Sigamos soñando: La Feria

Sr. López

Lo que sigue es inapropiado para gente refinada, queda advertido: se casaba la prima Lala (lado materno toluqueño), y supo que tía Beatriz (chismosa ‘summa cum laude’), decía que estaba anticipadamente embarazada. Al tanto Lala de que esa lengua viperina le acababa el prestigio a Santa Teresita del Niño Jesús, esperó los días indispensables y la fue a visitar, platicaron unos minutos, Lala fue al baño y saliendo se despidió sin tocar el punto. Luego hacía su ‘qué hacer’ tía Beatriz y sobre el lavamanos del baño de visitas, encontró una toallita (no había Kotex en el pricámbrico nacional), con la irrefutable prueba de que Lala no estaba en gestación, con un papelito que rezaba: “Sé de tus habladas, si quieres te traigo una cada mes” –majadera, pero esos son tapones. No fue a la boda tía Eulalia.
El viernes pasado, comentaba este menda que salvo su mejor opinión, nuestro modelo político ya no sirve y que hoy por hoy, cargan al país los órganos autónomos (como el INE), y las organizaciones de la sociedad civil.
Sin embargo, para que el país vaya por caminos andaderos sin tener que esperar generaciones, sería recomendable que los partidos políticos más que mejorar su desempeño, cambien del todo y se vuelvan eso, partidos políticos.
Hemos de aceptar que nunca hemos tenido verdaderos partidos políticos, pues el PRI de antes no era sino el aparato visible del verdadero estamento del poder, conformado por unos cuantos personajes y organizaciones que representaban regiones o sectores sociales y tenían capacidad para provocar dolores de cabeza al gobierno; en ese PRI mandaba el Presidente de turno de acuerdo con esos otros. Una honorable excepción fue el PAN de antaño, siempre oposición, siempre derrotado, con militancia escasa pero verdadera y líderes respetables e ilustrados, con ideales que podían o no gustar a algunos (anóteme), pero eran legítimos y los defendían; la lástima es que no iban a llegar jamás al poder sin aflojar… y aflojaron, por lo que no llegó el PAN al poder, llegó Fox, el Alto Vacío.
Sin meternos a revisar los tipos de partidos políticos que hay en el mundo, mencionemos unas cuantas características que suelen tener: transmitir a la población su concepto social-político; gestionar ante el gobierno las necesidades populares; crear corrientes de opinión; formar cuadros; conciliar intereses divergentes; vigilar el desempeño del gobierno en funciones y denunciar sus ilícitos. Tienen otras no pocas características los verdaderos partidos, que pueden resumirse en una: formar ciudadanía.
Y lo más importante: los partidos políticos dan estabilidad al sistema político, lo fortalecen y si hacen bien su trabajo, son garantes de la democracia y de la paz de los países.
Nuestros partidos políticos actuales están para urgencias de la Cruz Roja, sin conceder a Morena el carácter de tal, pues su fundador -ya sabe quién- se encargó de que no tenga vida interna propia, cuadros de élite ni líderes que le pudieran hacer sombra, pues él es el muñeco del pastel, la quinceañera de la fiesta, la flor más bella del ejido, el único e insustituible, sin darse cuenta que así, su ausencia en 2024, será el inicio de un declive: son un muégano de intereses y grupos, a navaja libre va a ser el pleito por los despojos que les deje su fundador.
Sin embargo, los partidos políticos en nuestro risueño país son un grandísimo negocio. Este año, del erario, del dinero de todos los que pagamos impuestos, reciben 5 mil 987 millones de pesos. Bonita cantidad a repartir solo entre los siete partidos nacionales. Morena se embuchaca 1,835 millones de pesos (mdp); el PAN, 1,106 mdp; el PRI (¡el PRI!), 1,084 mdp; Movimiento Ciudadano 590.5 mdp; el Partido Verde (no haga muina), 518.4 mdp; el PRD 436 mdp; y el PT 417.4 mdp.
¿Quiere usted hacer un negocio infalible con ingresos y ganancias seguras?: funde un partido, le cueste lo que le cueste, compre votos, falsifique actas, haga lo que sea necesario, luego todo es coser y cantar: el gobierno lo tupe de dinero.
En plan soñador, sería fantástico que el Congreso a resultas de una presión social insostenible, obligara a los partidos a probar que tienen los militantes que afirman tener, porque más de cuatro perderían el registro (y el negocio). Sea sincero y dígase cuántas veces en su vida se le ha acercado nadie a proponerle se afilie a un partico: nunca, NUNCA. Curiosidades de nuestra política: a los partidos les importa un pito tener miembros, pues les basta con conseguir votos, un mínimo del 3% de la votación válida emitida en un proceso electoral, para no desaparecer y ser acreedor a recibir su proporcional carretada de dinero. Y no parece muy justo que quien tiene el 3% de los votos merezca seguir pegado a la ubre, disculpe la vulgaridad.
Como estamos soñando, este menda propone que ningún partido reciba nada, ni un peso. Por supuesto va alguien a alegar que entonces los partidos van a obedecer a los intereses de los que los financien… sí, claro ¿y?… igual ahora representan los intereses que les pega la gana y eso no necesariamente es malo, la cosa es que representando lo que representen, consigan votos y triunfos. Ya la gente sabrá qué hace con su boleta pero cuando menos, no les vamos a pagar de nuestro bolsillo para que sigan trepados y lucrando desde el poder, cuando menos que les cueste. Habrá otro que se alarme: el narco va a financiar partidos y candidatos… ya lo hace y encima pagamos.
Eso no arregla nada, dirá un enterado… bueno, tal vez, pero sería gratis. Y para que amarre: los partidos que no ganen una elección, excepto el segundo lugar, pagarían el costo erogado por el INE de esa elección, prorrateado. No son chistes andar de aventureros de la política causando gastos.
Dejemos de soñar: ayer se inauguró el aeropuerto de Santa Lucía (Felipe Ángeles). Que salió muy barato. Que quedó muy bonito. Bueno, tal vez, pero el otro, el de Texcoco no nos costaba un peso y era inmensamente más grande. ¿Sabe qué?, puras habladas, mejor sigamos soñando.

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