Por la sombrilla: La Feria

SR. LÓPEZ

Allá en los Altos de Jalisco, a principios del siglo pasado había ganaderos en serio, aunque las reses estaban sueltas en el monte; por eso era muy importante el Caporal, el mero jefe de todos los matreros que se metían a la espesura a bajar ganado cada vez que el patrón (ranchero, hacendado, como le quiera decir), vendía un hato. De esos rancheros-hacendados era Magno, quien a los 62 años se casó una tía de la abuela Elena, una tal Catalina (tía Cata), de 14 de edad, cuarta esposa del señor tres veces viudo. Tía Cata por romper la costumbre, no se murió, le dio once hijos y gozaba de cabal salud cuando el que palmó fue el ricote marido a los casi 90, dejando una apetecible viuda de 41 años y mucho dinero. Tía Cata lo primero que hizo ya heredera de todo, contra la opinión de sus hijos varones, fue correr con malos modos al Caporal, sabedora de sus mañas y convencida que vendía ganado a escondidas de ellos. Después de cuatro años de no bajar ni una vaca tuberculosa, los peones que mandaba al monte, sus hijos fueron a rogarle al viejo Caporal que regresara y para humillación de tía Cata, en diez días sus corrales estaban a reventar de reses. Decían las malas lenguas de por allá, según la abuela, que el Caporal controlaba a la peonada y no bajaban nada por órdenes de él; y agregaba doña Elena: -Por lo que sea, con el Caporal todo regresó a la normalidad, por lo que sea –sí francamente, mejor.

Corría la década de los años 60 del siglo pasado cuando una delgadita y jovencísima maestra empezó a trabajar y luego, a meterse en cuestiones sindicales, bajo la batuta del entonces muy poderoso Carlos Jongitud Barrios, quien con su movimiento disidente (Vanguardia Revolucionaria) dentro del ya inmenso sindicato de maestros se fue haciendo del control de la estructura del SNTE hasta desplazar de la dirigencia nacional, el 22 de septiembre de 1972, a sus quasi propietarios, Jesús Robles Martínez  y Manuel Sánchez Vite, gallos muy jugados (don Manuel era entonces gobernador de Hidalgo y había sido el anterior presidente Nacional del PRI, de ese calibre).

Ese 1972, la maestra doña Elba Esther ocupó la Secretaría de Trabajo y Conflictos (hágase usted el favor de calcular la experiencia acumulada de la señora en estos 47 añitos de andar en esas); luego fue Secretaria General de Delegación en Nezahualcóyotl; Secretaria General de la Sección 36 del SNTE; Diputada Federal (de 1979 a 1982).

Después en el SNTE, doña Elba fue Secretaria de Trabajo y Conflictos en Educación Preescolar; Secretaria de Finanzas; otra vez Diputada Federal (de 1985 a 1988)… y el 24 de abril de 1989, asumió la Presidencia del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (i’iñor, el mero SNTE, ya renunciadito don Jongitud, por obra y gracia de Salinas de Gortari).

Sin abandonar al sindicato de sus amores, doña Elba, asumida su propia importancia en el mapa político nacional, fue Secretaría General de la CNOP del PRI (1996-2002); volvió a ser Diputada Federal (1985-1988); Delegada en la Gustavo A. Madero (1988-1989); Senadora de la república (1997-2000); Secretaría General del Comité Ejecutivo Nacional del PRI (2002-2005).

Siempre sin descuidar al SNTE, fue por tercera ocasión Diputada Federal (2003-2005). Después de varias malas maniobras del impúdico Betín Madrazo y contra la opinión de priistas peso-pesado, fue expulsada del PRI en julio de 2006… y prescindir del músculo político de doña Gordillo, entre otras cosas, pero una de las importantes, le costó al candidato del PRI a la presidencia, el impresentable Betito Madrazo, quedar en tercerísimo lugar en las elecciones de 2006. Lástima… lero, lero.

Para sorpresa de muchos y nervios de otros, en febrero de 2013, la maestra fue detenida y encarcelada, acusada de las que no hizo. Don Peña Nieto no se miró en el espejo de Madrazo… bueno, perdió las elecciones de 2018 y ahora Morena gobierna.

Mientras, doña Gordillo, con paciencia e inteligencia, fue desatando los nudos y en agosto de 2018, resultó inocente de todos los cargos guangos que le echaron, bajo la complaciente mirada de Quique Peña. Absuelta, las causas sobreseídas, recuperó todo y sus leales la esperaron a la salida… son muchos.

Si la señora es o no la Ma’Baker, es guiso de otra cazuela en otra cocina. Se ensañó tontamente el poder federal con una mujer que le sirvió mucho, muchos años. Sin la maestra se desordenó el principal sindicato nacional y no hablamos de nada menor: según ellos mismos en su portal de transparencia, tienen un millón 619 mil 990 de afiliados (un millón 50 mil 540 docentes y los demás, 569 mil 450 han de ser trabajadores de apoyo o vaya usted a saber qué): agüita.

Dentro del SNTE anida la CNTE (la Coordinadora), aguerrida, retobona, que parece no representa a más de cien mil maestros (igual son muchos), que se oponen a todo y negocian siempre alzando la vara, como ya le consta a nuestro Presidente. Cuando la maestra Gordillo encabezaba al sindicato, hasta ellos se cuadraban. Siempre.

No se trata de que de un lado estén los buenos y del otro los malos, se trata de que el país no marcha si se desordena este sindicato, si impone sus condiciones la CNTE, si no se juega limpio, ahora sí, sin meter las manos en la renovación de la dirigencia nacional. El que gane, que gane a la buena (y la van a ganar los leales a doña Elba, de mí se acuerda).

El pasado 31 de julio se reunió la representación nacional de Maestros por México (M x M), con el Secretario de Educación Pública. Son gente de la maestra. Ojalá los oigan, ojalá se arreglen, piden cosas sensatas y entre ellas que sea de a de veras que la elección de la dirigencia se haga con votación secreta.

Nuestro gobierno federal no debe seguir dejándose doblar con los menos por ser los más violentos. Si eso sigue sucediendo, los más, sin violencia, pueden recapacitar y hacer valer lo que son… a menos que nuestro Presidente quiera seguir creyendo que puede ahogar en saliva a la CNTE.

Por la sombrita, don Andrés Manuel, por la sombrita.

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