Infodemia vs conocimiento, el dilema de la enseñanza virtual

EDUARDO GRAJALES

Aunque la tecnología se ha convertido en un recurso fundamental para solventar los estragos causados por el COVID19, el enfoque que se le ha dado ha sido errado o confuso, y lejos de contribuir a desarrollar un proceso armónico de aprendizaje que garantice el máximo logro de los aprendizajes en el educando, está generando estrés en la comunidad escolar.

Lo anterior se debe en gran medida a que las diversas tecnológicas de la información y la comunicación han sido vistas por la autoridad educativa más como una tabla de salvación del ciclo escolar que como un modelo pedagógico particular, que puede complementar o suplir muy bien a la educación presencial, siempre y cuando las y los docentes estén formados en la construcción y desarrollo de Ambientes Virtuales de Aprendizaje (AVA).

Es decir, la educación digital, enseñanza virtual, o a distancia, no se trata solo de utilizar los diversos recursos tecnológicos disponibles en la red para transmitir información, sino que implica toda una articulación de los mismos pensada bajo estrictos y detallados procesos de planeación y evaluación propios del AVA, más aún si para ello se combina el uso de dispositivos digitales, televisivos y radiofónicos.

A diferencia de la enseñanza presencial donde el docente tiene la capacidad de controlar la atención y la conducta de sus estudiantes, motivar su interés y guiar permanentemente el proceso de enseñanza-aprendizaje, en el AVA esto no es posible ya que el instructor esta distanciado del dicente y tiene a la vez que centrar su atención en enseñar a la par de operar diversas herramientas tecnológicas con las cuales este trabajando.

Por ello, es común que las y los alumnos que estudian bajo estos esquemas que combinan lo novedoso de la tecnología con una pedagogía tradicional (clases totalmente expositivas, falta de dinámicas, comunicación unidireccional, etcétera), tienden fácilmente a distraerse pues se aburren de estar frente a un monitor durante más de diez minutos de manera pasiva, peor aún si se trata de niños de preescolar o primaría cuyo dinamismo es natural.

Por tanto, lejos de agobiar a los estudiantes y a los maestros con el uso forzoso de herramientas tecnológicas que no conocen y que difícilmente dominarán en momentos donde incluso los mismos docentes están jugando el papel de padres, todos debemos echar mano del ingenio y la creatividad y hacer uso racional de los dispositivos digitales y adaptarnos a ello conforme mejor convenga.

Con esto no quiero decir que no se utilicen las herramientas digitales, ni que se procure la capacitación en la materia, por el contrario, me refiero a que, a la par de ello las y los maestros, las y los padres de familia, establezcamos conjuntamente una ruta pedagógica que favorezca el desarrollo óptimo del aprendizaje de las y los niños.

En ese sentido debemos vincular los contenidos escolares con la experiencia didáctica que todos conocemos, a través de juegos infantiles, obras de teatro, dibujos, pintura, entre otros, y por otro de las herramientas tecnológicas que nos son familiares o de fácil acceso, como EdModo (plataforma educativa digital), Educaplay (diseño de juegos virtuales), Zoom (aula virtual) entre otros recursos accesibles que permiten generar contenidos creativos como Snapchat o TikTok, por citar algunos.

De esta manera lograremos contribuir al sano desarrollo de los niños a través de una sana y creativa pedagogía familiar, mientras que al hacerlo también nosotros como adultos empezamos a familiarizarnos con la migración a la educación digital, que ha venido para quedarse.

No se trata solo de construir el cascaron (infraestructura digital) y pensar que hemos salvado la educación con las tecnologías de la información, sería mentirnos vilmente. Se trata de procurar la efectividad del aprendizaje por encima de la cantidad de información que pueda almacenar los alumnos (Infodemia). Información versus Conocimiento.

Y en lo que esto se hace las autoridades educativas tendrán la tarea y responsabilidad de generar una verdadera estrategia de alfabetización digital para millones de maestros y padres y madres de familia que hoy están sudando la gota gorda con la desesperación de los niños y la multiplicidad de recursos digitales e información que hay en la red.

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