Las batallas de la maestra Delfina

EDUARDO GRAJALES

Apenas ha pasado una semana en que la maestra Delfina tomó oficialmente las riendas de la educación en México y después de los halagos y buenos deseos los redobles en los tambores de batalla no se hicieron esperar.

Por un lado, la CNTE ha anunciado para mañana una movilización a Palacio Nacional para mostrar su musculo, argumentando su descontento ante la reforma laboral y algunos aspectos de la educativa, pero sobre todo para demandar un  incremento salarial de 100% ante la crisis sanitaria, la reinstalación y el pago de salarios caídos de manera incondicional por todos los conceptos, a los maestros de la CNTE en Campeche, Quintana Roo, Chiapas, La Laguna, Nuevo León y Veracruz, por citar algunas de sus demandas.

Los maestros jubilados por su cuenta, han manifestado su total rechazo a la determinación de la Suprema Corte de Justicia de que su pensión sea pagada en UMAS y no en salarios mínimos, lo que les genera un daño económico del que ya acusaron recibo y de la misma manera han anunciado movilizaciones y medidas de protesta.

Y por si fuera poco, ya se dio el primer encontronazo entre la SEP y la Asociación Nacional de Escuelas Particulares que, argumentando la necesidad de cumplir con el derecho a la educación de los mexicanos, anunció el retorno a clases en sus 8 mil 190 instituciones agremiadas para este 1 de marzo, hecho que fue correctamente cancelado por la autoridad educativa, pues a todas luces es claro que el fin no es educativo sino económico, ante las bajas de miles de estudiantes que han decidido no seguir pagando un oneroso servicio de educación virtual en estas instituciones privadas.

Este escenario apenas es un ligero bosquejo de la complicaciones que atraviesa la educación en el país, que está sufriendo además de una depresión profunda con altos porcentajes de deserción escolar causados por la pandemia (16% de la matrícula escolar nacional, según investigadores del Banco Interamericano de Desarrollo) así como deficiencias cognitivas presentadas en los estudiantes matriculados que han visto en la modalidad a distancia una reducción de hasta el 30 del tiempo efectivo de su aprendizaje, a juzgar por la investigadora Susan Parker, del CIDE.

A ello hay que sumar la desesperación de padres y madres de familia que ya no saben cómo acompañar el aprendizaje virtual de sus hijos, derivado de la falta de capacitación de los maestros por gestionar ambientes virtuales de aprendizaje.

El asunto se pone peor si consideramos las complicaciones de gran calado que no tardan en presentarse.

Por un lado, la negociación de los pliegos petitorios para el contrato colectivo de dos organismos sindicales que por años han mantenido una presión soterrada ante cualquier gobierno, como el caso de la SNTE y el CNTE que, desde la llegada de la nueva funcionaria, dejaron entrever un enorme listado de lo que pronto demandarán.

Asimismo, ya está en marcha el proceso de admisión a plazas magisteriales y el correspondiente a la promoción horizontal y vertical de las y los maestros -establecido en la recién creada y controvertida Ley de la Carrera de las y los Maestros- los cuales continuamente son sinónimo de movilizaciones violentas de egresados de escuelas normales, e incluso de Universidades públicas y privadas, ante la deficiente transparencia que ha existido en el proceso de otorgamiento de plazas. En el segundo concurso, se espera algo si miliar, pues implica el retorno de la famosa Carrera Magisterial sinónimo de incremento salarial, una demanda a la que todo maestro está dispuesto a defender a capa y espada.

Finalmente y no por ello menos importante, quizá todo lo contrario, hay una presión de tribus sindicales cada vez más marcada al interior del SNTE por lograr la renovación de su dirigencia sindical como parte del proceso de “democratización sindical” establecido en la nueva reforma laboral, y que ha estado siendo postergado mediante argucias legales y políticas por la misma dirigencia charra que hoy habita las oficinas principales de esa organización.

Todo lo anterior, representa un delicado caldo de cultivo que puede tornar en un polvorín político si los asuntos no se tratan con delicadeza y el tacto fino necesarios para dialogar con grupos tan radicales, intelectualmente preparados pero sobre todo tan organizados y acostumbrados al combate desde las calles y desde la escuelas, como es el gremio magisterial.

Y si esta negociación se hace en el marco de proceso electoral en marcha donde se encuentran los destinos de la actual administración gubernamental, el tema político educativo cobra mayor relevancia, pues en México la gobernabilidad y la estabilidad no puede entenderse sin el factor magisterial, por lo que la maestra Delfina hoy más que nunca debe echar mano no solo de su experiencia docente y funcionaria sino de su tablas políticas para escoger sus batallas pero sobre todo a los aliados que le acompañarán durante las mismas.

Todo esto en su conjunto son los nudos gordianos que tendrá que ir destrabando la maestra Delfina en su estancia en la SEP. Bienvenida.

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