Mucha suerte: La Feria

SR. LÓPEZ

La prima Clara (toluqueña del lado materno, guapa estándar, normalita), era rara y destacaba por dos cosas: su gran habilidad en el ajedrez y por ser la mujer más necia que ha pisado el planeta Tierra. Para que tenga una idea: advertida que fue de que el novio que tenía era borracho, parrandero y jugador, ella se obstinó en que no, que le tenían ‘mala fe’. Pedida que fue en matrimonio, sus papás (tío Mario y tía Lucha), hasta el momento en que iba a emprender el paseíllo rumbo al altar, le dijeron que se ‘rajara’, que no pasaba nada; la prima, muy segura, se casó… y sí, resultó cierto que era borracho, parrandero y jugador y la prima, necia en que así le gustaba. En el quinto hijo y el séptimo  embargo, se separó de él diciendo que lo dejaba nada más para no aguantar más las críticas de su familia que nunca lo ayudó y nomás le encontraba defectos. ¡Ave María Purísima!

El enorme Jorge Ibargüengoitia (1928-1983), escribió en Excélsior, de 1969 a 1976, la columna ‘Instrucciones para vivir en México’ (luego Guillermo Sheridan hizo una compilación que Joaquín Mortiz editó como libro en 1990, pero no fue escrito por el autor para ser libro, no se desoriente)… dirá usted ¿y a mí, qué?… no, nada, pero ¡qué falta nos está haciendo don Jorge!

Ahora tal vez sea más necesario que un instructivo para vivir en México, un ‘Manual para sobrevivir en México’… estamos llevando al extremo nuestro modo de ser y parece que no nos damos cuenta de los riesgos que estamos corriendo. Por supuesto que estamos como estamos, porque somos como somos, pero como que nos estamos pasando de la raya.

Cuando trepamos al poder a Morena o ‘cuando treparon’, en caso de que usted no haya votado por la 4T en julio del año pasado (… no lo cuente, guarde el secreto hasta el 2024), no se podía distinguir si tal cosa era la prueba definitiva del invencible optimismo del tenochca estándar, o una impúdica demostración de que la pasión que nos domina es la venganza, la revancha, el estar dispuesto a quemar la propia casa con tal de ver la del enemigo arder. Con Fox nos falló y no sacó a patadas a ni una víbora prieta, ni tepocata; con Peña Nieto nos ganó el ‘voto bonito’ y ya ve, ¡fue terrible!; pero con AMLO la cosa es segura: su virtud más destacada es la perseverancia (aplican restricciones, la ‘perseverancia’ muta sin previo aviso a ‘pertinacia’, cuya principal manifestación es la perseverancia en el error… hágase de cuenta que alguien sostenga que este año, nuestra economía crecerá el 2% -contra la opinión de las calificadoras internacionales, el Citigroup y el Fondo Monetario Internacional-: pertinacia en todo su esplendor, con foquitos de colores alrededor, como de marquesina de cine de los de antes, prendiendo y apagando).

Lo que sea, pero conforme pasa el tiempo nos va quedando claro que el equipo que llegó al poder se compone de un núcleo de duros, fieles hasta la ignominia a su líder (de ellos); un grupo de arribistas que igual se acomodan en un bailable que en una tabla gimnástica o un escuadrón de granaderos, leales a sus simples ansias de medrar a la sombra del poder; más un grupo de políticos reciclados de diversa catadura y calaña, que no se esperaban ser llamados, pero con la experiencia que dan los años, doblan instantáneamente el lomo y profesan la fe de turno, sin despeinarse, al grito de ‘¡vivir fuera del presupuesto, es vivir en el error!’.

Nuestro Presidente ha emprendido la Transformación del país (con ‘T’ mayúscula, sí, debemos respetar de antemano la hazaña anunciada… quiera Dios), confiando en el poder todo terreno de su ejemplo y palabra; seguro de que el aparato de gobierno debe hacer solo lo que él diga; sin dudar (él) en que su deber cívico es no escuchar la voz pesimista o hasta mal intencionada, sin calidad moral, de peritos, especialistas, expertos, organizaciones civiles, órganos autónomos del propio gobierno, ni instituciones internacionales. Él sabe. Él conoce el atajo. Dudar es traicionar. Advertir es deslealtad. Y criticar es infamia (que se califica con un catálogo creciente de denuestos y burlas).

Lo ha dicho muy claro (Ecatepec, Estado de México; 25 de junio pasado): “No crean que tiene mucha ciencia el gobernar (…)  la política tiene que ver más con el sentido común (…) con el juicio práctico, la política es transformar, hacer historia (…)”.

A reserva de enterarse uno qué es un juicio impráctico, es interesante saber que nuestro Presidente considera que gobernar no tiene mucha ciencia (menos que hacer un pozo petrolero, tal vez), aun cuando sea a no dudar, uno de los más difíciles oficios del mundo (digo, la materia prima es la gente, nomás calcúlele).

También dijo muy claro (Tepic, Nayarit; 12 de julio pasado), con motivo de la advertencia de recesión hecha entonces por el Bank of America: “(…) van a seguir cuestionando el manejo económico porque les molesta mucho el que se haya decidido acabar con la corrupción, ese es el fondo (…)”: ¡zaz!, o sea, en el Bank of America están que trinan porque ya no va a haber corrupción en México (¡cosa más grande!)

En esa misma ocasión, criticó al Bank of América y al Banco de México porque en gobiernos pasados guardaron silencio cómplice de la política de saqueo en México… y agregó: “Sostengo que estamos bien y de buenas porque la suerte cuenta mucho, no solo la virtud, trabajo y perseverancia”.

No quiere imaginar este su texto servidor el disgusto que se llevó ayer nuestro Presidente ante la infamia del Citigroup, la mayor empresa de servicios financieros del mundo, propiedad de BlackRock y Vanguard Group, pues papaloteó que según ellos, este año nuestra economía crecerá solo el 0.2% (90% menos de lo que el Presidente afirma que avanzaremos).

Sabiendo que solo critican los nostálgicos de la corrupción y del neoliberalismo (que sí, goza de cabal salud), y a la espera de que ya se edite el libro escrito por nuestro Presidente que dijo se llama “Economía moral”, quedemos en que sí tiene razón: vamos a necesitar suerte, mucha suerte.

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