampoco exagere, pero piense nomás las que hemos visto que nos hacen los profetas del desastre. Piénsele: ¿hubieran sido posibles las reformas del peñanietismo sin antes habernos convencido de que todo estaba del carambas?… ¿y la expropiación bancaria de López Portillo, se hubiera decretado sin antes haberse inventado el latrocinio bancario?… y tantas otras, para no echar sal en la herida de la pérdida de más de la mitad del territorio nacional, porque unos, instalados en una inevitable fatalidad imaginaria, justificaron la firma en febrero de 1848, de los tratados Guadalupe-Hidalgo… porque si no, los yanquis se quedaban con todo el país y sus más de cinco millones de habitantes, ¡hágame usted el favor! (esa versión era y es, una inmensa estupidez: los estados del norte de los EUA jamás lo hubieran permitido, para no fortalecer a los sureños… ya había barruntos de una posible guerra de secesión, que luego tuvieron); bueno, ya ni modo. Por ponerse histéricos.

Sin caer en un optimismo de babero, aceptando que bien podríamos estar mucho mejor, tampoco es desdeñable la rotunda verdad de que México funciona como país y se consolidó realmente como Estado hasta fines del siglo XIX: tenemos poco más de un siglo de ser nación y descontando los años de la guerra civil que llamamos ‘Revolución’, resulta que no tenemos ni cien años, frente a naciones con milenios de existir. En serio: lo que se hizo en estas tierras en menos de un siglo, no es poco ni despreciable. Lo malo que se ha hecho y lo que se ha dejado de hacer, tampoco es poco, pero piense nomás cuántos siglos tardó Alemania en cuajar como nación… o Italia… o que en España, hoy, les está sudando el copete para evitar que se separen Cataluña, el país Vasco, Galicia y hasta Asturias…

En estos días un gran tema es el proyecto de presupuesto para el próximo año y los cambios que proponga el gobierno federal a la legislación fiscal, tema complicado si los hay.

Son tantas cosas las que tiene que atender el gobierno… ¡son tantos los problemas del día a día!… se queda uno pensando si no sería mejor proponer que la próxima legislatura se instalara como Congreso Constituyente, diseñara y alumbrara una nueva Constitución y a empezar otra vez, no de cero, pero sí con otro proyecto de nación. Tal vez.

Es un proceso tan delicado y tan lleno de peligros que los que saben dicen que no, que mejor como vamos, de a poquitos. Bueno, también puede ser.

En cualquiera de los dos escenarios, sí dan ganas de que se simplificaran muchísimo las leyes fiscales y que se instalara en México una potente organización ciudadana autónoma, que nos representara a todos y mantuviera muy vigilado al gobierno.

¿No sería bueno?… sueñe… todos dormiríamos a pierna suelta, sabiendo que un fortachón órgano ciudadano completamente separado del Poder Ejecutivo, estuviera atento a los asuntos nacionales… que auditara los dineros… que llamara a cuentas al gabinete entero.

¿A poco no le gustaría?… y si hay que rehacer completa la estructura del poder federal, pues a recomenzar. Y que a ese poderoso órgano ciudadano, lleguen a cuidarnos el palmito los que de cada entidad manden, los de cada grupo social… apoyados con un cuerpo de expertos en fiscalización. Y, repito: si hay que amputar, que amputen; si hay que rehacer, que rehagan; si hay que encarcelar, que encarcelen… ciudadanos cuidando ciudadanos, podría ser el lema.

Costaría mucho dinero, nada más que sería dinero bien gastado, pero… ¡espere! (como en los infames ‘infomerciales’)… ¡si ya lo tenemos!… es el Congreso de la Unión… si, qué pena, pero nomás es cosa de querer.

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