Santa palabra: La Feria

SR. LÓPEZ

Contaba la abuela Elena de una sobrina suya de allá de Autlán de la Grana, Jalisco, la Nena Chica (hija de la Nena Grande), que a los 15 de edad se encaprichó de un jovencillo un año mayor o poco menos. Como ninguno de los dos sabía con certeza dónde tenían las narices, ambas familias estuvieron de acuerdo en poner en modo de espera el noviazgo. La Nena Chica quedó como la Zarzamora, llora que llora por los rincones y su galanteador seguía sus pasos, su caminar, como un lobo en celo frente a su hogar, hasta que un día, la Nena Chica dijo a su mamá que “tenía” que casarse. La Nena Grande que de tonta no tenía un pelo, sabedora del marcaje personal y de zona a que había sometido a su hija, le respondió serena: -Bueno, a lo hecho, pecho; te casas… después de parida –y aunque fue notorio para todos que la nena Chica empezó a comer por tres, no engordó un gramo. Y sonreía la abuela al decir: -Bueno, hizo la lucha la niña, pero no era comiendo –el abuelo Víctor atajaba: -¡Eleeena!

Revise usted las siguientes afirmaciones y trate de adivinar quién las hizo:

“(…) ciertos grupos de personas quedaron muy inconformes debido a que no pudieron conservar los privilegios y el negocio relacionado al desarrollo del aeropuerto en Texcoco (…) las empresas interesadas en el proyecto de Texcoco inventaron que Santa Lucía y el aeropuerto de la Ciudad de México no pueden operar simultáneamente; de acuerdo a estudios, no hay interferencia en el espacio aéreo (…) saturaron de manera deliberada el aeropuerto de la Ciudad de México y dejaron de usar el aeropuerto de Toluca, con el fin de justificar una construcción en Texcoco”.

Efectivamente, son palabras de nuestro Presidente, en su madrugadora del 15 de julio del 2019.

Se sabe que está en construcción el aeropuerto en Santa Lucía (Felipe Ángeles le pusieron) y que el martes pasado el Presidente hizo un vuelo especial para aterrizar en la nueva pista ya casi terminada (casi), para inaugurarla con la misma cara de satisfacción con que Colón se presentó ante los Reyes Católicos para reportarles que había llegado a Asia (jamás se enteró que se había tropezado con otro continente, el nuestro, hoy llamado América).

A quienes creen en la palabra presidencial con fe de conversos, les debe llamar la atención que el Presidente no se haga caso a sí mismo; él dice que se dejó de usar el aeropuerto de Toluca para saturar con trampa el de la CdMx, con la renegrida intención de justificar la construcción de un nuevo aeropuerto en Texcoco.

Si eso cree, aunque no sea cierto, no se entiende que haya ordenado la construcción del aeropuerto de Santa Lucía; según él, no hace falta porque no está saturado el de la CdMx. Para su tacañería, debiera ser un gustazo nada más ordenar que el de Toluca funcione a toda su capacidad. Eso le sale gratis, señor Presidente.

La realidad, esa cosa enemiga de la 4T, es otra: hace mucho está saturado el aeropuerto de la capital, urgía resolver eso; nada más entre 2005 y 2018, su número de pasajeros pasó de 24.1 millones al año a 47.7 millones… no se vaya a molestar señor Presidente, con todo respeto, pero eso que dijo es MENTIRA.

Sobre esos ‘ciertos grupos’ que están inconformes porque les quitó el negociazo que iban a hacer con el aeropuerto de Texcoco, se le hace saber, señor Presidente que uno de esos ‘grupos’, uno muy beneficiado, era el gobierno federal mexicano. Era. Ahora por haber cancelado la obra, sí le costó (nos costó) parece que más de 70 mil millones, pero no se sabe a ciencia cierta, pues este gobierno es magistral en eso de ¿dónde quedó la bolita?, ¿dónde quedó?

Sobre la presidencial afirmación de que las empresas interesadas en Texcoco inventaron que Santa Lucía no puede operar simultáneamente con el aeropuerto de la CdMx, por interferencia de espacio aéreo, y que “hay estudios” que dicen lo contrario, sería bueno que algún valiente le informe: NO ES CIERTO.

No lo inventaron las empresas, son conclusiones técnicas de la OACI (Organización de Aviación Civil Internacional), que es de la ONU; del Centro de Desarrollo de Sistemas de Aviación Avanzada del Instituto MITRE, que es parte del Instituto Tecnológico de Massachusetts; de la IATA (Asociación Internacional de Transporte Aéreo). Esas son las que consideran la propuesta de nuestro técnico en aviación y Presidente, totalmente inviable e incompatible por cuestiones de tráfico aéreo y por la conectividad de pasajeros.

Y el estudio que pidió este gobierno al Grupo Aeropuertos de París Ingeniería, concluyó: “El Aeropuerto Internacional de Santa Lucía, presenta problemas de eficiencia en su diseño ya que la pista 1 sólo se utilizará para despegues una vez que esté lista la pista 3 (…) y pese a lo previsto, el iniciar la operación del aeropuerto de Santa Lucía con 19 millones de pasajeros, esta cifra no será alcanzada hasta dentro de 20 años (…)”; o sea, cuando el Presidente cumpla 91 años de edad.

Solo un chairo químicamente puro, no se despeina al oír a nuestro Presidente declarar después de inaugurar la casi terminada pista 3 de Santa Lucía: “(…) quedó demostrado que sí se pueden operar de manera simultánea los tres aeropuertos en el valle de México”; ¿cómo quedó demostrado?, ¿qué hicieron que no nos dicen?… no sea díscolo Presidente, cuéntenos, comparta las buenas.

Luego, en la madrugadora siguiente a la hazaña de haber aterrizado en Santa Lucía (¡así se forjó el acero!… ¡duro, duro, duro!), el transformador patrio, afirmó: “Es una obra única en el mundo. Yo creo que sólo en China puede haber algo así”. Quiera el Buen Dios que no se entere don Xi Jinping, él no es llevado, no se vaya a molestar y nos mande aguadas las vacunas.

Este número cómico del aeropuerto versión chancla pata de gallo, Santa Lucía de Felipe Ángeles, sirve para ratificar que el Presidente es voluntarista y pertinaz. No capta que hay mentiras como las suyas que al paso del tiempo se descubren solas. Y así hace con todo, esperando que se nos olvide o que la realidad se adapte a su santa palabra.

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