La Feria: No vale equivocarse

Sr. López

No sé usted, pero este menda se declara absolutamente incapaz de echarse una hora trepado en una montaña rusa… y seis años seguidos trepado en una, dejan loco al macho más bragado del planeta.

Lo comento por el aluvión de noticias sobre lo que hace o deja de hacer, dice o deja de decir, el Presidente de la república. Cuando no es una cosa es otra, pero a ratos parece que vamos rumbo a los dinteles de la Gloria y a ratos, que se han abierto las puertas del Infierno de todos tan temido. Casi da miedo ver el noticiero de la televisión en la mañana… ¿ahora qué?

Se lo digo en serio: México, primero que nada, tiene que serenarse.

Se entiende que a nuestro actual Presidente, después de tantos años de friega y amarguras para llegar al cargo, le cueste trabajo ponerse “en modo” Ejecutivo de la Nación, y siga conectado en luchador social-político-candidato, se entiende… pero continuar señalando los errores del pasado y a los responsables, no abona a obtener logros en el presente (menos cuando se insiste en que a pesar de los pesares, no serán “perseguidos”, otorgándoles para sorpresa de todos nosotros los del peladaje, lo que él mismo definió como “amnistía”); y por otro lado: intentar resolver de golpe las cosas, como si el mundo se acabara mañana, no es buena estrategia. Calma, el país, contra lo que se pueda pensar, no está en llamas (nomás no le metan lumbre).

Los de su primer círculo, los de sus mayores confianzas, los que están a su lado, tendrían que ponerse serios: ser parte del Gabinete Presidencial no es una chamba, no es ser un empleado de alto octano obligado a ser muy obediente y nada más: no, es formar parte de un gobierno responsable en buena medida del destino de casi 130 millones de personas; y eso significa que deben saber cuándo se responde “no” al mero Presidente, cuándo se entrega la renuncia antes que participar en una locura… y ser muy leales, eso sí, lo que incluye no participar con mucho entusiasmo y ayudar lo más que se pueda a que se vaya al desbarrancadero su jefe, que eso es, sí, pero con el detalle de que si ese señor se va al voladero, el país entero la paga.

Así que a primera vista, aunque debieran ser los integrantes de su gabinete los primeros que ayudaran a serenarlo, debemos aceptar que es casi imposible contradecir a quien contra toda esperanza triunfó… y ¡de qué manera! (que fue lo que nos pasó con Fox: a ver quién era el valiente que se iba a atrever a llevarle la contra al señor que sacó al PRI de Los Pinos… y ya ve cómo nos fue).

Como eso no puede ser, entonces el Congreso debiera hacer el contrapeso, no un oposicionismo a ultranza ni mucho menos, pero sí ayudar a equilibrar la situación. Pero tampoco se puede esperar mucho por ese lado, Morena tiene la mayoría de las curules y algunos de sus integrantes, saben bien cómo se maniobra en esas aguas para conseguir votos y mayorías.

Nos quedan los partidos políticos de oposición. Pero, ¡qué pena!, lamento decirle que están unos en reconstrucción y otros en liquidación. No es gran cosa lo que pueden lograr, el Presidente sabe que los noqueó a todos juntos.

Por el lado de los gobernadores de las entidades, solo los que tengan acceso al oído presidencial pueden ayudar en algo, pero lo mejor que pueden hacer es cumplir con sus responsabilidades y andar derechitos, con eso nos damos por satisfechos.

De esta manera, resulta que por el lado político está muy difícil que alguien pueda sosegar al país ni al Presidente.

Por el lado económico, los grandes capitales domésticos van a lo suyo… y está bien: que conserven y amplíen sus plantillas de trabajadores, que aporten al crecimiento económico nacional y paguen sus impuestos. Y con eso tenemos bastante, como el de “Me lo contaron ayer”.

Así que quedamos con la necia realidad como vaca echada a nuestros lomos: el gran capital global será (es) el único contrapeso y el único ganador de todo nuestro desorden. No los gobiernos extranjeros, no se me distraiga: el gran capital global.

Entre más fortalezcamos todos a nuestro Presidente, menos podrán mangonearnos desde oficinas en Nueva York, Londres, Madrid y Berlín. Y fortalecerlo, aparte de que cada quien le cumpla a la vida y se comporte, es ya dejar el oposicionismo por postura y también el apoyo incondicional, casi religioso. Se trata de que nos serenemos:

Señoras y señores que perdieron… ya perdieron, apechuguen, reháganse y sean serios. Señoras y señores que ganaron: ya ganaron, ya dejen los palos y los insultos, tienen el poder, se les desea sinceramente, lo usen para el bien del país, y si eso significa que en 2024 vuelven a ganar, será muy buena noticia, porque será porque gobernaron rebonito, ¡padre! (por cierto: a ver si convencen a nuestro Presidente que ya deje eso de la consulta revocatoria de su mandato: queremos que termine y que termine bien, no necesitamos otro agarrón a medio sexenio, para nada).

Y todo viene a cuento de lo del huachicol (ok, metieron la pata, ya nos dimos cuenta, no se preocupen; ahora, cuando vuelvan a surtir combustibles, no hay fijón, no les dé pena), y también por lo de la Guardia Nacional: se la tienen que aprobar en el Congreso, sí o sí. Quítenle lo de la facultad de integrar carpetas de investigación, vale, pero la Guardia, va.

Si le hacen caso a la ONU, rémoras y carroñeros (algunos, no todos), por lo de la defensa de los derechos humanos, vamos a quedar como estamos, con los militares enfrentando a la delincuencia, sin el marco legal correspondiente. ¿Eso quieren?, bueno, está bien… nada cambia con y sin la reforma legal. O si les gusta más, a la antigüita: se quitan el uniforme y los contratan como civiles. Simulación.

Lo que no se vale es pretender amarrarle las manos al Presidente al enfrentar a la delincuencia organizada, con la excusa de la defensa de los derechos humanos, es un intento de intereses no tan discretos, como los de una organización ubicada en 224 West 57th Street, New York, la Open Society, del tal Soros.

Y en esto, créalo, no vale equivocarse.

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