Ni sus madres : La Feria

Haga memoria y recuerde el ridículo más espantoso que haya hecho en su vida. No se haga, nadie se salva, todos hemos sentido alguna vez la urgente necesidad de que la Tierra se lo trague a uno. Aquí este menda de vez en cuando y sin razón, despierta sudoroso, con la cabeza caliente, por el recuerdo infame -nomás no lo ande contando-, de su presentación en un festival escolar de 10 de mayo, a los 12 años de edad, como “conejito” en un bailable ideado como justa venganza por “miss” Carmen, la maestra de música, que no podía negar su rencorosa intención ni ocultar que para ese adefesio de bailable, nos escogió solo a los de peor conducta. Terminado el penoso acto, silencio espeso de madres petrificadas; luego, algunas pocas forzaron sus manos a aplaudir, poco; una se soltó a llorar tapándose la cara; la de este López no le habló varios días.
Sabido es que el Presidente afirma que no hay negocio chueco que se haga en y desde el gobierno, sin consentimiento del Presidente. Lo dijo desde San Luis Potosí, el 19 de julio de 2019, cuando explicó que no era difícil acabar con la corrupción pues todo depende del proceder del Presidente; dijo:
“No hay un negocio lucrativo o jugoso que se haga, un hecho de corrupción que se haga sin el conocimiento y la autorización del Presidente, así de claro”.
Y lo repitió en otra gira, esta por Chihuahua, el 28 de septiembre de 2019:
“El Presidente de México se entera de todo y no hay un negocio jugoso que se haga sin el visto bueno del Presidente, para que quede claro (…)”.
Tal vez para probar su dicho reveló que hubo “mucho chanchullo” en la construcción de un ferrocarril, con conocimiento de un expresidente quien estaba al tanto que el hermano de su Secretario de Hacienda, usando información privilegiada compró las acciones sin valor de ese ferrocarril para venderlas con grande ganancia. Y parece que es cierto, pero no habrá denuncias, muy a su pesar (supone uno), porque se refería al presidente Porfirio Díaz y a José Yves Limantour, fallecidos en 1915 y 1935. ¡Chin!, ahí para la otra.
Hizo bien el Presidente en matizar que se refiere a negocios lucrativos o jugosos, porque ni modo de que él, perdón, Él, vaya a responder por la mordida que recibe un agente de tránsito o el cartero que se roba las revistas. Lo que no quita que se están batiendo recórds de corrupción:
Según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en los primeros tres años de 4T, las denuncias por corrupción contra servidores públicos suman 75 mil 591 (del gobierno federal solo 12 mil 355, digo, para no cargarle la mano), pero, igual, en los últimos tres del sexenio de Peña Nieto, fueron 57 mil 475 denuncias (10 mil 508 del gobierno federal), lo que pone a este gobierno un no despreciable 17.5% arriba… y grita un cínico mal nacido: ¡es un honor robar con Obrador!… siete hogueras merecen los que traicionan su confianza, con el consuelo de que nunca falta un chairo acomedido que explique ese aumento porque este Presidente da confianza en que se aclararán los asuntos, no como antes; bueno, sí, pero que se vayan aclarando, no todos, tampoco, pero algunos, bueno, uno. No hay prisa (no es cierto).
Conviene tener presente que los casos actuales más sonados, con detenidos y toda la cosa, corresponden a auditorías y denuncias presentadas en el sexenio pasado (Lozoya, Ancira, Rosario Robles), pero Roma no se hizo en un día (ni en tres años), ya verá cómo sí serán atendidos otros asuntos, por ejemplo, los de los familiares cercanísimos del Presidente, metidos en dimes y diretes que por el bien de la imagen presidencial importa se aclaren más allá de toda duda; o de personas incrustadas en su gabinete, denunciadas en la prensa por malos manejos (o cuando menos, manejos raros, que nada de raro tienen), denuncias que no son verdad jurídica hasta que lo diga un Juez, no es cosa de andar violando el debido proceso ni la presunción de inocencia, faltaba más, pero ¡ya!, que se inicien las averiguaciones y se sometan al imperio de la ley los servidores públicos señalados, que son varios, los suficientes para manchar el límpido y cristalino desempeño de este equipo de gobierno.
En relación con el debido proceso, sin coartar la libertad de expresión del Presidente, ojalá alguien le explique cuánto pesa la palabra presidencial en este país, para que de serle posible, deje de defender desde su alta tribuna, a aquellos que están danzando en la prensa y peor, a los que tienen su denuncia, su carpeta de averiguación y van a ir a proceso judicial, le guste o no, como el caso del doctor Hugo López Gatell, acusado del homicidio culposo de dos personas (o por omisión, uno no entiende la diferencia), del que ayer el Presidente dijo que es irracional la acusación, y que ya en esas “todos somos Hugo”… y oiga usted, francamente, NO todos… NO TODOS.
Ahora que si todos somos Hugo, no vaya a resultar luego que todos somos Julio, porque ayer se supo que el exconsejero jurídico de la Presidencia, Julio Scherer Ibarra, del que el Presidente dijo que lo considera un hermano, está denunciado penalmente ante la Fiscalía General de la República, por tráfico de influencias, asociación delictuosa, ejercicio ilícito del servicio público, coalición de servidores públicos y delitos contra la administración de la justicia, pues según el denunciante formó una red de corrupción y de extorsión para beneficiarse, mientras chambeaba en Palacio. ¡Dioses, ojalá sea inocente!, por aquello de que “no hay un hecho de corrupción que se haga sin el conocimiento y la autorización del Presidente”. Urge lo juzguen y que resulte inocente, urge.
Lo que en definitiva está claro es que las denuncias por corrupción de integrantes de este gobierno federal, le toca no estorbarlas a este gobierno federal, a riesgo de trastocar el discurso oficial en el apostolado del ridículo. Ojalá lo asuman pues les interesa mucho la popularidad y a este paso no los van a aplaudir ni sus seguidores más fieles, ¡vaya! ni sus madres.

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