La Feria: La recua

Sr. López

Si pide usted trabajo para cuidar la puerta de acceso o lavar los baños en una empresa, cualquier empresa, aparte de llevar su formulario Printaform debidamente respondido (letra de imprenta, bolígrafo azul), con foto reciente; comprobante de domicilio; original vigente de su acta de nacimiento, copia certificada ante Notario de su CURP y credencial del INE; comprobante de estudios, carta explicando por qué quiere el empleo y cuánto pretende de sueldo; certificado de buena salud junto con resultados recientes de pruebas de laboratorio que prueben no es usted hipertenso, de vejiga chica, ni portador de enfermedad infecto contagiosa (sidosos, absténganse; embarazadas, también); presentar cartas de recomendación de los últimos dos trabajos que haya tenido (con los nombres y teléfonos de sus jefes directos, en especial si lo corrieron), proporcionar nombres, direcciones y teléfonos de tres conocidos que no sean familiares (de preferencia sus enemigos), y dar los nombres direcciones y teléfonos de parientes cercanos dispuestos a declarar bajo protesta de decir verdad que les consta que no es usted sociópata, consumidor habitual de drogas ilícitas ni  con tendencias al asesinato serial. Si llena esos requisitos mínimos, después de firmar ante testigos que acepta trabajar por “outsourcing”, proceden a hacerle pruebas psicológicas y físicas parecidas a las que aplica la NASA a los aspirantes a viajar a Marte. Aprobados los trámites, una señorita muy decente, le dice: “Nos comunicamos con usted”. Rece.

Para ser legislador del Congreso de la Unión (buen sueldo y prestaciones), los requisitos son: ser mexicano, no estar preso, tener 21 años si la quiere de diputado (25 si le interesa el Senado… es que cuatro años más dan la experiencia necesaria, digo), y estar vivo (es recomendable). Los requisitos para los diputados locales son más fáciles.

Hay otros requisitos, claro, pero no son obstáculo: estar desempleado en el gobierno o conseguir papeles que así lo hagan constar; ser oriundo o residente del estado que quiere representar (en caso contrario, acudir a los Portales de Santo Domingo en la CdMx hay de buena calidad). Si está usted al borde de la tumba, si se fugó del manicomio, si porta virus mortales altamente contagiosos, si es maniaco sexual, mitomaníaco, dipsómano, consumidor consuetudinario de drogas ilícitas, cleptómano o si lo busca la ley, no será limitado su derecho a votar y ser votado, como disponen las fracciones I y II del sacro artículo 35 de nuestra Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Nota de la redacción, para que luego no ande con reclamaciones: ya no les dan galletas ni cafecito en la curul. ¡Austeridad!

Nuestro Congreso de la Unión lo componen 628 ciudadanos, 500 diputados federales y 128 senadores. Es indiscutible que entre ellos hay lumbreras, mujeres y hombres que son  Demóstenes en la tribuna, Justinianos del derecho, cerebros afiladísimos, gente honesta a carta cabal, patriotas entre los que hay respetabilísimas personas que aún sin estudios superiores, con el poder del sentido común y el señorío de la recta intención, son elocuentes como Hipérides defendiendo a Friné ante el areópago. Sí, los hay, claro que los hay. Los otros 618 son bultos (en plan optimista, mucho muy optimista).

Y lo mismo aplica para los 1,125 diputados locales que aposentan plácidamente sus bienaventuradas nalgadas en las 1,125 curules a tal fin dispuestas en todas las capitales de las entidades de la nación.

A la luz de recientes hechos que da pena recordar, todavía con la cara caliente por  la pena que nos hizo pasar el Senado, a sabiendas de que no es posible elevar la calidad de nuestro cuerpo legislativo, decretando leyes que podrían violar derechos humanos; conscientes de que de nada serviría imponer exámenes de admisión (se venderían resueltos), entonces solo parece quedar otro recurso: reducir su número. No para ahorrar, que ese es el argumento más soso, más torpe: este año 2018, entre diputados federales y senadores, sin la Auditoría Superior de la Federación que depende de la Cámara de Diputados, nos cuestan el 0.25% del presupuesto total del país, que en pesos será mucho -poco más de 13,334 millones-, pero en proporción es una cifra de niños en la tiendita de la escuela… pero ya no les van a servir galletas… de veras, demagogia para la claque, de la barata.

No, el asunto es disminuir el índice de bobo en curul. Tenemos 628 “legisladores” federales y somos poco menos de 130 millones de habitantes.

China, con más de 1,371 millones de chinitos (es de cariño corazoncitos), tiene un  poder legislativo que funciona con un Comité Permanente de la Asamblea Popular Nacional de 157 miembros (aparte tiene una Asamblea Popular Nacional, con 2,987 integrantes, que se reúnen una vez al año y que no tienen sueldo, nada, cero; y para que no agarren, la corrupción se castiga con pena de muerte… ¡ay!). Como sea: China, 157; México, 628. Algo anda mal.

La india, con más de 1,300 millones de habitantes, tiene una Casa del Pueblo o Cámara Baja (Lok Sabha), con 552 escaños, y una Cámara Alta (Rajya Sabha) de 250; total: 802 legisladores para casi 10 veces más habitantes que nosotros.

Estados Unidos con 329’611,382 habitantes (al día de ayer; allá sí dan información), tiene 300 miembros en su Cámara de representantes (diputados), y 100 senadores. Dos y media veces la población y en total, 400 tribunos.

En buen plan, solo para reducir los absurdos, anomalías, extravagancias y adefesios legislativos, cópienle a China, 157 legisladores lo mejor peinados que encuentren y luego los millares que quieran, que sesionen una vez al año (sin sueldo y sin abrir el pico). Y además, qué más da cuántos sean si sigue vigente el voto en manada, la disciplina de la recua.

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