Tiroteos: Galimatías

ERNESTO GÓMEZ PANANÁ

Ayer sábado, supimos de dos masacres de civiles en Estados Unidos: 20 víctimas en El Paso Texas y 9 en Dayton, Ohio.

Los antecedentes son remotos y las causas cuestionables.

El primer caso de un tiroteo masivo en aquel país data de 1966, también en Texas, cuando fueron asesinadas 17 personas, todas estudiantes, a manos de un ex-Marine.

Según datos de Gun Violence Archive (GVA)- Archivo de la violencia con armas-, tan solo en 2015 por ejemplo, se documentaron 332 tiroteos masivos en EEUU, una masacre casi cada 24 horas. Espeluznante. Más aún si se considera que no se trata de víctimas del crimen organizado sino de civiles armados asesinando a civiles inocentes.

Pero ¿cómo es que un desquiciado puede hacerse tan fácilmente de un arma de alto calibre en ese país?

Los Estados Unidos se formaron a partir de la llegada de migrantes ingleses que colonizaron la parte norte del continente. Llegaron, arrinconaron a las naciones locales y crearon sus leyes, siendo para ellos fundamental aquella que les permite poseer armas de fuego para su “legítima defensa”. En 1789, mientras en Francia se luchaba por Libertad, Igualdad y Fraternidad, en EEUU se luchaba por el derecho de cualquier particular para poseer armas, haciendo de esto parte de su cultura: según el mismo GVA, 4 de cada 10 ciudadanos declara poseer armas en su domicilio y una de las organizaciones civiles más poderosas en esa nación es, justo en esa misma lógica, la Asociación Nacional del Rifle, instancia que invierte anualmente millones de dólares en apoyar candidatos afines y cabildea para impedir restricciones a la mencionada Segunda Enmienda. No sobra mencionar su alianza con Trump, otro convencido de que la venta indiscriminada de armas no es la causa de sucesos como los de Ohio o Texas. Los ciudadanos tiene el derecho a protegerse, afirma.

El problema antes que las armas en las calles, son los intereses económicos y políticos detrás: Bill Clinton y Obama pudieron haber deseado restringir la venta de armas indiscriminada pero fracasaron. Su cálculo político les dijo que era mejor ni intentarlo, y el asunto no tiene para cuándo. Al contrario, los tiroteos no cesan y los políticos callan, al menos su gran mayoría. La esperanza en todo caso la enarbola el bloque progresista que encabeza Alexandria Ocasio-Cortez, la congresista de Nueva York.

Alexandria ha puesto el dedo en la llaga: el acceso a las armas es el síntoma, pero estos acontecimientos son terrorismo interno y tienen claramente un componente racial. Son blancos quienes disparan y no blancos los asesinados. Ahí encuentra la enfermedad.

Oximoronas: mientras tanto en México, esta semana fueron asesinados tres periodistas. Ya son 19 en lo que va del año. La ola criminal es un trailer de doble caja,

-pesado- recorriendo una pendiente. Será muy complejo frenarlo y cambiar su rumbo. La inercia es fuerte.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *