Los desgraciados : La Feria

Sr. López

Sabido es que el Teletón es una cosa más que buena y que en lugar de andar imaginando cosas torcidas y retorcidas que ni son ciertas -y aunque lo fueran-, lo sensato es fijarse en el bien que hace a tanta criatura y sus familias.

Dicho lo cual, pasa este junta palabras a hacer un enérgico reclamo público (pa’l caso), por el abandono en que está otro sector de la población que necesita URGENTEMENTE un Teletón Especial, que debería ser semestral dado el amplio número de políticos de capacidades indiferentes que padece la nación (aplican restricciones, también hay de los otros, los correctos, lástima que no sean mayoría).

Piénsele con calma: los chiquillos que sufren junto con su familia, males que hacen voltear al cielo a reclamar: -¡¿Pero quién Te entiende?! –esos que no son renglones torcidos de Dios sino que enriquecen el entorno con su valentía y su alegría de vivir, que los “normales” no siempre tenemos (hasta nos quejamos, estando completos, sanos y más o menos funcionales), esos, los niños, nos benefician y son oportunidad para que cada quien saque lo mejor que tenga en el fondo de su alma… y por el contrario, los otros, nuestros políticos, nos están haciendo tiras el país y no les queda reserva ninguna de escrúpulos que nos permita suponer que irán a Políticos Anónimos (“Me llamo Andrés, soy político; he perdido el control con mi manera de hacer política”). No, no van a buscar ayuda, por nuestro bien hay que rehabilitarlos.

Larga es la lista de padecimientos que sufren no pocos políticos nacionales (pobrecitos… tan solos con su pena), pero destacan por sus devastadores efectos en la salud de la república, el conocido SIDE (Síndrome de Inmunodeficiencia Ética), que no se controla poniendo condones a los micrófonos, sino con la más estricta abstinencia de relaciones políticas promiscuas, financiadas por el erario; también se ha propagado el Síndrome de Laringomitomanía (se les atraganta la verdad… ¡vieran qué angustias!), y el temible Síndrome Cleptomaníaco Maligno (tomar lo ajeno por placer, fuera de proporción y en cantidad sobrada para siete generaciones). Con estos ejemplos basta para ¡ya! echar a andar esta iniciativa.

Los CRITT (Centros de Rehabilitación Intensiva para Tramposos, Trapaceros, Tercos, Taimados, Truhanes… ahí sígale usted), deben ser cuando menos 32, uno por entidad, aunque lo recomendable es poner uno en cada ciudad donde es de suponer se da la más alta concentración de grillos, por tener más de cien mil habitantes (80 centros urbanos, según el Inegi, ni son tantos), y ya después en barrios y rancherías, abrir pequeños locales y accesorias, como los grupos 24 horas de AA (sería muy alentador verlos entrar, humildes, temblando la cruda del último mitin, del juramento del último cargo… han de sufrir mucho y uno nomás criticando).

Les va a llover dinero a los organizadores, nada de colectas maratónicas para alcanzar la meta, cayéndose de cansancio en la tele; en pocas horas van a rebasar la recaudación esperada. Seguro, la raza es noble.

Imagínese el trallazo de ver el video de los empleados de la Secretaría de Salud en su terapia ocupacional y a Javier May con una psicóloga para aliviarle su trastorno de personalidad (le dio por creer que es ingeniero), y luego en la tina de hidromasaje, a doña Claudia, para ver si logran que camine más rápido y alcance a Ebrard en las encuestas; a la Tatiana batallando para acostumbrarse a la prótesis de lengua que acaba de estrenar, especialmente diseñada para convencer empresarios yanquis; y a otro -ya sabe usted quién-, asistido amorosamente por su esposa, aprendiendo a hablar controlando el esfínter anal, porque abre la boca y deja su reguero.

Imagine a la gente emocionada viendo en la televisión al selecto muestrario de Antropología e Historia, que acompaña al Presidente, en ejercicios de coordinación motriz de extremidades superiores para la gradual devolución de lo mal habido, recibiendo pláticas motivacionales para superar su adicción a las asignaciones directas de contratos, con dinámicas de grupo supervisadas por psicólogos calificados, para superar su repugnancia a la ley. Se emocionará hasta el llanto la raza… ¡pobre gente esos políticos! uno ni se imagina el calvario que es su vida.

Arderían las líneas telefónicas recibiendo donaciones en efectivo después de que pasen el corto metraje de la terrible historia de los presuntos políticos, outsorceros de clóset y su largo proceso de fisioterapia de manos, que presentan deformidades muy feas (de tanto bolsear a los más fregados del país).

Ataques de ternura colectiva provocará ver muy contritos, tomando cursos de cocina económica, a la Yeidckol Polevnsky, Pablo Gómez y el Noroñas, como parte de su terapia para prescindir del caviar, el pato laqueado y el uso de la American Express, en restaurantes que no están en la lista de establecimientos aprobados por la Pobreza Franciscana sino en la de sitios selectos de don Lozoya.

Piense en la reacción de generoso desprendimiento de toda la población al ver la filmación (ternurita) de militares, marinos y guardias nacionales -en un colorido local del CRITT-, con pistolitas, granaditas y tanquecitos pintados en las paredes, durante una sesión de terapia colectiva en derechos humanos, con muñecos de plástico, cambiándoles pañal, dándoles mamila, arrullándolos para que ya se duerman, y luego cantando a la rueda, rueda de San Miguel, agarrados de las manos dando la vuelta a un retén de juguete, o jugando a interrogarse entre ellos sin tocarse.

En fin. Uno, siguiendo el ejemplo de Catón, cumple con orientar a la república y si no pega la iniciativa será porque el despelote en que estamos les conviene a algunos que todos sabemos que les conviene, esos que por su avaricia y soberbia política no ven que si arde esto, ellos también pierden, nomás que mucho más que el resto del peladaje que somos todos nosotros. Ya verán que morir de hambre es muy incómodo y en ese plan, cuando menos, ¡que sufran los desgraciados!

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