Se cansa el ganso: La Feria

SR. LÓPEZ

No sé usted, pero este menda en su infancia pocas veces superaba el laberíntico trámite para obtener permisos en el campo de doma en que fue adiestrado (otros niños le decían ‘casa’). Pongamos por caso que uno solicitaba autorización para algo muy importante como ir a la calle a jugar con los amigos; si consultaba primero a la Jefa de Administración y Disciplina (otros niños llamaban ‘mamá’ a la suya), ella respondía: -Lo que diga tu padre –y allá iba uno, para recibir por respuesta: -Lo que diga su madre (hablaba de usted a su prole, cosas del señor López). Después de tres vueltas, se quedaba uno leyendo (la televisión se veía media hora diaria, con guardia de vista… ¡qué tiempos!). Resolvió esta tribulación de su texto servidor su primo Pepe, el más impresentable primo que tenerse pueda: -De veras que eres tonto: a los dos les dices que el otro te dio permiso, a ver, cómo van a saber quién dijo primero que sí –tan fácil.

No se sabe qué información tenga el Presidente, pero parece que teme perder el control de la Cámara de Diputados a resultas de los comicios del 6 de junio próximo. Tanto, que ayer advirtió: “(…) Que si ganan nuestros opositores y tienen mayoría en el Congreso nos van a quitar el presupuesto, no está tan fácil, no es así (…) Que van a quitar los programas sociales porque es populismo, porque es paternalismo, no está tan fácil. Nada más le recuerdo de que el Ejecutivo tiene facultad de veto”; y agregó: “no crean que me voy a quedar de brazos cruzados”… mmm.

Dejemos para mejor ocasión la mañosa manera como el Presidente elude la prohibición de hacer campaña, pero la hace, afirmando que si la oposición gana la Cámara de Diputados, va a quitar los programas sociales y que él, su partido, lo garantizan, por lo que no se necesita ser Aristóteles para concluir que hay que votar por sus huestes… ¡ay, cuánto ingenio!

Tampoco es momento para comentar su otra advertencia de que si el Poder Judicial no aprueba su esperpéntica Ley de la Industria Eléctrica, modificará la Constitución, aunque aceptó días después, que no tiene suficientes votos para eso… dejando en el aire la pregunta sobre qué método usará para ello: ¿marchas, plantones, asedio a la Corte, sitio al Congreso?… quién sabe pero si ha hecho las que ha hecho sin ser Presidente, ya puede uno ir sacando el Rosario.

La advertencia-amenaza de que usará su ‘facultad’ de veto, es lo de hoy. Para empezar porque en la Constitución no se menciona tal facultad de veto, pero sí qué procede cuando el Presidente recibe del Congreso un proyecto de ley o decreto, no lo promulga y lo devuelve con observaciones (regresa al Congreso y si los legisladores no quieren hacerle caso a las objeciones del Presidente, la deben aprobar dos terceras partes de ellos, de una Cámara o las dos, según sea el origen del asunto; se la vuelven a mandar y si se pone necio, la promulga el Congreso dentro de los plazos y modalidades que establecen las fracciones B, C, D y E, del artículo 72 de La Manoseada… la Constitución, pues).

Sobre el punto fino de que el Decreto de Egresos no es un proyecto de ley, sino un Decreto ya definido y definitivo del que al Presidente solo toca publicarlo en el Diario Oficial de la Federación, se han tirado ríos de babas defendiendo posturas opuestas: que no puede vetarlo, que sí puede.

Un debate de gran altura sobre esto en la Cámara de Diputados (¡oh, sí!, a veces pasa), se dio el 14 de diciembre de 2004, porque don Fox le retachó el Decreto de Egresos a los diputados y se armó la marimorena.

Fueron muy destacados los argumentos del PRI y del PRD en contra de eso que en los hechos es un veto y no se quedaron atrás los alegatos del PAN (en serio: mucha altura). Los que se oponían señalaban que el Presidente está obligado a promulgar el Decreto del Presupuesto de Egresos, como dispone el artículo 89, fracción I, de la Constitución.

Como sea, la cuestión la zanjó la Suprema Corte en mayo de 2005: el Presidente sí tiene facultades para devolver el Decreto de Egresos.

Pero el asunto no es de enchílame otra: el Presidente puede devolver el Decreto, pero los diputados como se dijo arriba, pueden volver a aprobarlo sin hacer caso de las observaciones que le haya hecho: si lo votan dos terceras partes de los legisladores, el Presidente se la traga y si no lo publica en el Diario Oficial, lo hace la Cámara de Diputados ya sin refrendo del Ejecutivo.

O sea: a lo mejor al Presidente le apura no tener esas dos terceras partes de votos de diputados de que hoy goza en violación a la Constitución. Por eso está que trina con la determinación del INE de no volver a permitir sobrerrepresentación mayor a la que autoriza la Constitución.

Por cierto, si todo se traba y no hay Decreto de Egresos a tiempo, el siguiente año se aplica el anterior. El país no puede quedarse sin presupuesto. Esto no sucederá porque los diputados no son de capacidades diferentes, aprobarían su propio Decreto y ya.

La cosa es que sí está preocupado el Presidente. Y ya podemos ir preocupándonos  nosotros pues no es fama su delicadeza al respetar la ley. No sería muy difícil que se decidiera por arengar a la raza y convencerla de que el Poder Legislativo va en contra del pueblo. Un Zócalo lleno de fervorosos fieles de la 4T en defensa de las dádivas presidenciales, puede traducirse en casi una asonada, levantamiento, motín.

Si piensa que eso es ponerse en plan trágico, que el Presidente sería incapaz de semejante desafuero, recuérdelo tomando pozos petroleros, gritando “¡al diablo sus instituciones!” o plantándose en Reforma.

O si piensa que eso fue antes, repase la prensa de estos días: están asediando al INE y amagando con mandar a la masa al domicilio del Consejero Presidente del Instituto. Tal vez hasta delito sea, pero ¿para qué es el poder?, piensan algunos morenistas junto con su líder, nuestro Presidente cuyo apotegma es ¡Me canso ganso!

¿Hay solución?… sí… votar de tal manera que no tenga mayoría calificada de diputados. Y se cansa el ganso.

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