Fue Teté: La Feria

SR. LÓPEZ

Tío Ernesto, de los del lado materno-toluqueño, era metiche, tontón y necio, como suelen ser los de escasas luces. Una vez oyó a tía Beatriz quejarse por el aumento de renta que le pedía su casero y sin decir nada, fue a hablar con él; el resultado fue que la tía sufrió un lanzamiento en plena madrugada, de esos que obligan a cambiarse de barrio por la pena que da verse en esas. Enterada la tía por boca de su ya excasero que le debía semejante humillación a tío Ernesto, cada vez que lo veía lo cacheteaba hasta que dejó de ir a los eventos familiares a que ella iba. Merecido.

Se curó el Presidente y es buena noticia para los suyos por supuesto, para el país por el desgarriate bíblico que hubiera significado su ausencia definitiva. Sanó totalmente como probó en su conferencia madrugadora de ayer: el mismo de siempre, echando pleito a la prensa y repitiendo que no se va a poner el cubrebocas… ¡recórcholis! (léase ¡carajo!), pero así es él; ahora por nuestro bien, se le desea no sufra un segundo contagio, en serio, se desatarían los demonios y en una de esas, la fuerza morena nos pondría de Presidente sustituto al hijo del Santo o por ‘paridad de género’, a la Chupitos. Mejor le seguimos así.

El Presidente, tal vez con intención de confirmar que regresa a sus labores (que no trabajo), en pleno uso de sus facultades mentales (las de él), explicó que se contagió de Covid-19 “(…) Porque no me vacuné (…) Me contagié porque tengo que trabajar como millones de mexicanos (…) me cuidé, guardé mi sana distancia, pero me tocó”.

O sea: no se contagió por no seguir las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud o de la Secretaría de Salud, por no usar el cubre bocas ni guardar la sana distancia, como prueban centenares de fotografías y videos, sino porque: 1. No se vacunó, sin asumir que tiene obligación de hacerlo, antes que cualquier otro, por la inmensa responsabilidad que carga, le guste o no; 2. Porque tiene que “trabajar como millones de mexicanos”, lo que confirma su idílica visión de lo que significa para el tenochca simplex trabajar en medio de esta pandemia vendiendo chicharrones en la banqueta o atendiendo enfermos en hospitales públicos con el popular ‘kit’ ‘Mi Alegría’ contra el contagio del Covid-19, que por algo México es el país con más personal sanitario enfermo y fallecido por ese virus fifí; y 3) Porque le tocó, ratificando el fatalismo naco del mexicano estándar que deja su suerte al destino, al hado, respaldado por la máxima sentencia filosófica azteca: cuando te toca, aunque te quites; y cuando no te toca, aunque te pongas (de fondo musical, Julio Jaramillo cantando: “Fatalidad signo cruel,/ en su rodar se llevó/ el más valioso joyel que tu querer me brindó…”; ¡venga ese aplauso!).

Bueno, como sea, es una preocupación menos. Los demonios, defraudados, regresan ‘ad inferos’, el músculo duerme, la ambición descansa (lectura recomendada: ‘La navegación de San Brandan’, pergamino, exitazo editorial del siglo XII ó XIII). Así, ya en paz, se pueden retomar los temas que ocupan a la opinión pública:

Para abrir boca la declaración de ayer del Presidente sobre la reforma a la ley de la industria eléctrica, quien aseguró (perceptivo como es), que hay a quienes no gustó su iniciativa eléctrica, pero como ya le anda por bajarnos a todos el recibo de ‘luz’ (así le decimos), necesita ‘poner orden’ (así dijo)… ¡vaya! Lástima que con su reforma va a subir el precio que pagamos los gallardos integrantes del peladaje (aplican restricciones: Tabasco no, ahí nomás no pagan); lástima que algunos de esos a los que no gusta su iniciativa, tengan contratos de suministro de fluido eléctrico, firmados con las condiciones aún vigentes que no pierden fuerza porque cambie la ley, imagínese si eso se valiera; y más lástima porque aparte de las empresas a las que quiere aplicar la teoría de negocios del Cartel Morena Vieja Generación, el gobierno de los EUA ya le advirtió que no sea  llevado… y no es uno ave de mal agüero, pero la historia prueba que allá no juegan tocado, lo de ellos es tacleado.

Ya desde julio del año pasado, la Cámara de Comercio de los EUA y la de Canadá, advirtieron con el Consejo Coordinar Empresarial a las maracas: “El T-MEC solo tendrá éxito en la medida en que los tres gobiernos demuestren compromiso, participación y, sobre todo, respeto a los marcos legales y regulatorios” (‘El Financiero’, 1 de julio de 2020). “Y sobre todo, respeto a los marcos legales y regulatorios”, señalaron, por algo, digo, después del chistecito de clausurar la construcción de una inmensa cervecera privada y la del aeropuerto en Texcoco, cualquiera no recela de la firma del T-MEC ya viendo de qué es capaz nuestro Ejecutivo.

Así que si el Presidente sigue neceando con esta iniciativa emanada de sus sacros calzones para luego sentar a los generadores privados de energía eléctrica a negociar, como ya se sabe ya se supo es su intención, el tío Sam, que no entiende razones cuando de sus intereses se trata, va a darle un apretón de pescuezo a nuestra galana águila real del escudo nacional y va a dar penita verla poner un huevo (o dos).

De seguir el Presidente como seguirá, en su intención de regresar a México a los tiempos previos a la apertura de 1986, enfrentará la verdadera cara del ‘amigo’ del Norte. No le bastará a los EUA con llevar el asunto a un panel de controversia, nos aplicará con o sin derecho, aranceles y nos puede hacer reventar con la migración, los derechos de los trabajadores y los acuerdos internacionales sobre cuidado del medio ambiente. Ni China reta al tío Sam.

Ese camino es ruta a un mayúsculo ridículo de este gobierno. Sería divertido si no fuéramos todos los sonrientes tenochcas a pagar los platos rotos, y no será ningún consuelo oír discursos muy sentidos del Presidente echando la culpa al pasado. Al ganar la presidencia asumió el pasado, por el pasado es que se le dio el voto, aunque a él lo único que parece importarle es dejar claro que no fue él, fue Teté.

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