¡Otra oportunidad!: La Feria

SR. LÓPEZ

Prima ‘Adela Chica’ (ni modo que le dijeran Adelita), era hija de tía Adela (claro) y tío Marco, de los del lado paterno autleco. Adela Chica era guapa de causar cardiopatías; dio mucha lata y para alivio de sus papás, contrajo nupcias pronto (a los 17 años, pero en su caso, equivalían a  tres vidas completas de ‘La Güera’ Rodríguez). Sin haber tenido hijos se divorció al año y fue un calvario para sus papás, porque Adela Chica se puso de novia del hermano de su exesposo y en menos de un año, incurrieron en matrimonio; pocos de la familia fueron a la ceremonia; después de unos dos años, sin que fuera sorpresa para nadie: segundo divorcio. Ya no regresó a vivir con sus papás, se quedó en Guadalajara. Pocos meses después de eso, enviudó su muy adinerado y dos veces exsuegro; Adela Chica fue a la misa de fiambre presente de riguroso luto, ataviada con una prenda que algunos sostenían no era un vestido atrevido, sino un recatado ‘negligé’ (el cura casi se desmaya al darle la comunión, porque comulgaba); también algunos sostenían que ahí comenzó el asunto con su dos veces exsuegro, pero ya mayor, ella decía que no, sonriendo con los ojos (sus hermosos ojos); da igual: más rápido de lo prudente, se casaron el viejo viudo y ella que estaba en su punto; nadie de la familia de este menda fue a la ceremonia ni a la fiesta (los hijos tampoco, los de él). La abuela Elena no la criticaba y sin poder defenderla, decía: -No sé por qué hablan de Adela Chica en lugar de los hombres de esa familia, ellos son los que están de manicomio –bueno, sí, pero ella también algo.

Cuando ganó la presidencia de la república don Chente Fox, logrando la hazaña de desbancar al PRI, nadie hubiera imaginado el regreso triunfal del tricolor al poder, doce años después. Pero regresó.

Luego, en 2018, la elección de Andrés Manuel López Obrador, fue triunfo inobjetable con el 53.19% de los votos emitidos a su favor (33.7% del padrón electoral). Algunos piensan que ahora sí es la derrota definitiva del viejo orden político, por encima del PRI y el PAN.

Pero hay otra manera de ver lo mismo: el PRI, muy derrotado, muy derrotado, mantiene el gobierno en la tercera parte de las entidades federativas, pues gobierna en once estados (Morena en seis). O sea, como para rezarle un responso no está. No.

Reflexionando en que don Fox ganó con el 43.47% de la votación emitida, el olvidable Peña Nieto con el casi 40% y el actual Presidente con el 53.19%, todos con una abstención más o menos igual (cerca del 40%), piensa uno, tenochca simplex del peladaje estándar… ¿y de dónde sacó los votos Andrés Manuel?…

Sí: ¿de dónde?, porque no hay electores en reserva… piense usted que López Obrador en 2006 obtuvo cerca de 15 millones de votos; en 2012, casi 16 millones y en 2018 poco más de 30 millones. O sea, casi 15 millones de alegres connacionales, ¿igual votan PAN que PRI o Morena?

Esto último merece una revisadita: ¿de veras cambian de voto los mexicanos como de ‘chones’ una tiple de cuarta fila?… parece que no: a la inmensa decepción de la dupla Fox-Calderón, la gente regresó al malo por conocido, el PRI, pero la inmensa frivolidad y rampante corrupción de tiempos del gobierno de Peña Nieto, hizo que la gente votara por la versión dura del PRI, si, damas y caballeros: Morena.

No está oculto, lo olvidamos de tanto saberlo: López Obrador es de origen priista y estuvo en ese partido de 1970 a 1988, sólidos 18 años en el PRI; Porfirio Muñoz Ledo, priista de 1954 a 1988, 34 años (lo que algo lo puede haber marcado); Manuel Bartlett, 30 años en el PRI (‘priista hasta la muerte’, decía que sería… a lo mejor está cumpliendo);  Ricardo Monreal, tricolor 12 años; Esteban Moctezuma Barragán, priista de hueso colorado que perteneció al gabinete de Zedillo y fue coordinador de la campaña presidencial de Francisco Labastida Ochoa; Marcelo Ebrard, del PRI 18 años, de 1977 a 1995; Alfonso Durazo, priista convencido 23 años, de 1976 a 1999; por mencionar algunos de los más conocidos, que hay muchos otros expriistas misceláneos en Morena… bueno, no en Morena, pero sí trepados en los hombros de López Obrador.

Pero, ganó Morena… sí, claro, ¡perfecto!

No es por reventarle la burbuja de las ilusiones a ninguno de los leales y sinceros seguidores del Presidente (sí hay, son de una izquierda peculiar, leve, pero legítima… y otros son ‘ultras’ de no se sabe bien qué, pero andan enojados todo el tiempo, con la caja de cerillos en la mano, queriendo que todo arda… cada quien), lo que parece indiscutible es que llegó al gobierno la versión antigua de un PRI que parecía fallecido desde tiempos de la salida de Cuauhtémoc Cárdenas y Muñoz Ledo, en tiempos de Salinas de Gortari que ganó mediante los buenos oficios de Manuel Bartlett, hoy, más moreno que Zamorita y Johnny Laboriel, claro que sí.

Otra cosa que se puede revisar es que junto con esa selección de priistas de polendas, todos con su historia personal a cuestas, se sumaron a Morena otros, con historial: José Luis Abarca (preso y en juicio por los desaparecidos de Ayotzinapa); Eva Cadena (lady billetes); Rigoberto Salgado Vázquez, investigado por sus presuntos vínculos con el narcotráfico; Delfina Gómez, lady autoliquidaciones y descuentos a nóminas; Salomón Jara Cruz, el impresentable de Oaxaca; Carlos Lomelí, ligado a una red de lavado del narco; Alberto Anaya, líder del PT, cuya esposa según la entonces PGR es artífice de una red de lavado de dinero; Félix Salgado Macedonio, el acapulqueño incómodo… y tantos más:

Napoleón Gómez Urrutia, Nestora Salgado, Citlali Ibáñez Camacho (a) Yeidckol Polevnsky; Carlos Lomelí exsúper Delegado en Jalisco, señalado por  el Departamento del Tesoro de los EUA porque, dijeron, una de sus empresas era operadora de recursos del crimen organizado; Jaime Bonilla (sí, ese)… y más, más.

Así las cosas, si querían erradicar al PRI, eligieron priistas y si de acabar con la corrupción se trataba, bueno, ahí para la otra. Y corea el respetable: ¡Otra oportunidad!

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