Los héroes están fatigados : La Feria

Sr. López

Tal vez en otros países sean como acá pero este menda solo conoce a sus coterráneos y considera únicas algunas de nuestras características que supone resultan de la peculiar genética colectiva del mexicano (100% puro engendrado de origen, producto de exportación, biodegradable, altamente reproductivo), genética invencible que propicia la existencia de todos nosotros los gallardos integrantes de la raza de bronce.
Llamo su atención sobre nuestra perpetua incongruencia, estado de contradicción consentido en que nacemos, crecemos, nos reproducimos y vemos tele sin cargo de conciencia.
Recapacite y dígase con toda sinceridad si es lógico por ejemplo, que pensando lo que pensamos de los políticos (generalizando de mala manera), gocen de cabal salud y los mantengamos con sueldos de una supuesta medianía que les permite vivir con extraña holgura; si siendo lo nacionalistas que somos, tenga el mismo número de aficionados el América que los “Green Bay Packers”; o que nuestros más puros indígenas, esos dispuestos a derramar su sangre en defensa de sus usos y costumbres, usen tenis Nike y camisetas de los Bulls de Chicago.
Aparentemente nos tomamos a nosotros mismos muy en serio y se supone que es una verdad como una televisora (antes hubiera puesto “verdad como un templo”, pero ya ve cómo anda de capa caída la cosa religiosa), se supone, repito, que es una gran verdad eso de que nuestra identidad nacional tiene mejor fijador que un perfume fino, pero nadie extraña el pulque ni lamenta la disminución en el consumo de tepache, desplazados por la Coca Cola, Fanta y el “Shot que te da pa’rriba” (gulp). También nos complace ver en el cine películas en que se ensalza lo mexicano… comiendo “palomitas” -extraña traducción del “popcorn” yanqui- y un hot dog con Sprite, que a nadie se le ocurre que lo lógico sería que en las dulcerías de las salas de cine de este país de tan acendrado nacionalismo, deberían venderse quesadillas, tacos de nana y pozole
Si en México alguien quiere ganar fama perpetua de imbécil, basta que diga en una reunión que cree en la honestidad del gobierno, en la incorruptibilidad de los policías y que la alta jerarquía de la iglesia vive la virtud de la pobreza (y no se meta en más honduras porque le pueden faltar al respeto), pero así y todo, no ha nacido el mexicano que saque a empujones de una boda a un político medianamente conocido, que levante un acta porque el policía del crucero le pidió mordida, ni que no presuma que a su nena “la casó” el señor obispo.
Así somos y no lo pasamos tan mal. Sabemos más de la vida de la familia real de Mónaco que historia de México y el príncipe Harry tiene más admiradores acá que en Londres; somos oficialmente muy católicos pero entre diez mexicanos no juntan seis mandamientos (ni cuatro niños héroes); nos encanta nuestro país pero quiero ver qué le dice su novia si le propone que la luna de miel sea en Apizaco; sostenemos que la mejor cocina del mundo es la mexicana pero nuestro consumo de hamburguesas per cápita es mayor que en los Estados Unidos; la madre es lo más santo pero es nuestro insulto favorito. Sí señor, congruentes no somos.
Por eso nos pasan algunas cosas de las que nos pasan. Los políticos confían plenamente en nuestra contradicción genética entre lo que pensamos, decimos y hacemos, porque si no fuera así, pocos harían mítines y sus campañas serían vía ‘zoom’ o por correo, porque ni locos se expondrían a la ira del populacho (todos nosotros, que los exquisitos y los riquillos no son pueblo, son “clase alta”); por eso los gobernantes saben que haya el escándalo que haya seguirán fluyendo mansamente los impuestos y nadie va a ir a un informe de gobierno nomás para corear “¡… uleeeros!”
Por lo mismo hay baches, lámparas sin luz, basura en las calles, banquetas rotas y recibo de agua, haya o no haya servicio de agua, porque los funcionarios saben que más allá de unos cuantos comentarios domésticos subidos de tono, no pasa nada: nadie va a ir a tirar su basura a la puerta de casa del alcalde, nadie demanda para que le paguen la suspensión del coche que dejó en un bache, ni se organizan Comandos Urbanos Mienta Madres que sigan a los malos servidores públicos por las calles, del amanecer al anochecer, a sol y a sombra, diciéndoles su precio con altavoz; y al contrario, donde van son bien recibidos, no hay tienda o restaurante que les niegue el servicio ni vecino que los deje con el saludo en la boca, aunque haya perdido a su abuela en la profundidades de un “encharcamiento”.
Tan somos como somos que en México existe la profesión de manifestante, porque hay líderes que de tarugos se arriesgan a exponerse a la indignación de la gente y prefieren gastar algo de dinero que igual no es de ellos, es del erario, para asegurar la concurrencia a sus mítines, marchas, plantones, cercos a oficinas de gobierno o congresos, cierres de carreteras o toma de casetas de peaje (sí, también organizan las protestas en contra de ellos mismos); y está tan organizada la cosa que hay manifestantes en renta de todos estilos: pacíficos, punk, lésbico-gay-transgénero, ecologistas, estudiantil, de la tercera edad y anoréxicos (para huelgas de hambre, resultado garantizado), semiviolentos y muy violentos, muy útiles para desprestigiar oponentes.
Ahora mismo el gobierno federal organiza en la capital del país, siguiendo las tradiciones del echeverriato, una magna concentración en el Zócalo Democrático, novísima denominación, para celebrar el tercer aniversario de la toma del poder del invencible héroe de mil encuestas, nuestro Presidente… pandemia o no pandemia… ómicron o no ómicron… ¡la Patria es primero!
Nadie debidamente destetado se cree que retacarán el zócalo los entusiastas (que sí hay). Ya saldrán en la prensa del día siguiente las fotos de los autobuses rentados para el acarreo… y no pasa nada… la fervorosa ciudadanía no anda con ánimos de repetir el 2 de octubre que sí se olvida… se entiende, los héroes están fatigados.

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