Mamarrachos: La Feria

SR. LÓPEZ

Tía Pepa y tío Gaspar, papás de Pepe -el más impresentable primo que tenerse pueda-, finalmente tuvieron que enfrentar lo que tanto temieron: su hijo se casaba y para cumplir con las ordenanzas sociales, debían pedir la mano de la novia. Con la esperanza de evitar tal trago, tío Gaspar habló con él a solas: -No te cases, ten piedad –suplicó, pero parecía que de verdad estaba enamorado y ni modo. Como era costumbre, la ceremonia de solicitud de extremidad superior, se hizo al final de una cena formal en casa de los papás de la incauta. Tío Gaspar aclaró garganta, miró a tía Pepa que le hizo un gesto de apoyo y ante la mirada sonriente de sus posibles consuegros, dijo: -No voy a pedirles la mano de su hija, tan linda… me moriría con el cargo de conciencia… vengo a advertirles, no dejen que su hija cometa este error –Pepe, muy fresco, atajó diciendo que su papá era famoso por su humor negro. Carcajadas nerviosas, brindis, palabritas de circunstancia del papá de la chamaca y hubo boda. Pobre de ella, pero le dijeron.

Antes de que se acerque más la celebración de la Independencia de México y resulte inoportuno tratar asuntos que pueden apagar el fervor patrio del más entusiasta matraquero nacional, le propongo que con toda seriedad se diga a sí mismo si en serio se cree que la economía nacional y la generación de empleos, van para arriba en cuete; no lo comente con nadie, reflexione nada más; también piense si le parece que es cierto que la inseguridad pública ya disminuye y que los malandrines que aún quedan, contritos, van a inscribirse en la nómina de becarios o sembradores de arbolitos, abandonando para siempre sus negocios criminales; asimismo, con la mayor objetividad posible, revise lo que se nos informa de la pandemia y concluya por su lado si de verdad la domamos, si ya se ‘aplanó’ la curva y acercándonos a 70 mil muertos, podemos suponer que pasó lo peor; y no se le olvide considerar si es verdad que ya se acabó la corrupción de algunos funcionarios de alto nivel y algunos políticos bien acomodados en el partido del gobierno. Y si aguanta, tómese la molestia de echar una revisada superficial a la prensa: padres de familia siguen haciendo plantones y marchas de protesta para que el gobierno federal aplique el tratamiento y medicamentos adecuados a sus hijos con cáncer, y la respuesta es la firma de ‘acuerdos’ en el IMSS, comprometiéndose la autoridad a hacer luego lo que no hicieron antes ni hacen ahora. Hay otros temas, solo repase estos… le vaya a hacer daño.

Ya bien pensado lo anterior, por favor recapacite: el Presidente no va a cambiar, le es imposible por su naturaleza pertinaz (persevera en el error), y porque después de mentir casi en todo durante 21 meses, diario, sin faltar un día, no puede dar marcha atrás: está atrapado en un pantano de palabras sinsentido.

El punto es que no hay fundamento para las peticiones al Presidente, hace oídos sordos a todo lo que no sea laudatorio a su persona (es tan como es que ni siquiera le interesa que la raza estemos de acuerdo con su gobierno ni su partido, todo gira en torno a él).

No vienen tiempos mejores como resultado de un firme golpe de timón. Vienen tiempos mejores porque todo siempre acaba por arreglarse de una manera u otra. El asunto es el precio a pagar y el tiempo a aguantar. El gobierno actual no cumple ni cumplirá con sus obligaciones, no puede evitar el sufrimiento evitable.

Está empeñado en hacer realidad un proyecto de un solo hombre, proyecto fuera de la realidad de los tiempos que corren, ajeno a la realidad de nuestra relación penosamente asimétrica con los EUA, ciego ante la realidad de la economía nacional y las finanzas públicas.

Y es importante señalar que la pandemia no es la causa que explica o ‘justifica’ el estado en que está el país. Sí enconó la situación económica que ya era lastimosa desde el 2019 y también puso en jaque al sistema de salud y el educativo. Pero la pandemia no tiene nada que ver con la inseguridad pública que está peor que nunca, ni con la rampante corrupción que por más que el Presidente la niegue, todos los del peladaje sabemos que es real; tampoco el virus es responsable de que se esté construyendo un aeropuerto en Santa Lucía, sin saber si el espacio aéreo es suficiente, pero sabiendo que la máxima autoridad internacional en la materia, no lo acepta para que opere simultáneamente con el de la CdMx; el Covid-19 tampoco provocó que se esté construyendo la refinería en Dos Bocas que será otro barril sin fondo de Pemex, ni hay enfermedad alguna que explique la necedad de construir el Tren Maya, proyecto turístico del todo inviable que si de verdad se terminara (falta que los pobladores lo acepten y todas las ONG’s ambientalistas lo permitan), no será productivo y acabará en el abandono… si se termina. Y por supuesto la comunicación Golfo-Océano Pacífico por el Istmo, es otra muestra de voluntarismo, precipitado y muy probablemente condenado al fracaso o a ser el mayor tropiezo de este gobierno si a los habitantes del lugar se los impone a palos el presidente (y para allá apunta el asunto).

Advertidos de que no hay ninguna razón que justifique esperar soluciones de este gobierno maniatado por este Presidente, lo que sigue no es entregarnos a un ataque de histeria colectivo. De ninguna manera: es mucho país. De acuerdo, es de lo más desagradable e ingrato asumir que nos encontramos ante un sexenio perdido y peor, porque tardará el país en rehacerse, pero la solución, a falta de gobierno, está en manos de aquellos que estén dispuestos a ser responsables con su voto, su trabajo y sus impuestos: empresarios y trabajadores, profesionistas y comerciantes ambulantes, científicos y taqueros.

Además ha lugar no para el optimismo, sino para la certeza de que a este país no lo desencuaderna la 4T, porque México es una parte importante del principal bloque económico mundial y está inserto en el aparato productivo y comercial del planeta.

Y estos, bueno… a la galería de mamarrachos.

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