Sin medida ni clemencia… La Feria

Sr. López

Tía Cata (Catalina, de las toluqueñas), a los 32 años se divorció del tío Tomás y estaba como la lavadora General Electric de entonces: “de Luxe”. Volvió a incurrir en matrimonio, con un tal Arturo, y en pocos años tocaron a rebato las chismosas de la familia cuando se supo que lo había botado y estaba de amante de planta del primer marido. Cuando tía Cata ya era como Europa, señora mayor, que muchos habían recorrido y otros querían lo mismo (fue guapota hasta que murió, mérito grande entonces que no había cirugías plásticas hasta de oreja, buche y nana), este menda le preguntó cómo había estado aquello y con tono neutro explicó: -Arturo se encargó… si me enojaba, me decía que recordara cómo me había ido con Tomás; si estaba contenta, vuelta a lo mismo “con Tomás no fuiste tan feliz”; si le faltaba dinero, que me acordara de las penurias con Tomás… bueno, hasta en “esos” momentos de esposos -señora de otros tiempos, no como ahora que ya se habla de todo con desparpajo de médico legista-, entre bufidos decía “nomás compara, compara”… y bueno, comparé y lo mandé al diablo -tan, tan.
“Tenemos que ir juntos”, proclamó el secretario de Gobernación, Adán Augusto López Hernández, en el bonito evento celebrado por su partido el domingo pasado en Toluca, Estado de México, presentado por su dirigencia nacional como “Asamblea Informativa”, con subtítulo: “Unidad y movilización para que siga la transformación”. ¡Qué bonito es lo bonito!
Dijo don López Hernández que Morena en 2023 va a ganar los comicios para gobernadores en Coahuila y el Estado de México; y en 2024 las de Presidente (aunque también se juegan las de diputados y senadores del Congreso y un manojo de gobiernos estatales y municipales). Va a ganar Morena según don Adán Augusto, pero agregó… “tenemos que ir juntos”.
Sí, porque no ir juntos es ir separados y así, se abre la posibilidad de perder. Y no se rasgaría el velo del templo, que el tenochca simplex promedio, es apacible.
Buen reclamo, “ir juntos”, juntos… pero sin Ricardo Monreal y con Marcelo Ebrard, junto pero nomás tantito, que por algo en su discurso ante la enfebrecida masa del domingo, aclaró don Marcelo que “la unidad se construye con el respeto, se construye cuando hay suelo parejo”, porque algo le dice que no está tan pareja la cancha, ni el respeto, lo que dejó la “unidad” en el lomo de un venado.
Las cosas no son tan idílicas como las presenta don Mario Delgado, personificando al presidente nacional del partidazo (ahí la lleva, ya casi parece), por eso cada una de las corcholatas ahí presentes, llevó su propia gente (‘acarreados’ se les decía antes… y ahora), y hubo duelo de gorras, de camisetas y de porras, como si gritando se consiguiera la nominación como candidato a La Grande, aunque se les disculpa su entusiasmo sobre pedido porque el que paga manda.
Hacer a un lado a Ricardo Monreal obliga a recordar aquello de que “pa´las mulas del Jaral, los caballos de allá mesmo”, porque ayer mismo, ya pasado el evento de masas hechas masa del domingo, don Monreal afirmó una vez más: “No voy a declinar” y aseguró que va a pelear la candidatura y la va a ganar… y de eso él sabe largo rato, que así llegó a gobernador de Zacatecas en 1998, cuando el todopoderoso PRI le negó la candidatura.
Habrá quien piense que Monreal no es la panacea y que no significaría nada para Morena que se vaya a otro partido cuando el Destapador Único señale a su candidata (o candidato, que don Adán Augusto tiene ganitas, viera usted). Y sí, puede ser que el Presidente consiga montar en La Silla a quien él elija como sucesor después de revisar los resultados de la encuesta que hará parado frente a un espejo en Palacio Nacional (a menos que usted se crea que hacen encuestas en Morena)… pero el mismo Presidente pone todo en riesgo si propicia la ruptura de su partido de él. Don Monreal no es personaje menor y a diferencia de las corcholatas oficiales, él sí tiene fuerza política propia. Tal vez no le alcance para ganar, pero qué tal si le alcanza para partir en tres al electorado. Qué tal
Don Monreal ha dicho y repetido, que quiere la candidatura en Morena, por Morena, y también ha sido muy claro en que él no se va a pelear nunca con el Presidente. Cierto, pero no hay que pasar por alto lo que declaró apenas el 7 de junio pasado, en entrevista con Óscar Mario Beteta para ‘En los Tiempos de la Radio’, de radio Fórmula:
“Yo estoy pensando en participar en Morena, no tengo plan B. Mi límite de mantenerme en mis aspiraciones, es la dignidad. Mientras no te atropellen, no te pisoteen, no te ignoren (…) mi límite de estar dentro de Morena es la dignidad, solamente la dignidad, y por eso creo que uno no puede actuar en contra de sus principios ni de manera indigna”. O sea, ya se está yendo.
Porque también dijo en esa entrevista que no está de acuerdo en el método de selección de candidatos en Morena mediante encuestas y se dijo víctima de ellas en 2017 cuando quería ser candidato a Jefe de Gobierno de la CDMX, cuando debe usted recordar, López Obrador puso a Claudia Sheinbaum. No quiere otro trago de ese amargo jarabe.
Así, la cosa se pone interesante, porque la contienda del 2024 como están las cosas, la ganaría Morena sin dificultades, enfrentado contra una alianza PAN-PRI-PRD que no promete sino fracasar. Pero ningunear a Monreal puede dividir en tres al electorado: unos, el voto duro de Morena (un 17% del padrón electoral); otros en la alianza mortal PRI-PAN-PRD; y los demás con Monreal y Dante Delgado de MC, pues serían una opción viable para muchos priistas, algunos petistas, otros perredistas y del PVEM… y de grano en grano llena la gallina el buche.
Y todo por no incluir a Monreal. Era más fácil, no tendría discurso ni se vería bien si a la hora buena desconociera la selección de candidato. El Presidente mantiene con vida política a sus adversarios a fuerza de hablar de ellos o despreciarlos y ellos tararean: Ódiame por piedad yo te lo pido, ódiame sin medida ni clemencia…

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