Sin información de la niñez, tras los sismos de 2017, lamenta el UNICEF

GMx

Ciudad de México.- Dos años después de los sismos que afectaron a los estados de Chiapas, Ciudad de México, Morelos, Oaxaca y Puebla, no conocemos la situación actual de niñas, niños y adolescentes que en ese momento fueron afectados, señaló el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF).

Tanto el gobierno de México como la sociedad civil han hecho esfuerzos importantes por apoyar y reconstruir, pero no hay información armonizada ni datos actualizados que muestren el estado de la infancia y adolescencia luego de los desastres naturales. Sin estos, no es posible crear una ruta estratégica de acción y existe la posibilidad que niñas y niños queden invisibilizados o en negligencia.

“Como hemos insistido desde que ocurrieron los sismos, sabemos que niños, niñas y adolescentes se vieron seriamente impactados debido a que su desarrollo físico, emocional y cognitivo los hace muy vulnerables en situaciones de emergencia, exponiéndolos a un impacto mayor que a los adultos, ya que no tienen los mismos mecanismos de supervivencia”, señaló Christian Skoog, representante de UNICEF en México.

“No obstante, posterior al registro inicial de al menos 32 decesos de menores de 18 años y del daño a viviendas, escuelas, hospitales y centros de salud, no ha habido una actualización de la información oficial sobre problemas de salud asociados u otros fallecimientos, daños psicoemocionales, número de desplazados y sin techo o número de niños que quedaron fuera de la escuela por los sismos”.

Carecer de datos adecuados para determinar el estado de la infancia, en términos de bienestar, salud, educación y nutrición luego de un desastre natural, obstaculiza la generación de condiciones de vida que cumplan con sus derechos.

Por ejemplo, desconocer el estado de las escuelas dificulta el proceso de reparación de las mismas en caso necesario y vulnera, por ende, el derecho a la educación. Esto significa que puede que haya niñas y niños que o no tienen una escuela segura o simplemente no asisten a ella, lo cual reduce el aprendizaje y desarrollo de habilidades socioemocionales, que a su vez se traduce en menos oportunidades a futuro.

Los desastres y situaciones de emergencia afectan desproporcionadamente a la niñez y adolescencia porque pueden obligar a las familias a tomar decisiones como retirarlos de la escuela, reducir gastos vinculados a salud y alimentación o involucrarlos en trabajo infantil, entre otras.

“A partir de esta óptica, es importante garantizar la protección de la infancia y adolescencia desde múltiples dimensiones, tanto en la preparación ante posibles emergencias humanitarias como en respuesta a las mismas. Por ello, UNICEF recomienda poner en marcha programas de protección social que reconozcan la vulnerabilidad de la infancia y adolescencia ante desastres y garantizar su bienestar y el de sus familias”, insistió Skoog.

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